“Después del fuego, Chiquitania sufrirá el impacto de las cenizas”

La zona afectada tiene 14 tipos de vegetación, los plantines para la reforestación no son la mejor opción. Se precisa un diagnóstico para la restauración.
lunes, 14 de octubre de 2019 · 00:04

Leny Chuquimia /  Santa Cruz

“No podemos restaurar lo que no conocemos”, señala el biólogo Juan Carlos Catari. Advierte que para iniciar un plan de restauración es necesario un diagnóstico, porque de lo contrario se puede cometer un grave error. Para el especialista el uso de plantines no es una opción para el postincendio. 

Luego de que las primeras lluvias mitigarán los focos de calor en la Chiquitania, las autoridades nacionales y departamentales anunciaron el inicio de los planes postincendio. Restauración, reforestación y recreación  son algunos de los términos utilizados por las autoridades nacionales para el plan postincendio. 

Catari dice que responder cuánta riqueza de flora hay en la región  tomaría mucho tiempo  y mucho trabajo de campo. Indica que hasta hace unos cuatro  años se tenían registradas 3.621 especies de  161 familias de plantas. “De hierbas tenemos, aparentemente, 1.169 y 667  de árboles”, dice.

¿Cual es el estado de la zona afectada por el fuego?

Como continúan los incendios no podemos hablar de un  diagnóstico de la afectación. Pero ya hay reportes preliminares de FAN. Ahí debemos destacar que  se identificó que entre las  zonas que se han quemado hay  nuevas. Es decir, áreas que no  habían sufrido incendios antes.

Los diferentes niveles del Estado presentaron  planes postincendio. Hablan de reforestar y restaurar.

 Cuando uno habla de reforestacion se habla de masas forestales y nosotros hemos estado insistiendo en una restauración. Esta apunta a recuperar el ecosistema y eso no comprende sólo plantas sino también animales y todas las interacciones bioquímicas del suelo, entre otros aspectos. La restauración apunta a eso, a tratar de recuperar y llegar a un estado lo más cercano posible al que fue afectado. 

El problema es este: una restauración no se  da de un día a otro, ni siquiera de un año a otro.  Es un proceso que tarda mucho. Para ver una Chiquitania restaurada  como la que se quemó van a pasar muchas décadas. Es posible que nosotros no la veamos. 

Se puede, pero  con muchos  recursos y eso dependerá de hasta cuánto estén dispuestos a dar las gobernaciones y municipios y el Estado. No es sólo colocar un plantín,  es iniciar el proceso de sucesión vegetal del ecosistema,  con plantas, animales y la recuperación del suelo. Una vez que se inicie eso, daremos el primer paso para la restauración.

Los estudios muestran que los incendios serán cíclicos y cada vez  peores. ¿Entonces cómo garantizar que no se vuelva afectar la zona  antes de la restauración?

Se puede hacer la restauración, pero hay que tomar las medidas para que esto no vuelva a suceder en la misma magnitud. Todo dependerá de que las autoridades a todo nivel tomen las precauciones para evitar estos incendios. Si bien el fuego va a ser recurrente, esta situación no es de hoy. La Chiquitania -por su historia evolutiva y geográfica- tiene una historia de fuego sobre todo en las Pampas del Cerrado. El problema de este año ha sido la magnitud.

¿Entonces, qué hacemos?

Prevención, hay que  prevenir desde el manejo correcto y el control de los chaqueos, hasta tener capacidad de respuesta inmediata, algo que cuesta dinero y recursos. Además, es importante  la capacitación a las comunidades porque gran parte de los incendios son iniciados por las personas. Hay incendios naturales y no lo podemos negar, pero la gran parte son iniciados por las personas. 

¿Cómo cambiará la Chiquitania con el fuego?

La Chiquitania no es homogénea, tiene al menos 14 tipos de vegetación. Hay lugares que no tienen fuego  mientras que otros sí tienen una historia y un ciclo. La Chiquitania como una región económica, cultural y social no es lo mismo que una Chiquitania vista desde el punto vista ecológico.

De manera inmediata tendremos como  efectos la pérdida de cobertura vegetal, cambio en los ciclos del suelo, las cenizas  que van a llevar todo un tema de contaminación a los cuerpos de agua y ahí es donde  vamos a ver una segunda ola de impacto.

¿Una segunda ola?

Tuvimos la primera con el fuego, la segunda será lo que viene después. En este caso será cuando las cenizas lleguen a los cuerpos de agua y dañen a la fauna acuática, lo que vendrá con la época de lluvias. Ahora, ¿cuánto de eso vamos a poder evaluar y prevenir? Es algo que  no podemos responder, como tampoco podemos saber cuánto vamos a poder recuperar.

Lo que se espera después de todo esto es impredecible,  porque  por un lado está la línea natural que debería seguir un  sistema después de una alteración y en paralelo o cruzando está otra línea social que es la perturbación recurrente.

¿Cómo  prevenir? 

Viene la época de lluvias y no podemos saber qué hacer para minimizar los impactos,  porque al momento ni siquiera tenemos un diagnóstico. Para tratar a alguien que está enfermo necesitamos los análisis para saber qué tiene, qué necesita y en qué dosis exacta. Sin eso podemos caer en un error. 

¿Qué pasará con Ñembi Guasú?

Casualmente un equipo estuvo en el lugar tres meses antes de los incendios haciendo evaluaciones y podríamos asegurar que era una zona prístina y probablemente virgen. 

Lo que hemos perdido ahí era totalmente impenetrable y los registros que se tienen de la flora de ese sector son muy vagos. No llegan ni siquiera a las 150 especies. Nos damos cuenta  que faltaba un gran nivel de conocimiento en algunos sectores de la Chiquitania y  esos lugares que no conocíamos  ya se han quemado.

Lo que debemos hacer ahora, para toda el área afectada por el fuego, es generar información diagnóstica que nos permita saber qué realmente hemos perdido y si realmente ese bosque que se ha quemado necesita ser restaurado o no,  porque la intensidad del fuego no fue uniforme en todas partes. Hay que identificar lugares a los que el fuego no llegó para ver qué especies hay que restaurar. Las pampas del cerrado por su historia de fuego probablemente sean las menos impactadas. 

La idea de conocer cuánto y dónde tenemos apunta a que se use  esa información para hacer los planes de restauración y sepamos qué llevar al monte.

Salió la noticia de que los militares ya tenían un plan, al igual que  las ONG, la Gobernación y el Gobierno. Pero debemos apoyarnos en datos. 

Sobre la   Chiquitania

  • Extensión La Chiquitania tiene al rededor de 18 millones de hectáreas. En términos  geológicos tiene un área que incluye  tierras bajas y también  serranías del subandino.
  • Bosques  En Sudamérica hay un gran  bloque de bosques secos estacionales que pasan por   Ecuador, Colombia,  Perú, Bolivia, Paraguy, Argentina  y Brasil. Los de la Chiquitania son considerados como los mejor conservados, pero también los más desprotegidos.
  • Fragmentación  En 2010 la Chiquitania estaba fragmentada en dos por la agricultura. Ahora con el fuego tal vez se  fragmente en tres.
  • Variedad  Es producto  de miles de millones años atrás. La temperatura varía en toda la región, es más humedad hacia el norte y más seca hacia el sur.