“Si los niños limpian su escuela siembran conciencia solidaria”

La comunidad Poza Caimán recibió aulas con el compromiso de cuidarlas y asearlas. Una disposición edil similar para escuelas cruceñas causa polémica.
lunes, 18 de marzo de 2019 · 00:00

Leny Chuquimia /  Santa Cruz

 El  14 de febrero, la cooperación japonesa entregó cinco aulas nuevas en la  comunidad Poza Caimán, del municipio cruceño General Saavedra. En la  inauguración, el consejero de la Embajada del Japón,  Tatsushi Ryosenan, pidió a los  profesores y alumnos que dediquen 15 minutos diarios a  limpiar la infraestructura,  una práctica instituida en las escuelas niponas para sembrar conciencia y responsabilidad.

 “Ruego a los profesores tener comprensión para que  después de las clases  los estudiantes se dediquen 15 minutos  a la limpieza de las aulas, como es  costumbre en las escuelas japonesas. Señores profesores y padres de familia, apoyen esta práctica  que  nos ayudará a crecer como sociedad,  a sembrar  conciencia  y  asumir   responsabilidad  entre los niños consigo mismos y con otras personas”, manifestó Ryosenan.

En Poza Caimán, agradecidos por los flamantes módulos educativos,  estudiantes y maestros aseguraron que cumplirán con el pedido para que  la infraestructura pueda albergar a muchas generaciones. “Vamos a cuidar y a limpiar para mantener las aulas por mucho tiempo”, dijo el director del colegio Primero de Septiembre, Néstor Tapia.

Una disposición similar causa polémica en  la ciudad de Santa Cruz. La semana pasada, la Secretaría Municipal de Atención Vecinal instruyó a los profesores de 167 unidades educativas fiscales que enseñen a los estudiantes  a cuidar sus pupitres y a mantener limpios los salones que usan. Muchos padres y autoridades apoyan la medida, mientras que otros están en desacuerdo.

      250 alumnos  beneficiados de la comunidad   Poza Caimán contagiaron su alegría.

 A más de una hora de viaje (72 km) desde la ciudad de Santa Cruz, en el municipio General Saavedra  está la comunidad Poza Caimán. Alberga a unas 200 familias y los habitantes coinciden en que su pueblo está    sumido en el abandono.

Desde siempre, el lugar más importante de la comunidad fue la poza  que, antes de que las casas contarán con grifos y tanques,  abastecía de agua a todos los pobladores. Sabían que el líquido no escasearía porque allí habitaba un caimán y  -según la tradición- “él sabe donde habrá agua siempre”.

 Este sitio  no sólo  inspiró  el nombre del pueblo, sino que determinó  el lugar donde debería construirse la escuela.  Convencidos de la necesidad de contar con un establecimiento educativo, con sus pocos recursos los padres de la comunidad levantaron pequeñas chozas con motacú. No tenían  paredes ni pupitres.

 “Así  pasaron clases durante años. Cuando llovía, tratábamos de tapar con bolsas de yute. Así teníamos a los alumnos porque los padres no teníamos recursos para más. Año tras año, con el POA construíamos las aulas de una en una pero no alcanzaba. Ahora ya tenemos las  que nos faltaban”, dijo la presidenta de la OTB,  Yenny Dávalos.

Hoy son  cinco los nuevos salones donados. Con una inversión de 79.936 dólares, benefician a 255 estudiantes, muchos  de los cuales llegan  desde  comunidades vecinas caminando  hasta tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta.

  La mañana del 14 de febrero, los alumnos esperaron ansiosos a la comitiva de la Embajada del Japón que  iba a inaugurar las nuevas aulas. Fue un día de fiesta que fue sellado con  abrazos y sonrisas de agradecimiento, además de la promesa de cuidar las flamantes infraestructuras para que sirvan también a las futuras generaciones.

Nagaoka y los 100 sacos de arroz

En la  inauguración de las aulas,  el consejero de la Embajada del Japón,  Tatsushi Ryosenan, compartió con los estudiantes el relato de los 100 sacos de arroz. Una historia real que   ocurrió en Japón hacia 1870.

“Entonces, por la guerra civil, la ciudad de  Nagaoka estaba en la miseria. Para ayudarle,  pueblos vecinos le donaron  100 sacos de arroz”.

Los habitantes de Nagaoka esperaban recibir una porción del cereal. Pero el sabio del pueblo decidió venderlo todo y con el dinero edificar una escuela. 

   “Los pobladores se enojaron con el sabio y  fueron a buscarlo para amenazarlo de muerte. Tranquilo, él  les dijo que si  repartía el arroz calmaría el hambre sólo por un día,  mientras que con la escuela erradicarían el hambre. La escuela se construyó, formó personas notables que (...) llevaron al Japón a la modernidad”.

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