12 horas por una ficha en el Hospital Boliviano-Holandés

Pacientes esperan hasta por 12 horas para recabar una ficha médica en varias especialidades del Hospital Holandés, ubicado en Ciudad Satélite, El Alto.
miércoles, 26 de septiembre de 2018 · 08:00

Paulo Lizárraga / La Paz

Es jueves por la noche. El reloj en mi celular marca las 22:15; sin embargo, la fila de espera en el Hospital Holandés ubicado en la zona de Ciudad Satélite, El Alto, había comenzado desde las 18:00 horas con don Honorio Ventura Villazón, de 78 años, el primero en llegar a las puertas del centro hospitalario.

Don Honorio lleva puesta una chamarra gruesa de color beis para poder combatir el inclemente frío que, poco a poco, se adueña de la urbe alteña. “La ficha es para cardiología. (...) Como hay poca ficha para esa especialidad médica, hay que andar temprano. Si no andas temprano ya no consigues nada”, indicó.

No ha pasado mucho tiempo, ya son las 22:30 y a don Honorio se suma una señora de mediana estatura, quien con algunos cartones, una mantilla de color azul, un pequeño banquito y algunos retazos de nailon moderadamente grandes se prepara para hacer la larga espera por otra ficha. Ella, aparentemente de unos 70 años, no quiere hablar, sólo se ubica al lado del primero de la fila y como una piedra permaneció inmóvil toda la noche.

Ambos esperan ser acreedores de una de las tres fichas que el Hospital Holandés brinda para la especialidad de cardiología, de acuerdo con el guardia de seguridad que cerró las puertas del nosocomio al promediar las 23:00. Lastimosamente quienes componen la fila no pueden ingresar al recinto hasta la mañana siguiente, cuando se repartirán las fichas. Por ahora sólo queda esperar en plena acera con resignación y la conversación que pueda surgir entre quienes hacen la cola.

Faltan unos minutos para que sea viernes. Trato de conciliar un poco el sueño, pero se torna complicado con el frío que no amaina. En ese momento sólo dispongo de una frazada de polar y un termo con chocolate caliente, ambos no fueron suficientes para soportar aquel gélido viento que peina con fuerza cada rincón. Por lo menos la frazada me cubría el cuerpo y evitaba el paso del frío, pero don Honorio, con su gruesa chamarra, soportó la noche de pie, cual si fuera un centinela militar en plena guardia.

A cinco minutos de la una de la madrugada empieza a bajar la neblina en la urbe alteña y poco a poco el zumbido emanado por un poste de luz se convierte en el único sonido predominante de la noche.

Son las 2:15 de la madrugada y don Honorio y la señora no serían los únicos dispuestos a esperar horas y horas para lograr la ficha que necesitan para recibir algún tratamiento médico.

Una señora con rasgos evidentes de la tercera edad, que viste de pollera, llegó acompañada de su hijo en un minibús.

Son los terceros de la fila. Ella trajo consigo un banquito y algunas mantillas para cubrirse del frío. No pasó ni una hora de haberse sentado y se quedó profundamente dormida, en tanto su hijo, de unos 20 a 25 años, se fue al vehículo a descansar.

El reloj se acercaba a las tres de la madrugada y las bajas temperaturas aún no habían llegado a su punto más gélido. Opté por emular a don Honorio. Me levanté del suelo, en el que ya me había recostado una par de ocasiones, y me dispuse a caminar por un largo rato para no dejarle ganar al frío. Extrañaba como nunca antes una cama caliente.

Minutos después que me levanté del suelo llegó don Víctor Ramos, de 60 años, quien trajo consigo a su esposa. Esperaba conseguir dos fichas: una para cardiología y otra para medicina interna.

Don Víctor no ocultó su molestia por la falta de consideración a las personas de la tercera edad que aguardan por atención médica. “Debería cambiar (…) ser un poco más conscientes con la tercera edad porque arriesgamos la vida al venir de lejos”, indicó Ramos.

Ya son más de 30 minutos que don Honorio no retorna de una de sus caminatas por la avenida Satélite; sin embargo, nadie ocupó su lugar durante ese intervalo. Él había ido a sentarse a la sala de urgencias del Hospital Holandés, que por obvias razones se mantiene activa toda la noche. Al menos allí es más humano hacer fila, aunque la realidad te golpea cuando debes volver a tu puesto en la fila callejera.

Al caer las cuatro de la madrugada el frío ha llegado a su clímax. Las rodillas se entumecen y al moverlas suenan cual si fueran bisagras de las puertas de casas de la época colonial. No queda otro remedio que ponerse de pie y comenzar a caminar para conservar el escaso calor que queda en el cuerpo.

“Un trotecito hay que meterle”, dijo a modo de broma don Juan Castro, de unos 64 años de edad, el sexto de la fila. Él se había incorporado a la cola a eso de las 3:20 de la madrugada. Esperaba conseguir ficha para la especialidad de neurología, expresó su molestia ante la saturación del sistema médico y la constante falta de galenos para cubrir las especialidades que demandan las personas de la tercera edad.

“Somos tantas personas, más de la tercera edad y personas mayores que necesitamos atención (médica); y no se consigue, se satura. (…) No hay la cantidad necesaria de profesionales que puedan atender a la mayor cantidad de personas posibles”, expresó Castro.

Aproximadamente a las 4:30 de la madrugada algunos pájaros empezaron a cantar. La fila de espera ya había alcanzado unas 30 personas; no obstante, ésta no paró de crecer hasta por al menos una hora más. El señor Castro me sugirió entrar a la sala de urgencias para recuperar algo de calor corporal, y yo, ni corto ni perezoso, me dirigí hasta allí. Me senté por al menos 20 minutos para luego volver a confrontar la última hora de espera, la más complicada.

A las 5:30 de la mañana don Honorio empezó a tocar la puerta mientras gritaba “¡Abran!, ¡ya es hora!”. La tercera señora que dormía en la fila estaba cayéndose del banco que la soportaba, logró levantarse. La fila de espera había crecido tanto que ya doblaba la esquina; calculo que medía unos 70 metros de extensión.

Afortunadamente a las 5:50 de la madrugada, cuando el sol empieza a salir, sale un guardia de seguridad del centro médico y abre las puertas del Hospital Holandés. Las decenas de personas que esperaron y llegaron durante aquella noche ingresan con premura al nosocomio. Pero solamente ellos pueden decir si la espera desespera.

No me quedo para ver la entrega de fichas, el frío hizo de las suyas con mis huesos. Pero con los testimonios recogidos y los reportes de otras personas que atraviesan esta deshumana forma de acceder a la atención médica, me queda claro que quienes llegan primero, es decir, quienes más horas hacen fila tienen asegurada su cita médica, en cambio el resto debe conformarse con la ya conocida frase de la recepcionista: “Ya no hay ficha”.

Trasnochar en filas

  • Experiencia No importan las horas, los pacientes deben sacrificar largas horas de sus vidas para acceder a una consulta médica especializada.
  • Vivencia Esta es la razón por la que estos ciudadanos deben amanecer afrontando temperaturas bajas y exponiendo la misma seguridad.
  • Salud Las puertas del Hospital Boliviano Holandés se abren a las seis de la mañana, cuando la ciudad se levanta.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

167
204