Eusebio, los últimos días del benemérito de la Guerra del Chaco

El excombatiente tarijeño Eusebio Muñoz Aparicio tenía 102 años. El Presidente escribió que 'Bolivia estará eternamente agradecida con los héroes de la Patria'.
jueves, 06 de junio de 2019 · 15:28

Danitza Pamela Montaño, El País /  Tarija

Eusebio Muñoz Aparicio de 103 años nos dejó ayer a las cuatro de la madrugada, aquejado por algunas dolencias y sobre todo por una caída que le dejó secuelas. Se trata del último benemérito de la Guerra del Chaco en la ciudad de Tarija.

“Dios más bien me ha favorecido, éramos cuatro hermanos que hemos ido, dos han caído prisioneros, y el otro volvió conmigo, pero nada más”, comentaba Eusebio enfundado en una camisa celeste y una chamarra café cuando cumplió cien años.

“La Guerra ha sido como para no contarla, a veces sufríamos de hambre, sufríamos ataques por una semana, a veces nos vencían y nos sacaban, pero hemos sido nosotros quienes hemos avanzado hasta Boquerón, lo hemos quitado y estábamos ahí cuando se terminó la Guerra”, fueron las últimas palabras que escuchó Tarija de labios de Eusebio en su cumpleaños número cien.

Sin embargo, un minuto fue suficiente para que el destino le juegue una mala pasada. En sus últimos días -según aseguran sus hijos- poca gente fue a verlo y no hubo autoridad que brinde apoyo a la familia en los gastos médicos.
En el velorio
Su hijo Edmundo Muñoz en medio de los ajetreos del velorio -en los salones de la funeraria San Juan- se toma un tiempo para conversar con El País. Así dice que lo que más valora de su padre, aparte de ser un héroe de la patria, es que les enseñó el valor del trabajo.

Aún con un nudo en la garganta se da impulso y relata que el benemérito nació en San Agustín Sud, estudió en la escuela del poblado y a los 16 años fue reclutado para la Guerra del Chaco.

“Estuvo durante tres años en la Guerra, no fue solo sino que fue con sus hermanos. En la contienda ha sufrido mucho. Contaba que a veces no tenían para comer ni tomar y se las tenían que buscar cosechando raíces, masticando coca y bebiendo su propia orina”, explica Edmundo visiblemente apenado.

A su retorno Eusebio conoció a Isabel Orozco Torres y aproximadamente en 1935 se casó con ella. Según dice su hija Blanca Hilda Muñoz Orozco, Eusebio tuvo once hijos, poco a poco fallecieron siete por diversas circunstancias. “Ahora somos cuatro, tres hombres y una mujer”, asegura.

Aunque el benemérito nació en San Agustín Sud cuando contrajo nupcias se trasladó a San Agustín Norte, donde se estableció con su esposa y se dedicó a la agricultura hasta entrada su vejez.

En esa comunidad su firmeza, su carácter determinante y sus grandes valores lo destacaron. De esta manera fue corregidor de San Agustín durante 30 años.  Uno de los momentos más difíciles para don Eusebio llegó cuando su esposa falleció a los 94 años. “Como hace diez años atrás”, enfatiza Edmundo.

Eusebio, antes de ser internado, pasó sus últimos años en su hogar de San Agustín Norte rodeado de sus “tesoros”, muchas cosas invaluables, referidas a la época en la que participó de la Guerra.

Sus hijos poco a poco se fueron independizando por lo que el benemérito vivió su última etapa al cuidado de su nieto Waldemar Llanos Muñoz (de 48 años) a quien crió desde pequeño.

Pero el tiempo no pasaba sin dejar huella. Ya desde hace tres años tenía problemas de la vista, el oído y dolor en las rodillas, más aún, según Blanca, no era algo muy grave. Sin embargo, su salud se fue complicando a raíz de una caída que sufrió en su casa.

Blanca cuenta que su padre fue un hombre muy vigoroso hasta su última etapa. “Él siempre estaba bien, incluso nosotros teníamos más problemas de salud  y operaciones que él mismo”, dice y agrega que la complicación de su salud se debió a la caída.

Tras el fatídico episodio – según detalla- don Eusebio fue internado en la clínica Yapur, empero ante el costo de la clínica sus hijos tomaron la determinación de trasladarlo al hospital Obrero, donde lamentablemente falleció.

Aunque Eusebio fue reconocido por las Gobernación cuando cumplió cien años, sus hijos lamentan la desatención de las autoridades en la última etapa de la vida del benemérito. “En el tiempo que él estuvo en el hospital no se acercó nadie, decían que era una joya, pero a la joya no le vino a ver nadie. Ni una bolsa de pañales nos dieron”, asegura Blanca.


Las últimas palabras de una hija
Blanca Hilda Muñoz Orozco es la única hija viva de don Eusebio, ella es madre de Waldemar Llanos Muñoz, el nieto que se crió con el benemérito y que cuidó de él en su última etapa.

Con los ojos llorosos destaca la rectitud de su padre. “Nos crío muy bien. En una mano el pan y en la otra el cinto, por eso somos rectos”, asegura con el orgullo y admiración que a menudo sienten las hijas por sus padres.

Finalmente antes de despedirse, Blanca traga saliva y expresa:

“Encargarle a Diosito que me lo tenga en su santa gloria y que descanse en paz porque ya más de un siglo que nos ha acompañado. Gracias papá. Gracias”. Tras pronunciar estas palabras Blanca se despide y se sumerge en los correteos del momento doloroso por el que atraviesa su familia.

Los restos del benemérito son velados en la Funeraria San Juan y su entierro se  realizará hoy a las cinco de la tarde en el cementerio General de Tarija. Antes de eso se efectuará la misa de cuerpo presente en la iglesia San Roque.

En los últimos años, 2017-2019 fallecieron muchos excombatientes de la Guerra del Chaco, la mayoría llegó a cumplir 100 años y algo más. En marzo falleció el benemérito Casiano Rivera Guzmán.

A partir de un reporte del Servicio Nacional del Sistema de Reparto (Senasir) quedan 22 beneméritos vivos en Bolivia de los cerca de 200 mil que fueron movilizados al Chaco boliviano, entre los años 1932 y 1935, para participar de la contienda bélica.

El presidente Evo Morales escribió en su cuenta de Twitter que Bolivia "estará eternamente agradecida con los héroes de la Patria".

 

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