En Roboré el fuego no duerme y arrasa con otras 30 mil hectáreas

Mientras unas comunidades combaten las llamas, otras sufren por la sequía. “La falta de agua y de alimento para los animales es el problema extendido”.
miércoles, 28 de agosto de 2019 · 00:04

Carolina Méndez / Enviada especial a Roboré

Roboré contabiliza ya un mes de fuego obstinado en su territorio. Pese a los intensos trabajos en la zona, las llamas se reavivan y vuelven a alarmar a la población que no encuentra calma ante tanta incertidumbre. Sólo en los últimos seis días se han quemado alrededor de 30.000  hectáreas más y es que el fuego no duerme ni da respiro a los cientos de personas que  lo combaten.

“Las comunidades que están sobre la carretera fueron afectadas por fuego y todas las demás están perjudicadas por la sequía y la helada. La falta de agua y la falta de alimento para los animales es el principal problema extendido. En este momento estamos por llegar a las 100 mil hectáreas quemadas”, indicó el secretario general municipal de Roboré, Carlos Ragone.


El fuego  parece extinguirse pero luego vuelve a reavivarse.

Roboré se ha convertido en el centro de las operaciones del “Plan Tajibo”,   que busca confluir esfuerzos de distintas instancias para acabar con el fuego en la Chiquitanía. Hasta el pueblo llegan las donaciones, los voluntarios y las autoridades de otros municipios buscando refuerzos para sus territorios. 

En el lugar también están constantemente el  ministro de Defensa, Javier Zavaleta,   y el Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana. Sin embargo, pese a ser el centro de todo el despliegue logístico, el fuego aún amenaza  la zona.

Ragone señala que hasta la semana pasada el municipio reportaba 60.000 hectáreas arrasadas por el fuego en Naranjos, San Lorenzo Nuevo, San Lorenzo Viejo, Aguas Calientes, Yororobá, Sansabá, Aguas Negras, Gavetita, Quitunuquiña, Santiagoma, San Rafael, Chochís, Portón, Peniel, Urucú, Pesoé y La Ramada. La cifra crece sin pausa. 


Un helicóptero  apoya el trabajo en áreas de difícil acceso.

Según la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), el 21 de agosto en el municipio  de Roboré había  58.839 hectáreas  arrasadas por el fuego. Un nuevo  reporte señala que el  27 de agosto  las áreas afectadas  ya sumaban 82.358 hectáreas, casi 30.000 más en sólo seis días. 

Sus reportes también revelan que el último evento de gran magnitud fue registrado el año 2010  cuando el total de hectáreas quemadas bordeó las 45.000. Este año, esa cifra se ha duplicado con creces y aún continúa la amenaza en toda la zona.

   El reto de la serranía  y la noche 

Una de las grandes barreras que aparece para todas las cuadrillas de bomberos y voluntarios al momento de intervenir en Roboré, es la topografía que posee el municipio. Las altas serranías y el bosque sin caminos  hacen que la entrada sea limitada.

Los cisternas no pueden ingresar para abastecer de agua a los bomberos y en algunos lugares el acceso es exclusivamente aéreo. Muchos ingresan a combatir las llamas únicamente con botellas de agua en las manos.


Los animales  que no lograron escapar se  carbonizaron.

“Debería llegar el cisterna aquí. Mire, van y echan agua y hasta que salen a recargar otra vez nuevamente arde el fuego”, indica Orlando Parabá, comunario de Quitunuquiña. 

El equipo de bomberos, provenientes de la Gobernación de Santa Cruz, le explican que para que entren los cisternas tendrían que tumbar algunos árboles para abrir camino. La zona tiene fuego en las serranías desde hace cinco días a pesar del trabajo constante en el lugar.

“El problema es que el fuego no duerme y la gente que viene de la ciudad tiene miedo de entrar al monte de noche” relata Aurora Tomichama, haciendo hincapié en que las horas nocturnas son claves para sostener el trabajo diario y extinguir  las llamas. 

“Mis hijos entraron a trabajar anoche y han estado hasta las seis  de la mañana que fue cuando entraron los soldados” agrega.

Pese a que el fuego intenso no está cerca del pueblo de Roboré, el aire en toda la zona continúa afectando de infecciones en los ojos y de tos a    los habitantes, por ello las labores escolares continúan suspendidas y aún no se restablece la vida cotidiana en el pueblo que no deja de rogar porque llegue   la lluvia.
 


El territorio  debe ser enfriado lo antes posible.

 

1
41