Solidaridad, un rayo de luz en el momento más oscuro de la historia de Roboré

Donaciones y manos para ayudar llegan al centro de operaciones para tratar de apagar el fuego en la Chiquitania y el Pantanal. En todo el país los bomberos han organizado múltiples campañas de ayuda.
lunes, 26 de agosto de 2019 · 00:04

Carolina Méndez / Santa Cruz 

“Nos desesperamos por la situación y vinimos con lo poco que teníamos. No podíamos quedarnos de brazos cruzados. Somos bomberos voluntarios y estamos entrenados para enfrentar las llamas”, relata Martín Santos, quien llegó desde Santa Cruz junto a otras nueve personas. Todos voluntarios.

Han pedido permiso en sus trabajos y en la universidad para poder poner el cuerpo a la emergencia. Están alojados en la casa de un amigo de Roboré, duermen en el piso o donde pueden, para ellos eso es lo de menos.

“Estaremos hasta el viernes porque lamentablemente muchas empresas no reconocen el trabajo voluntario y debemos volver a nuestros trabajos”, dice Jerson Bravo, otro de los bomberos voluntarios.

“He cerrado mi puesto en el mercado al igual que otras compañeras”, cuenta María Reyes, comerciante de Roboré que ha suspendido temporalmente su trabajo para ayudar en la preparación y repartición de la comida a todo el personal que aplaca el fuego. “Ahorita esto es lo más importante”, agrega.

La solidaridad y el trabajo comprometido de toda la gente hacen brotar la esperanza en medio del desastre. Hasta la Alcaldía de Roboré llegan panes horneados por una vecina que decidió apoyar con el desayuno. Otro llega con un freezer para ayudar a preservar la carne. También llegan camiones con vituallas enviadas desde las ciudades.

Bomberos voluntarios llegaron de todos los departamentos para mitigar el incendio, hacen turnos y reciben ayuda de los pobladores, aunque la misma no alcanza y faltan manos. Si bien el fuego se apagó en algunos lugares, está latente la amenaza de que se enciendan otros; los vecinos no viven tranquilos.

En todo el país los bolivianos han organizado múltiples campañas para conseguir medicamentos, víveres, agua y dinero para combustible. Todos los esfuerzos tratan de mitigar el terrible impacto del peor incendio de la historia que ha sufrido el municipio cruceño.

Incendios cada cinco años

La Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) está en la zona afectada desde hace varias semanas cooperando en la coordinación de las faenas con reportes de monitoreo satelital de los incendios y focos de calor. Cada noche participa en la reunión con la Policía, el Ejército, los ministerios, alcaldías, voluntarios y vecinos interesados.

Entre todos evalúan la jornada y planifican el desafío del día siguiente. Pero los reportes son claros y FAN sabe que después de la emergencia será necesario sentarse a hablar de los que nos espera en los próximos años.

Carlos Pinto, gerente de Proyecto de FAN, afirma que en adelante la frecuencia de incendios será de  cada cinco años. “El patrón global actual de frecuencia de incendios es cada cuatro o cinco años. La tendencia es que cada vez sea más catastrófico que el anterior. Esto como producto del cambio climático”, sentencia el especialista.

Ante esta proyección temible de años posteriores aún más duros, está la convicción de que el fuego no consigue quemar la solidaridad, sino que, más bien, sólo la aviva en el pueblo boliviano.

 

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