Daniela Soria-Galvarro: “No se admiten plásticos” en Roboré

La bióloga junto con otros voluntarios recolectarán todo el plástico que se genere en la zona de desastre con la llegada de la ayuda humanitaria.
domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:02

Carolina Méndez /  Enviada especial a Roboré

Cuando el fuego empezó su corazón no atinó a responder. Su vida enfrentaba un profundo momento de incertidumbre y ella tenía los ánimos embargados.  Atónita y ausente empezó a sentir de pronto cómo algo se le quemaba adentro. Recordó allí el mar verde del Valle de Tucabaca, pensó en los zorros de patas amarillas y fue entonces que, al imaginar los ojos del jaguar, lo entendió. Debía hacer algo para ayudar.

“Desde chica veía los documentales sobre jaguares y quedé muy cautivada. Son sigilosos, viven en la selva y se mimetizan muy bien. Además, son muy majestuosos. Ahora no puedo quedar indiferente al ver que su hábitat dentro del bosque chiquitano está siendo amenazado ya que luego del fuego, vendrá la basura”, dice la bióloga Daniela Soria-Galvarro.

Si hay algo que quiere hacer antes de morirse, es tener un encuentro con un jaguar. Esto la llevó a estudiar Biología, a internarse en la Chiquitania y a emprender una campaña para evitar el mar de plástico, que amenaza a la zona como resultado  de las donaciones que llegan ante la catástrofe  del incendio. 

Nació en  Comarapa y vivió allí hasta sus ocho años, luego migró con su madre a la ciudad de Santa Cruz, pero nunca pudo dejar de añorar aquellos años de niñez en el campo. Al hacer un recuento de su vida, explica que todas sus experiencias la colocaron en este  momento exacto para ser una obrera en la lucha ambiental. 

Las botellas  plásticas que llegan con las donaciones de agua se acumulan.

Pasó por una fundación de medioambiente y una ONG, hizo una maestría en áreas protegidas en Madrid y dirigió el Parque Regional Lomas de Arena y el Jardín de Cactáceas que es un área protegida en Comarapa. 

Su último trabajo fue en una petrolera, donde se encargó de los residuos a nivel de ciencia: verificaba que no quede prueba de que habían ingresado a los lugares. Todo eso y el estar sin trabajo justo en este momento la armaron de fuerza y emprendió un proyecto para recoger botellas en la Chiquitania.

“Hablé con un guardaparques con quien había trabajado y le pregunté cómo estaban haciendo para recoger los plásticos, me dijo que no me preocupe que recogerían de a poco en la medida de sus posibilidades. Imagínate, están apagando las llamas y aparte pensando en este trabajo. Le dije que no. Que siquiera en eso les ayudaría”, cuenta.

A diario llegan cientos de botellas con agua y bebidas energizantes donadas a los distintos municipios afectados. Son camiones enteros repletos de estos insumos, que llegan cargados y vuelven vacíos. ¿Por qué no devolverlos con el plástico de las botellas recolectadas?, pensó.

 Recibió ayuda del Club Rotary y de otros voluntarios que apoyarán la labor. Este es su “granito de arena” ante la catástrofe. Es lo que su amor a la naturaleza y la bronca ante la devastación le mueven a hacer.

“Lo que siento ahora es impotencia e indignación. Gobierno, agropecuarios,  sociedad civil…, todos estamos de alguna manera implicados en esta masacre a la naturaleza. No puedo terminar de explicar lo que siento, pero puedo decir que me duele el bosque y me duele la fauna”, relata sobre todo lo sucedido.

Junto  a sus amigos, ha  comenzado a involucrar y capacitar a la gente de los municipios afectados para recolectar el plástico y enviarlo a las empresas recicladoras en Santa Cruz. Si bien la idea surgió en Facebook, ella la asumió como reto.

Daniela está en la zona de desastre y pronto emprenderá la tarea colosal que tiene en mente. Quién sabe, quizás en alguna de sus expediciones rastreando el plástico en el interior del bosque consiga aquel encuentro tan esperado con el jaguar.

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