Seis feminicidas menores de edad evaden la cárcel por un centro de reintegración

En La Paz, infractores desde 14 hasta 18 años con responsabilidad penal son enviados a un recinto del Sedeges. Según las autoridades, la máxima sentencia que reciben por este delito es seis años de internación.
domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:04

Verónica Zapana S.  / La Paz

Después  de más de dos  meses del cruel asesinato de su única hija,  Judith sigue destrozada y aún no encuentra consuelo. Su retoño,  Abigail,  de 18 años, fue golpeada y atacada con  piedras  y  un cuchillo  hasta morir por su   exnovio de 17 años.

El agresor fue detenido y por su edad actualmente   guarda  detención preventiva en el Centro de Reintegración Social para Varones,  dependiente del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges). La familia de la víctima exige que el asesino reciba una condena de 30 años y  sea enviado a una cárcel.  

El verdugo  de Abigail no es el único menor de edad  que  fue enviado o cumple una condena    por feminicidio en  este centro de reintegración. Según la trabajadora social de este espacio, Rosmery Ortiz,    otros cinco  adolescentes  están internados en  este recinto por el mismo delito.  “De los 86 internados que tenemos, seis están por feminicidio”,  explica la funcionaria y aclara que los jóvenes    ingresaron en diferentes fechas.

El Centro  de Reintegración    Social  recibe a adolescentes   desde los 14  hasta los  18 años con responsabilidad penal. Según los responsables de este espacio   todos  los internos  tienen los mismos derechos  y  obligaciones.  Estudian, se capacitan en diferentes áreas, hacen deporte  y no salen del recinto  sin un permiso  judicial.

Este recinto cuenta con un equipo multidisciplinario, compuesto por  educadores, psicólogos, médicos, enfermeras y trabajadoras sociales que  dedican todo su tiempo para  promover un “cambio de actitud de los jóvenes”.  “En la mayoría de las ocasiones lo logramos, aunque existe un mínimo porcentaje que no lo hace”, dice  la directora  de este recinto, Rosario Mendoza.

Los adolescentes ingresan  a este centro  a través de los juzgados de Niñez y Adolescencia de La Paz, El Alto y las provincias del departamento paceño. “(La máxima  sentencia que recibe esta población)  por cualquier delito -homicidio, feminicidio, asesinato o violación-  es de  seis años”, explica. 

Para la tía de Abigail,  Estela Q., los seis años de internación en este centro  “no son suficientes” para castigar a un feminicida. “Por su crueldad, toda una familia está destrozada y  mi hermana aún no se repone de la pérdida de su única hija”, dice.

El artículo 83 de la Ley Integral para Garantizar a la Mujer una vida Libre de Violencia (348)   establece  la modificación a algunos artículos del Código Penal. Uno de estos es el  254, que señala que “se sancionará con la pena de presidio de treinta (30) años sin derecho a indulto  a quien mate a una mujer” y que de por medio exista una relación sentimental, agresión sexual y violación, entre otros.

Sin embargo, la Ley 548 Código Niño, Niña, Adolescente  establece que “si la persona imputada fuera menor de 18 años, su procesamiento  se sujetará al Sistema Penal para adolescentes establecido en el Código Niña, Niño y Adolescente”. Y basado en  esta norma los adolescentes que   cometen feminicidios son enviados a este tipo de centros. 

La activista del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), Patricia Bráñez,  explica  que no entiende por qué los agresores menores de 18 años  de edad son juzgados bajo el Sistema Penal  para adolescentes cuando el delito es  un feminicidio. 

“Al parecer,  la valoración de la vida de una mujer valdría menos que la de un hombre. Creemos que se tiene que aplicar la pena máxima en caso de comprobar las  relaciones de poder y  la premeditación”, comenta.

Bráñez  indica que  llama la atención  y preocupa que cada vez sean  más jóvenes los que cometen delitos graves, como violación grupal y feminicidios. “Estos delitos se están dando  con mayor frecuencia en relaciones de noviazgo o enamoramiento”, sostiene.

Desde enero hasta  julio de este año, tres crímenes  causaron conmoción en el país por la crueldad de los ataques y porque los feminicidas  tenían entre 16 y 18 años, según un registro elaborado por Página Siete.  De estos casos, una de las víctimas fue Abigail.

Los tres agresores fueron capturados y confesaron los  asesinatos. Los de 16 años  guardan detención preventiva en centros de menores infractores. El de 18 años fue sentenciado a 30 años de cárcel y cumple su condena en el penal de  San Roque, en Sucre.

Para la activista, estos casos   muestran que no existieron avances en el área educativa. “Se siguen repitiendo  los patrones patriarcales de control, vigilancia y  que los adolescentes y jóvenes  se sientan  dueños de su enamorada”, dice.

El psicólogo Aldo Cortez   explica  que por lo general un feminicida   o  agresor adolescente  reproduce la violencia que  vivió en algún momento de  su vida. Y es por eso -indicó-  que un infractor joven es agresivo, posesivo y controlador. “No deja que su pareja se arregle, que tenga amigos  y controla  hasta su celular”.

Un recreo  y una peluquería 

En la puerta del Centro  de Reintegración    Social,  un policía se encarga de controlar el ingreso y la salida  de  cualquier persona. Sólo los abogados de los adolescentes y  las personas autorizadas pueden entrar  al lugar que parece un internado.

Ni bien uno ingresa a este recinto, se encuentra   con las oficinas administrativas, donde los adolescentes tienen  libre acceso. Ahí en un pequeño espacio se montó una peluquería,  donde voluntarios del Instituto Berlín cortan el cabello a los jóvenes.

 “Por qué  ya  no ha venido. Por qué se ha perdido”, dice uno de los adolescentes a la peinadora que afanada corta el cabello a otro de los internos.

“Yo quiero que me hagas un corte   que sea parecido al de  Ricky Martín. La última vez  me cortaste muy lindo”, dice  otro de los jóvenes que   espera la atención de la peluquera junto a otros  ocho adolescentes.

Pasos más allá se encuentra la puerta  de  acceso al patio, las aulas y las habitaciones donde descansan.  En  el centro del patio, algunos de los internos juegan fútbol de salón, otros simplemente están sentados sobre frazadas de polar y conversan  en  grupos. Otros  esperan una revisión médica.

 “Han pasado más de dos meses  y aún no hay sentencia. La próxima semana recién  terminará la etapa preparatoria”,   dice   angustiada  la tía de Abigail, Estela Q.     Cuenta  que su  familia no supera la muerte de la joven.  “La vi crecer, era como mi hija. Guardo muy lindos recuerdos”, explica y añade que su único consuelo  será que el feminicida que mató  a su sobrina   reciba la condena máxima de 30 años.

 

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