El día a día de los damnificados del deslizamiento que aún viven en carpas

miércoles, 10 de julio de 2019 · 16:43

Aldo Peralta / La Paz

Han pasado más de sesenta días del deslizamiento en San Jorge – Kantutani y los damnificados continúan distribuidos en carpas en una cancha. El campamento está instalado en el Complejo Recreacional Deportivo de Sopocachi Fígaro, más conocida como la cancha “Fígaro”. Son 51 carpas amarillas que resaltan sobre el verde oscuro del campo deportivo. El césped es sintético y permanecer sentado ahí, por el calor del sol de media mañana, es incómodo.

En medio del campamento, más arrimada hacia la izquierda, está la carpa número 26. Quien la habita es Naida Mendoza, de 25 años, junto con su esposo Gabino Mamani, que es mayor que Naida por escasos dos años, y sus dos hijas: Leydi y Briana, de ocho y cinco años respectivamente. Mendoza aprovecha las mañanas para las labores de casa, por ejemplo jabonar la ropa de su familia en el ingreso de la vivienda provisional.

 

Naida Mendoza jabona en la puerta de su carpa.

 

El interior de una de las carpas es de dos metros y medio por cuatro aproximadamente. Vista desde afuera parece amplia, pero la realidad es otra desde el interior. “Es inhumano vivir aquí” asegura Naida. Manifiesta que en el día hace demasiado calor, porque las carpas son de un material plástico, pero por las noches la complicación es mayor por el frío de esta época.

“Hace mucho frio aquí, tratamos de tapar todas las ventanas con naylon para que no entre el frio” asevera Naida. A raíz de las inclemencias del invierno otra de las dificultades que presentó Mendoza es que le diagnosticaron neumonía. Otra de las incomodidades del día a día es que deben esperar y hacer fila para utilizar la ducha del complejo deportivo que en la actualidad solo funciona una para los hombres y otra es exclusiva para las mujeres.

 

El interior de la carpa donde viven Naida con su familia.

 

Un problema mayor que identificó Mendoza es que por la falta de dinero y mejores condiciones de vida pueda desintegrarse su hogar. Confiesa que tuvo discusiones con su esposo por temas económicos. En la actualidad tienen una deuda con el banco, Naida asegura que la institución financiera le prestó la cantidad de trece mil dólares para pagar el anticrético del departamento que ahora solo son escombros.

Antes del deslizamiento, Naida con su familia vivían en el segundo piso en un edificio en la av. Libertad. En la planta baja, de la misma vivienda, es donde Mendoza tenía su negocio. Era una tienda variada donde comercializaba carne de res, de pollo, embutidos, abarrotes variados, verdura, refrescos y productos de consumo masivo.

 

 

La mañana del 30 de abril, Emanuel, el hermano menor de Mendoza logró grabar el video con su celular, desde el segundo piso donde vivía Naida. Este video muestra la destrucción de las casas por causa del deslizamiento.



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