Yana, la mono araña que sobrevivió a las balas de un cazador

El trauma la dejó inmóvil, ahora puede comer, caminar y usar su cola.
martes, 14 de mayo de 2019 · 00:28

Página Siete  / La Paz

Entre el verdor de las hojas del monte en los Yungas, se balancea el primate más grande de Bolivia, el mono araña. Detrás de él  está el cazador, quien, en el momento preciso, lanza decenas de perdigones contra este animal. 

El primate cae inerte y su verdugo nota que de aquel mono cuelga una  cría que, asustada, se aferra al cuerpo sin vida de su madre. “Era negrita y pequeña. Llegó asustada, aún adolorida por el disparo que recibió. La llamamos Yana. Creemos que sus captores la vendieron al descubrirla”, relató la administradora del zoológico Vesty Pakos, Andrea Morales.

La tarde del 11 de marzo de 2018, una persona se aproximó al zoológico municipal. Llevaba en brazos a una cría de mono araña, dijo que la había encontrado en la carretera Achocalla-Mallasilla. Aunque extrañados,  funcionarios ediles  evaluaron el estado de salud de Yana.  Tenía ocho meses de nacida, era hembra y como producto de una cacería había sufrió el impacto de tres balines:  en el brazo, en la mano derecha y en la pierna. 

“Las mono araña madre no se despegan de su cría hasta que pasa un año de nacida. Incluso después  permanecen cerca de su cría dos años más hasta alcanzar la madurez sexual”, explicó el especialista en primates e investigador de la asociación para la Conservación de Vida Salvaje (WCS, por sus siglas en inglés), Jesús Martínez.

Con el tiempo, físicamente la primate estaba estable, pero el evento que le quitó a su madre la traumó.  No podía moverse, comer, ni caminar y no sabía utilizar su cola, relató Morales.

 Yana necesitaba una madre sustituta para que  le enseñe todas esas tareas. “Su cola es su principal característica y es utilizada como una quinta extremidad, es tan larga que puede sobrepasar su altura corporal”, detalló Martínez.

Yana necesitaba, además,  una madre sustituta para que le enseñe  a caminar, comer, buscar refugio y balancearse.  Marianell Oviedo, de 42 años, voluntaria del zoológico, se ofreció para esta labor que requería de un año de trabajo.

 Los primeros ocho meses, Marianell visitaba a Yana todos los días, de lunes a domingo. Con el tiempo, el animal aprendió a colgarse y a  usar su cola. Ahora inicia un proceso de alejamiento para establecer relaciones con monos  de su propia especie.

 

 

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