¿Cómo murieron dos personas en los conflictos de la zona Sur?

Tras la renuncia de Evo Morales, hubo desorden y zozobra en este sector de la ciudad. Los vecinos y comunarios se sentían amenazados entre sí.
lunes, 23 de diciembre de 2019 · 00:04

Madeleyne Aguilar A / La Paz

“Me llamó a eso de las 9:00, me dijo que cuide a los papás, que cierre bien las puertas   y que por nada salgamos y se cortó la llamada.  Nos cuidaba. Nosotros estábamos en Villa Fátima resguardando la estación de policías porque había saqueadores. A eso de las 10:00, nos enteramos por  Facebook  que mi hermano estaba muerto”, cuenta llorando Frida Conde. 

El fallecido tenía 33 años. Vivía en la zona Pedregal, en la  zona Sur de La Paz. Tras la renuncia de Evo Morales, el 11 de noviembre en ese y otros sectores se desataron  conflictos entre vecinos y grupos violentos. Los habitantes del lugar  señalan que hubo  una estrategia de la desinformación para enfrentarlos.

Mientras en Chasquipampa se quemaron 64 buses PumaKatari y se incendiaron casas, en las zonas  Rosales y Pedregal se perdieron dos vidas, Beltrán Condori, de 23 años, y Percy  Conde, hermano de Frida. Los familiares piden justicia, los testigos aseguran que  la Policía les disparó.

“Rondaba información para causar conflicto en nuestro territorio. Nos decían que los comunarios nos iban a atacar y, a ellos, que nosotros íbamos a ir. Causaron pánico, en la zona y por días nadie durmió”, cuenta  el dirigente vecinal de Campo Verde de Alto Achumani, Paulo Bustillos.

Los vecinos de Pedregal ya habían sido atemorizados por varios días. Por las noches rondaban grupos violentos amenazando con saquear las casas. Los  afectados aseguran que eran “militantes fanáticos” del MAS.

“En la calle 53,  que conecta la zona Rosales con Chasquipampa, había un fuerte olor a gas lacrimógeno y un tumulto de gente. Eran choferes, se estaban organizando para ir a quemar los PumaKatari”, narra Mildred Soliz, una vecina que vio el caos.

Asegura que en Pedregal y zonas aledañas “la mayoría son masistas” y fue el fanatismo por el expresidente Evo Morales lo que los motivó a la violencia . “Por eso, al día siguiente ellos han destrozado las bocas de tormenta, hicieron barricadas, han tumbado los basureros. Buscaban  pretextos para  saquear”, señala.

Ante el panorama, el 11 de noviembre, Conde alertó a su familia y  mandó a su esposa con sus suegros. Estaba  en casa cuando varias personas tocaron. “Salgan vecinos. Hay que defendernos”, gritaban sin explicar de quién.

Él salió solo, hasta la esquina. Una  curva cerrada, semiasfaltada. Allí le dispararon.

Un video registró el hecho. Al verlo en el suelo, la gente gritó. “Pero si  él estaba solo, ¿por qué le disparan?”, reclamaron a gritos. 

El certificado  forense señala que las causas fueron  un  “shock hipovolémico, laceración cardiaca-pulmonar y hepática; y traumatismo torácico-abdominal abierto, por proyectiles de arma de fuego de carga múltiple”. Su hermana dice que le dispararon  perdigones. 

“Ese tiro podía haber matado a cinco personas, pero todo le llegó a él”, lamenta. En su cuerpo se encontraron cinco piezas de metal.

Buscando el cuerpo

Tras enterarse -por fotos en redes sociales- que su hermano había muerto, Wilfredo, Doris y Frida Conde llegaron caminando hasta Pedregal desde Villa Fátima. Ya en el lugar, cerca de las 14:30, preguntaron a la Policía  si sabían de algún muerto.

“Estaba el comandante y los de cascos blancos y amarillos. Él  me respondió que no había muertos ahí. Los de la resistencia, lo mismo. Eso  me tranquilizó, pensé que estaba herido”, relata Frida. 

Los hermanos   continuaron su búsqueda. Una vecina  les avisó que sí vio a un muerto, que  se lo llevaron por un callejón.  

Pasaba la patrulla,  así que Frida se amarró los cordones del zapato para disimular. Cuando la Policía se había ido, la señora le indicó: “Date la vuelta. Tu hermano está ahí, cerca del árbol”.

Envuelto en una frazada, se encontraba el cuerpo de Percy Conde. Una vecina    estaba cuidándolo porque “pretendían desaparecerlo”, denuncia. 

Lo llevaron a la sede vecinal, donde, pronto, se reunieron más de 200 personas. Tocaron sirenas, reclamaron justicia. 

La familia de Percy asegura que él   no era parte de ningún partido político. Él estaba en la zona porque vivía ahí con su esposa y sus hijos   hace años.

Brígida   llora la muerte de  su querido hijo Beltrán. 
Foto: Madeleyne Aguilar A.

Mataron a mi hijo

Mientras tanto, en la calle 6 de  Rosales la familia de Beltrán Condori intentaba almorzar, ignorando la bulla del conflicto. “Mami, tal vez arrojan piedras y entra gas. A la bebé le hará mal”, advirtió Condori.

Cubrió los vidrios de las ventanas con calaminas y salió de casa. “Yo estaba en el baño cuando escuché a mi yerna gritar: ¡mamá, a Beltrán lo han baleado!”, relata doña Brígida Aruni.

Corriendo ella reclamó: “¡Para qué sale!” y dejó su casa para entrar al círculo de una veintena de policías y personas con cascos, chalecos y zapatos deportivos. ¡Mi hijo, dónde está!, buscaba desesperada.

Ella cuenta que la detuvo la amenaza de un arma en su espalda. Dice que un policía la llevó hacia una calle donde le reclamó: “Son bien valientes para quemar los PumaKatari, ¿no?”. 

Los policías le aseguraron que  Beltrán no estaba muerto, que “sólo se había tropezado”. Brígida pensó que tal vez era cierto y quería corroborarlo.

Asegura haber visto las municiones de los policías mientras les rogaba que la dejen ir.   Cuando la soltaron encontró a Beltrán tendido en el piso. El Hospital Los Pinos confirmó la muerte.

Además  de las muertes, en la zona Sur se quemaron los buses PumaKatari.

“Bs  50.000  no me devolverán a mi hermano”

Casos como el de Beltrán Condori y Percy Conde deberían ser considerados por el Decreto Supremo 4100. Sin embargo, los afectados por estas muertes, otras  y varios heridos aún no reciben la indemnización.

“Acabo de promulgar el DS 4100 con el que se autoriza otorgar asistencia humanitaria e indemnización a los familiares de los fallecidos y heridos en los hechos de violencia surgidos en el país después del fraude del 20 de octubre”, anunció la presidenta Jeanine Añez, el 5 de diciembre, por Twitter.

Con esa norma, se crearían   mecanismos para determinar la forma en la que el Gobierno atenderá a los familiares de fallecidos y heridos. El Gobierno se comprometió a indemnizar con  50.000 bolivianos  a los familiares de los fallecidos en conflictos. 

Desde que encontró el cuerpo de su hermano, Frida Conde reclama justicia. Por eso, cuando escuchó sobre el decreto  acudió al Gobierno. Sin embargo, los afectados  no se han organizado. 

“Todos hablan de los muertos de Senkata, ¿y mi hermano?, ¿y los muertos de la zona Sur? Nosotros no recibimos nada”, reclama.

Se refiere a los 10 fallecidos y 25 heridos del conflicto en Senkata, El Alto. Ahí también hubo disturbios y enfrentamientos, tras la renuncia de Evo Morales.

Los familiares de las víctimas de ese caso  rechazaron la indemnización económica  porque consideran que un artículo de la norma es condicionante.

El fallecido Percy Conde deja a una  viuda y dos hijos huérfanos, uno de tres años y otro de ocho. Era barista y el principal sustento económico de su hogar. Tras su muerte, su familia tuvo que mudarse a un cuarto más pequeño.

Para la madre de Beltrán Conde la indemnización ofrecida por el Gobierno tampoco es suficiente. “Mi hijo ganaba 4.000 al mes, como albañil. Además, los domingos hacía trabajos extras porque su mujer está enferma”, reclama  Brígida Aruni.

Cuenta que Beltrán deja una viuda y una bebé de tres meses.  “Quiero una renta para mi yerna y mi nieta, con eso van a vivir”, pide con llanto.

Según el dirigente vecinal, Teodoro Patzi, en la  zona Sur hubo cuatro muertes. “De dos hicieron el informe forense, pero de los otros no”, indicó. Pero tal denuncia  no ha sido demostrada.

Los heridos de  Potosí y Sucre

El 9 y 10 de noviembre, los miembros de dos caravanas que se dirigían a la sede de Gobierno fueron agredidos. Personas de Potosí y Sucre pretendían llegar La Paz pero fueron emboscadas, golpeadas, raptadas y baleadas.

El  9 de noviembre, la primera caravana  era de estudiantes, docentes y comerciantes. Fue atacada el Vila Vila. Los golpearon y tomaron a 15 personas como rehenes. Los desvistieron, golpearon y amenzaron con quemarlos.

Un día después, partió la segunda caravana, en la que estaban dirigentes mineros, fue atacada por francotiradores. Algunos de los heridos son Javier Gutiérrez, a quien una bala de destrozó la clavícula;  Rafael Moscoso, una bala le rompió seis costillas y lesionó el pulmón;  Ramiro Ugarte  perdió la mano derecha; Darío Cuiza, la bala le hirió la cadera;  Mijael Medina, dos balas hirieron sus hombros;  y Franz Soraide, el proyectil  entró por la axila y salió por el cuello. Se lesionó a  los pulmones.

Decreto Supremo

1 Se decreta la autorización de la indemnización a los familiares de las personas fallecidas y cubrir los gastos médicos de los heridos, producto de los actos violentos  entre el 21 de octubre y 24 de noviembre. 
2 Se autoriza destinar 1.500.000 bolivianos para efectuar el pago de la indemnización y  3.000.000 bolivianos para el pago de atención médica y de seguridad social a corto plazo.
3 De manera excepcional se autoriza  a los  ministerios de Justicia y de Salud a realizar transferencias público-privadas.  El Ministerio de Justicia efectuará la evaluación y registro de las personas fallecidas en los sucesos violentos y  será el encargado de registrar a las víctimas heridas en el conflicto y coordinará con el Ministerio de Salud a fin de cubrir los gastos de atención médica de las personas que resultaron heridas producto de los actos violentos suscitados en el país, hasta su restablecimiento físico.
4 El pago por única vez de  50.000 bolivianos   alcanza a los familiares hijos, cónyuge o padres. Ellos  tendrán por reparado su derecho ante cualquier instancia internacional.

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