Bolivia y CO2: 4 claves urgentes para apostar por las energías limpias

El planeta acaba de romper su récord histórico en los niveles atmosféricos de dióxido de carbono; actuar sobre el cambio climático y la transición energética es apremiante.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:07

Alejandra Pau / La Paz

Entre megavatios, costos y la inversión que demanda cambiar la matriz energética, el debate para que Bolivia deje  los combustibles fósiles y pase a las energías renovables y limpias  parece un asunto limitado a ciertos ámbitos. No obstante,  los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2) llegaron al punto más elevado en la historia de la humanidad el 11 de mayo.  La crisis climática no puede seguir siendo un tema aislado.   

Y es cierto, la transición energética no es un concepto  instalado en las conversaciones cotidianas a pesar de que es una de las medidas que busca impedir elevar la temperatura del planeta por encima de los 1,5 grados centígrados, según un informe del 2018 a cargo del  Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

Detener la elevación de la temperatura del planeta  requiere  “transformaciones sin precedentes en todos los ámbitos de la sociedad”, según el IPCC. De lo contrario, las consecuencias serán catastróficas para el mundo y sus habitantes. 

A pesar de la abstracción y complejidad del tema –desde lo político, económico, tecnológico y demás– la negación parece ser una estrategia que no servirá por mucho tiempo más, aunque parezca que el tren del debate ha partido y sus pasajeros son académicos y aquellos que tienen el poder de tomar las decisiones.

A continuación cuatro consideraciones para subirse a un tren que debe ser abordado por todos. 

1. ¿Transición energética?

La transición energética se refiere a cambiar la estructura de los sistemas de la matriz energética, dejar de obtener energía de los combustibles fósiles, como el petróleo, gas natural, carbón, entre otros, y pasar a un sistema de energías renovables: solar, eólica e  hidroeléctrica, entre otros.

¿Para qué? La pregunta puede resultar incómoda en Bolivia, cuya matriz energética está sustentada casi en su totalidad en combustibles fósiles y que, además, explora y explota para exportar gas.

El problema es que la quema de los combustibles fósiles emite CO2, el principal gas responsable de la elevación de la temperatura en el planeta y, por ende, del cambio climático. Si estas emisiones continúan ocurrirá lo que los expertos han denominado  como un “colapso climático irreversible”.

“El informe del IPCC  de 2018 dice que el año 2030 es un año crítico para que  haya un descenso significativo del 50% de las emisiones. La lógica de transición energética es preparar el camino para reducir estas emisiones. Por ejemplo,  que en Bolivia todo proyecto de generación de energía adicional sea renovable y limpia, lo que excluye a las megarrepresas”, indica la investigadora  y ambientalista Cecilia Requena.

Un ejemplo, según plantea la investigadora,  es dejar de hacer redes de gas, que en el fondo generan una dependencia de combustibles fósiles como fuente de energía cuando en el siglo XXI ya no es el camino a seguir.

2. El récord histórico  de CO2

El sábado pasado  los niveles atmosféricos de CO2 superaron las 415 partes por millón (ppm) por primera vez en toda la historia evolutiva de los seres humanos.

Esto significa que  la humanidad había emitido  la mayor cantidad de CO2 durante su paso por el planeta, según la medición del observatorio de Mauna Loa, en Hawái, que forma parte del Instituto Scripps de Oceanografía, en Estados Unidos, informó la BBC.

“La idea es estabilizar la temperatura antes de que llegue a 1,5 grados centígrados y eventualmente consumir cada vez menos carbón, menos combustibles fósiles para llegar a un cero neto en 2050. Esa es, por decirlo de alguna manera, la fórmula que se necesita para salvar a la humanidad”, detalla el investigador técnico de Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático  (PBFCC) Martín Vilela. 

El CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero (GEI) junto al metano y el  óxido nitroso.

Según datos del World Resource Institute, en 2012 Bolivia emitió 136,47 millones de toneladas de equivalente de dióxido de carbono (CO2e), lo que representa el 0,28 % de las emisiones mundiales. Esto colocó al país en el puesto 48 de 186 países. 

3. 250 mil muertes anuales 

Es posible que  la transición energética no sea un tema amigable y sencillo de hablar durante el  almuerzo familiar de fin de semana.  No obstante,  el  efecto negativo del cambio climático  en la salud de las personas sí será un tema recurrente en el futuro.  

 Entre 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250 mil muertes  adicionales cada año, debido a la malnutrición, el paludismo, la diarrea y el estrés calórico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 “La contaminación del aire (por el CO2) genera serios  problemas como enfermedades  cardiovasculares, pulmonares  y cerebrales y eso está relacionado  con la contaminación del aire por  la quema de hidrocarburos”, explica  Requena. 

4. Megarrepresas y energía sucia

El Gobierno espera lograr que Bolivia se convierta en el corazón energético de Sudamérica, aumentando la producción de energía para lograr “exportar un excedente de 3.000 megavatios (MW) a los países vecinos con crisis energética”, a través de una transformación de la matriz energética, pasando de una predominancia de generación térmica de un 72% a un 74% para el año  2025, basándose  en  energía hidroeléctrica, indica Vilela sobre la base de los datos de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE).

Según explica Vilela, esta no es una alternativa viable para la transición energética, que tiene como objetivo principal  luchar contra el cambio climático y la elevación de la temperatura en el planeta.

La construcción sobre bosques tropicales de las megarrepresas hidroeléctricas destinadas a generar el excedente para la exportación, como es el caso de El Chepete, El Bala y Rositas, incrementarán las emisiones de GEI por la degradación de masa orgánica (alrededor de 1.400 toneladas de CO2 equivalente por hectárea), lo cual además tendría impactos irreversibles en los ecosistemas, desplazaría poblaciones, vulnerando sus derechos, e incrementaría la deuda externa nacional, asegura  el experto.

“Cuando se inunda un bosque enorme, éste sigue emitiendo durante cientos de años gas metano porque los árboles se pudren debajo del agua”, añade Vilela. 

En ese sentido las megahidroeléctricas producen energías renovables, pero no limpias porque contaminan y siguen produciendo GEI y calentando el planeta.  

La problemática de las megahidroeléctricas, además de las emisiones de GEI, comprende una serie de factores complejos que ya son debatidos, como el precio del MW,  que no sería competitivo en el mercado, o la potencialidad de exportación a países que ya están trabajando en la producción de su propia energía renovable, como Brasil. 

Ya en 2017, la Fundación Solón presentó el documento Propuestas para una Bolivia solar, el cual  revela las potencialidades del desarrollo de la  energía fotovoltaica y eólica para  incrementar los ingresos del país por la exportación, y también plantea métodos para su implementación. 

Requena señala que el cambio climático y sus efectos en la vida de los seres humanos “no son parte de  una película de ciencia ficción”. Por tanto, no se puede seguir usando la estrategia de la evasión ante lo que se percibe como inmanejable o abrumador.

En cambio, es necesario informarse sobre las cosas que se pueden hacer para reducir las emisiones de CO2 desde los hábitos personales. Ambos expertos coinciden en la necesidad de instalar  un debate entre la ciudadanía y el Gobierno para luchar de forma efectiva contra el cambio climático.  

  Dirigentes de  pueblos indígenas  que habitan los alrededores  de El Bala y El Chepete se han pronunciado, en varias oportunidades, en  contra de la construcción de las megahidroeléctricas, obras que  no representan  una política de lucha contra el cambio climático, según expertos.  
FOTOS: Archivo / Página Siete
Planta solar de Yunchará (Tarija), inaugurada en 2018.
Foto: ABI

¿Revisará Bolivia  sus planes climáticos para el año 2010?

Página Siete  / La Paz

Los gobiernos que presentaron sus  Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional 2015, que son planes  de acción climática nacionales en el marco del Acuerdo de París, están llamados a cambiar o actualizar dichos documentos hasta el 2020.   

El año  2015, el Gobierno presentó la Contribución Prevista Determinada Nacionalmente del Estado Plurinacional de Bolivia (CPDN) en el marco de la COP21 (Conferencia Mundial por el Cambio Climático). 

En este documento Bolivia hizo una crítica al sistema capitalista como causante de la crisis climática y manifestó que los países desarrollados deberían hacer más esfuerzos para la reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2), según apunta el investigador técnico de Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático  (PBFCC) Martín Vilela. 

El Acuerdo de París entra en vigencia a partir del próximo año. y desde entonces  hasta 2030 se llevará a cabo el primer periodo de compromisos. En él se estipula que todos los países que presentaron sus intenciones en  2015 pueden  cambiar, actualizar, renovar sus planes de contribuciones antes de 2020. 

Uno de los resultados que se plantea el Estado de Bolivia  en el CPDN es que  se haya “desarrollado el potencial exportador de electricidad, generada principalmente por energías renovables, llegándose a exportar el año 2030 un estimado de 8.930 megavatios, incrementándose la renta energética del Estado”. 

Para lograr cumplir con la producción de energías renovables que se estipula en  el plan de acción de Bolivia, las  megahidroeléctricas  deberán entrar en funcionamiento. Estas son obras que   no asumen  un compromiso con la reducción de emisiones de CO2, según los expertos. 

“Nosotros creemos que es importantísimo que Bolivia actualice sus compromisos de tal manera que signifiquen un aporte de reducción de emisiones de CO2 (…). Estamos en riesgo de que, además (después de 2020), el Gobierno de Bolivia tenga un documento firmado ante Naciones Unidas que deba  cumplir”, destaca Vilela, quien  se especializa en justicia energética.

El experto informó que la PBFCC   ha realizado un análisis amplio sobre el plan de acción del Estado presentado el año  2015, y propondrá  el debate para que el país   actualice el documento  hasta fin de año.

“Vamos a trabajar en una propuesta alternativa inicial. Ahora estamos haciendo un estudio de las potencialidades de las energías alternativas y esperamos que esté listo para dentro de dos meses”, concluyó Vilela.

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