“Pedí a mi hija que deje su carrera; perdimos todo”

martes, 07 de mayo de 2019 · 00:04

 Wara Arteaga / La Paz

La sonrisa que  Delina Condori muestra todos los días oculta varios años de sueños rotos. El último  fue el derrumbe de su casa  por el deslizamiento, luego de trabajar por años para su construcción. Otra de sus penas es   la posible pérdida del quiosco que estaba a punto de comprar y que la sacaría  de trabajos ocasionales de limpieza y del oficio de  arenera.   

La casa que habitaba era como un reino de  mujeres: su madre, quien   con su avanzada edad aún trabajaba en el río, ella, quien  se dedicaba a la limpieza y al oficio de  arenera, y su hermana menor, quien hasta hace unos meses también se dedicaba a lavar piedras a las orillas del río Cotahuma.

“A veces pienso que no tendría que vivir esta situación si mi esposo no me hubiese dejado”, lamenta después de contar que el padre de sus hijos la abandonó después de que ella sufriera quemaduras de tercer grado, en un accidente, cuando vivían en un cuarto en anticrético.  

Con el apoyo de su mamá,  construyó una casa en  el terreno heredado por  su papá y en unas semanas dejaría el trabajo de limpieza para vender café y almuerzo en un quiosco que una amiga le estaba vendiendo a cuotas. “Mi hija estudia enfermería y es una carrera cara, ahora deberá congelar su carrera porque no hay dinero, tengo dos hijos más que están en primaria”, cuenta.

 Condori, de la carpa 45, es fuerte, pero no puede evitar llorar cuando recuerda  que por salvar sus bienes tras el deslizamiento,  perdió  sus ahorros para emprender   un nuevo negocio. Relata  que mientras sacaba sus bultos, algunas personas se acercaron para ayudarle y se llevaron  varios objetos de valor. Lamenta  que desde hace meses su exesposo tiene una orden de aprehensión porque no paga  pensiones y cambió de casa. 

“Ya no tenemos  trabajo”, explica la mujer.  Y ante tanta tragedia una de las quejas menos importantes es la de las donaciones, pero  pese a eso Condori  enfrenta una situación negativa.

 Dice que tiene pocas camas y que al pedir ropa para sus hijos, sólo encontró  prendas grandes y rotas.   “Vi un pantalón para mi hijita, pero cuando lo levanté una  funcionaria me gritó delante de todos: ‘¡¿Qué estás alzando?!’”, cuenta, y dice que en ese momento  sintió una gran decepción.  

“Salí a llorar y una voluntaria me vio, entonces  me regaló ropa. Si mi esposo no me hubiese dejado, mis hijos no tendrían que vivir esto”, lamenta.

 

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