Con siembra de agua, pueblos de Coro Coro luchan contra sequía

Gracias a esta técnica, los pobladores obtienen bofedales, en los lugares crecen plantas y llegan aves de varios sitios. El agua ya no se pierde en época seca.
sábado, 11 de mayo de 2019 · 00:04

Wara Arteaga  / Coro Coro

Hace 30 años,  Ignacio Limachi veía cómo  la tierra de su comunidad se empezaba a  secar, y con ella el ganado de su terreno moría.  La escasez de agua había acabado con la vegetación,  y su tierra no era más que polvo. Entonces no  tenía fe a los constantes esfuerzos que realizaba su esposa para “producir agua”. Hoy su ganado es la envidia de la comunidad Tarejra.

 Conseguir agua y pastizal para el ganado, fue una tarea que María de Limachi inició en 1998, en Tarejra del municipio de Coro Coro del departamento de La Paz. Esta localidad  se caracteriza por el terreno arcilloso y por la sequedad de ambiente. Cuando llueve, se forman lodazales y musgos, pero en  la siguiente estación todo muere. 

El primer paso que adoptó para cambiar  de un terreno árido a convertir sus tierras entre las más productivas del lugar, fue sembrar agua. La técnica que utilizó se denomina “reconstruir destruyendo”, y la desarrolló con el apoyo de SEMTA (Servicios Múltiples de Tecnologías Apropiadas).

 La cosecha de agua, con zanjas de infiltración, fue un proceso complicado. “Entre 1980 y 90, en Comanche hicimos  zanjas de infiltración con pala y picota. Nos cansamos, nos salieron ampollas, llegaban todos cansados. Después realizamos una nueva experiencia, nos ayudamos con tracción animal, pero el toro sólo podía remover cuando el suelo estaba húmedo y había miles de hectáreas que se estaban degradando. La gente creía que estábamos jugando”, recuerda Sergio Zárate, director ejecutivo de SEMTA.

Entre esos trabajos nació la primera experiencia con tractor. Contra todo pronóstico, esta labor fue la más exitosa. “Dos veces pasamos con el tractor con una profundidad de 40 centímetros. La escaza vegetación estaba destrozada, todo parecía roturado. Los vecinos  comentaban que estábamos destrozando. ‘Son unos tontos, no saben’, decían, pero al final mejoró la vegetación” cuenta Zárate. 

Un reservorio   natural de agua beneficia a la comunidad.  
Foto:Wara Arteaga / Página Siete

“Hicimos con tractor, algunos resultaron y otros no, evaluamos con la gente y mejoramos. Ahora pasamos las 20.000 hectáreas”, informa Zárate.  A raíz de la cosecha de agua, muchas comunidades lograron mejorar su ganado y la biodiversidad de los bofedales, además éstos dejaron de desaparecer en la época de sequía. “Esto era una pampita, con las zanjas de infiltración el agua se ha detenido, con eso poco a poco crecieron  las chillawas, ha agrandado a pradera y eso cuesta”, resume Ignacio Limachi, pareja  de María, quien antes de ver el éxito de su esposa  trabajaba en una empresa de estucos.  

María le mostró a su esposo que su perseverancia y rebeldía podían más que las ambiciones de migrar en busca de un futuro más productivo. Ella no sólo trabajó con las zanjas de agua, sino que también sembró en el terreno todo tipo de pastos  nativos, para alimentar al ganado. Ahora los patos viajan enormes distancias, para visitar su terreno en busca de agua y la vegetación que crece en el lugar.

En medio de un área de tierra rojiza, con musgos secos y escasa paja brava, se encuentra el terreno de la familia Limachi.  Ahí, en contraste con el  escenario, la paja brava crece alrededor de un metro. En otro sector, el ganado vacuno  ronda en cercanías de la alfalfa. 

En su terreno, el alimento más preciado para el ganado es la alfalfa. “Este bofedal nos beneficia y nos da  más forraje y agua  para nuestros ganados. Sin  agua, el ganado no vive, deben tomar por lo menos dos o tres veces, eso es bueno para el ganado lechero. También les  ayudó con alimentos suplementarios, les doy soya con afrecho”, comenta. 

El cerco   móvil que funciona con energía solar. 
Foto:Wara Arteaga / Página Siete

Aunque la pareja Limachi es de avanzada edad, ambos se baten entre los quehaceres de casa: cuidar el ganado, protegen el agua y la venta de su producción. Tienen 28 ovejas, 18 vacas  y 15 gallinas.  “El trabajo de casa no es  tan sencillo. Nunca se acaba”, dice Ignacio Limachi.

Él se dedicó al trabajo de campo hace año y medio. Explica que este oficio  es más liviano que en la estuquera.  “El año pasado mi oveja ganó un concurso de engorde, en la misma feria la vendí, ahora estoy alimentando   a otra”, asegura.

Impulsan la ganadería con energía solar

“La vaca que se acerque recibirá como un chicotazo”, explica Gualberto Daza, al mostrar la novedosa cerca móvil que funciona con energía solar.

 Ésta  tecnología permite que el ganado vacuno pueda alimentarse en un sólo lugar, sin afectar a los sembradíos y sin la necesidad de control permanente.

Los hermanos Pedro y Gualberto Daza se dedican a la ganadería en un terreno agresivo para esta labor. Son de la comunidad Sillapaca, en la provincia Pacajes del departamento de  La Paz. Cuentan con 100 ovejas y 20 vacas. 

Valoran mucho la comunidad de dónde vienen. Ese cariño nació después de salir de su región, en la época que se fueron a Cochabamba para trabajar. Después de conocer en qué condiciones  viven  en otro lugar, valoran ahora  el campo. 

Descubrieron que  con buena alimentación, el ganado no tiene la necesidad de caminar; en cambio cuando el alimento es escaso, el ganado recorre el campo en busca de pastizal, lo que provoca la erosión del suelo. “Antes teníamos cuatro vacas flaquitas, ahora tengo más de 20 mejoradas y ovejas cara negra. Claro, antes tenía poco forraje, ahora  siembro más forraje, además de alfalfa y otros pastos, por eso mi ganado come de todo”, cuenta Guaberto Daza. 

Con las mejoras, en agua, en cuidado, para el ganado, la migración de los pobladores ha disminuido. “Antes no tenían ni establos, ahora cada persona busca un establo. Hace tiempo, las personas de este lado se iban a La Paz, pero ahora al ver al  hermano Gualberto, muchos han vuelto”, dice el encargado de la unidad de Desarrollo Agropecuario de Coro Coro, César Chipana. 

De las 64 comunidades y 15 cantones, ahora las mejoras que exigen al municipio son reservorios de agua, bombas, pozos y bebederos.