33 jóvenes cumplen sentencia y se benefician de un plan integral

domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:03

Verónica Zapana  / La Paz

En el Centro de Reintegración Social para Varones de La Paz   hay 33 adolescentes que  cumplen una  sentencia y 53 guardan detención preventiva. Los  que tienen condena  se benefician de un plan integral de vida a corto plazo.

“De los 86 internados que tenemos,  33 tienen sentencia y el resto (53) están con detención preventiva. De este último grupo   su permanencia es de una semana o de  un mes o dos”, informa la directora de este recinto, Rosario Mendoza.

La trabajadora social  Rosmery Ortiz explica que los jóvenes tienen una sentencia de acuerdo al delito que cometieron. “Les dan entre cuatro a seis años”, dice.

Los menores de edad que ya tienen sentencia aplican el Plan Individual de Ejecución de Medidas (PIEM) o plan de vida a corto plazo. Este proyecto se construye de acuerdo al tiempo de permanencia en el establecimiento. “Este PIEM  es integral, tiene  metas que cumplir en salud, educación, terapias ocupacionales y familiar”, dice. 

 Una vez que un  adolescente cumple la mitad de su sentencia y un día (tres años y un día) y tenga  un buen avance en su PIEM “puede acceder a detención domiciliaria”.

Para  conseguir este  beneficio  el equipo multidisciplinario del centro debe respaldar la sentencia con un informe positivo en educación y  participación de los diferentes talleres. “Nosotros promovemos la salida de los jóvenes cuando cumplen  la  mitad de su sentencia”, sostiene.

Pero  hay  un 2% de los 33 con sentencia que no cumplen un buen avance en el PIEM.

Mendoza   recuerda que algunos jóvenes escaparon del centro atando sábanas y trepando por  una de las paredes.  “Es que este espacio está adaptado”, dice.  

Otros internos  incluso agreden, extorsionan o  no respetan el espacio de sus compañeros en los pabellones,   comenta  Mendoza. Indica que por eso  los educadores  se encargan de hacer controles estrictos y   supervisan las actividades de  todos los internos. 

Dentro de las labores que realizan, los adolescentes están obligados  a barrer,  lavar platos y  ollas, cocinar, limpiar los  baños y  sacar  la basura a la puerta. “Cada uno tiene su oficio correspondiente”, dice.

En el ámbito de la salud mental,  el psicólogo de este centro  José Borda   explica que  trabajan para que los  jóvenes aprendan a expresar sentimientos y reconocer ciertas situaciones que han afectado su vida, además  realizan sesiones para que aprendan a controlar  la ira y manifestar la culpa.

Ortiz puntualiza que también  buscan la existencia de  un lazo familiar.   Cuenta que varios   fueron abandonados.  “Otros  tienen familiares, pero sus parientes no quieren saber nada de ellos”, asegura.  Indica  que por eso la  unidad  de psicología del centro busca que las familias se acerquen y ayuden  a estos jóvenes.

Profesores visitan el centro para dictar clases

Los adolescentes internados pasan clases para niveles de  secundaria con maestros que acuden al  Centro de Reintegración Social para Varones de La Paz. Este año  siete  jóvenes  saldrán bachilleres.

“Si bien entran los adolescentes al centro,  no significa que ellos dejen de estudiar. Más bien  buscamos  restituir el derecho a la educación”, dice   la directora de este centro,  Rosario Mendoza.

Sostiene que  este recinto tiene un  convenio con un colegio para que  sus maestros dicten clases a los internos. Este año,  siete adolescentes del centro  están en la promoción. Incluso  ya participaron del acto de toma de nombre. “Para participar de ese evento, los familiares se movilizan en sacar un permiso judicial”, dice  la trabajadora social y  añade que deben cumplir el mismo requisito para  el acto de graduación.

Explica que  los otros  adolescentes  están en diferentes niveles, incluso hay algunos oyentes. “Todos los estudiantes acaban de recibir sus libretas electrónicas”, dice Mendoza  y explica  que si alguno tiene bajas notas, recibe ayuda del personal del recinto.

Los jóvenes   también  reciben formación  técnica  de un centro de  educación alternativa que  envía docentes para dictar clases de computación, alimentación y corte y confección. Este espacio  tiene además alianzas estratégicas con otras fundaciones y organizaciones, como Save The Children, Sepamos y miembros de una iglesia cristiana, para que impartan diferentes talleres,  como bisutería y  marroquinería, entre otros.

“Los prendas  que confeccionan, como chamarras y  poleras, son distribuidas a  ellos mismos. Los  productos, como carteras y manillas, son vendidos   a  sus visitas”, puntualiza Mendoza. Resalta que al concluir los cursos  los internos  reciben   certificados  que son presentados  al juzgado para que puedan reducir su  condena.

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