Buen Samaritano regala esperanza a 2.000 personas en situación de calle

Según el pastor Efraín Alarcón, en los últimos dos años las mamás adolescentes son quienes más llegan en busca de ayuda para ellas y sus bebés. Muchos beneficiarios dejan las calles tras el cambio de look.
sábado, 28 de diciembre de 2019 · 00:04

Verónica Zapana S.  / La Paz

Un día antes de la realización de la  campaña Buen Samaritano, Ana,  de 18 años  de edad, llegó  y se quedó a dormir en  la puerta de la Iglesia Monte de Oración para recibir un corte de cabello y ropa .  No fue sola, la joven cargaba   en un aguayo a su bebita de siete meses. 

“Es el segundo año que vengo (…) Aquí me bañan, me visten y  me dan comida. Quiero que le regalen ropita a mi hijita porque no tiene nada”, dijo Ana  mientras mostraba a su bebita con vestimenta  pequeña para su talla y  con una frazada sucia.

Al igual que Ana, al menos 2.000 personas realizaban  ayer largas filas para recibir ayuda de la  campaña Buen Samaritano,  que se realiza cada 27 de diciembre desde hace 17 años. De acuerdo con el pastor Efraín Alarcón, en los últimos dos años entre las  principales beneficiarias están adolescentes  mamás que llegan con sus  bebés.

 “Cada año sube la tasa de niños recién nacidos que llegan a la campaña.  Hoy (ayer) -por ejemplo-  ya tuvimos hasta este momento (10:30) a 10 recién nacidos con madres de 14 a 17 años”, acotó Alarcón.

   El pastor relató que las  mamás,  además de ropa, alimentos y una atención médica y espiritual, también requieren   leche para el bebé.  Recordó que el 2018 llegaron  a la campaña 70 niños con las mismas características. 

“Este  año queremos  superar los 100. Lastimosamente en la gestión anterior se halló a una bebé de menos de un año que estaba violada. Ese fue el mayor impacto que hemos recibido, hemos llorado y  enviamos el caso a la Policía”, contó. 

Voluntarias  cocinaron ayer  para más de 2.000 personas.
Fotos: Carlos Sánchez / Página Siete

Jornada solidaria y de  ayuda

El pastor Efraín Alarcón  sostuvo  que esta actividad se inicia  a las 7:00  y concluye pasados las 20:00. En las últimas horas ya no están las personas indigentes y se atiende a inmigrantes potosinos e incluso lustrabotas. “A todos les damos  mucho cariño”, dijo. 

La atención a los beneficiarios y toda la logística  de la campaña moviliza a más de 300 personas. Todos los voluntarios se dividen de acuerdo a las tareas.

 Como primer paso, los visitantes  deben registrar todos sus datos. “Esta tarea se realiza  con  la finalidad de saber de dónde vienen y  si retornan, entre otras características”, sostuvo.

En el  segundo paso, los beneficiaros  deben pasar a las duchas. Este      espacio  se denomina “el impacto de amor”, porque un hombre baña a otro hombre o una mujer baña a otra mujer. Para esa actividad se requiere de “voluntarios con espíritu fuerte porque ven  laceraciones de los cuerpos, gente acuchillada y la gran mayoría  de los asistentes incluso llegan con piojos”.  

“Ese acto es un ‘impacto de amor’, ya que esas personas  que se ven agresivas,  en ese espacio  se vuelven como niños y lloran. Ahí se les da otra vestimenta, les cambian desde la ropa interior, chamarras y  zapatos”, comentó.

  El tercer paso es el sector de peinados, denominado “el cambio trascendental”. “Quiero que me peinen un moñito, quiero verme bien”, dijo Gabriela, de 20 años. En tanto,  Rudy, de 26 años, indicó  que prefería un corte de pelo  a la moda.

Alarcón remarcó que incluso había una señora que maquillaba a aquellas mujeres que querían verse  más guapas. “Con eso se devuelve la dignidad”, aseveró.

Como siguiente paso -el cuarto- los beneficiarios pasan al comedor  para servirse  un caldo de pollo. Y de ahí van al espacio de salud,  donde son revisados por médicos. Sigue la  clínica espiritual, donde los pastores conversan con ellos sobre Dios .  

“Hay algunos que cambian sus vidas. De 1.000, 300 cambian. De ellos,  60 se convierten en parte de la iglesia”, resaltó.

Tras el  cambio de look,  asistentes  comieron sopa de pollo.

El sueño de Ana

 Ana aseguró que no sabe quién es el papá de su bebé porque  fue víctima de violación.  “Estos mis compañeros me hacen renegar, ellos pues me molestan”, dijo. 

Escapó de su casa hace cuatro años porque recibía mucho maltrato de parte de su familia.  Entonces  conoció a varios  amigos en la calle. “Vivía con mis tíos y ellos me pegaban. No querían que coma un pan más en el desayuno”,  recordó entre lágrimas. 

Ayer, Ana  dijo que quiere  un cambio en su vida y dejar las drogas. “Quiero verme bonita. Hace meses que no me he bañado”, comentó   entre risas. “Quiero cambiar por mi hija”, dijo con un tono más serio la joven.