Prohibir uso de suelo y estudios, tareas para recuperar el bosque

Según los expertos, las medidas van desde pausa ambiental hasta educación. Hay que tomar acciones en fauna, flora, agua, tierra, aire y medidas legales.
lunes, 30 de septiembre de 2019 · 00:15

Wara Arteaga  / La Paz

¿Cómo y cuánto tiempo tarda en recuperarse un bosque? es la pregunta de muchas personas ante los incendios que aún  se registran en la  Chiquitania. Responder  esta consulta es difícil porque hay biodiversidad que quizá no se recupere más, según los especialistas.  El tiempo no es definido porque la tierra, aguda y las especies de flora y   fauna no se recuperan a la par.

 La respuesta a la interrogante de ¿cómo recuperar el bosque? es complicada, reiteran  los expertos, pues en el proceso interfieren diversos actores.

 Para Lorena Kempff, directora ejecutiva de la Fundación Noel Kempff Mercado, la recuperación de las áreas afectadas, “en el ámbito de  vegetación, (depende)  de la intensidad de los incendios. Son varios parámetros que podrían evaluarse para determinar los tiempos”. 

Agrega que incluso el tipo de bosque  se relaciona con el tiempo de recuperación.   “Hay bosques chaqueños que tienen raíces profundas, son bosques que tendrían mayor capacidad de regeneración; en cambio los bosques tropicales con raíces que están sobre la superficie, no son raíces profundas, entonces se tiene un mayor  impacto.  El impacto sobre la biodiversidad es otro tema, hay abundancia en  tipos de especies valiosas, y se deben considerar varios parámetros como los ecosistemas que albergan especies endémicas”, agrega.

  Respecto a los efectos de los incendios en la Chiquitania, la carrera de biología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)

sugirió a través de un pronunciamiento  la aplicación de diversas tareas que abarcan seis ámbitos (flora, fauna, aire, agua, tierra y normativas), englobadas en una lista de tres puntos.

La primera tarea es ejecutar una  evaluación de los daños  ambientales, económicos y sociales causados que  provocaron los  incendios.   Mientras se realicen estos estudios,  “toda actividad extractiva (agrícola y ganadera principalmente) se debe detener durante el tiempo necesario (mínimo de  cinco años)”,  se lee en el  documento.

 Durante la denominada “pausa ambiental” se debe realizar un monitoreo de regeneración natural e identificar  sitios y especies prioritarias para aplicar estrategias de restauración ecológica. 

Los biólogos piden convocar y crear un comité científico-técnico que genere y aplique un plan nacional de restauración de las áreas quemadas. “En este sentido exigimos que el Gobierno central comprometa recursos económicos para el desarrollo de dicho plan”, indica el segundo punto. 

Se debe realizar un  estudio físico químico de la fertilidad de los suelos en toda el área afectada. El comunicado explica que el fuego aporta a la tierra varias nutrientes como potasio, calcio, magnesio, y algo de fósforo. Esto durante uno   o  dos años, pero después la fertilidad química del suelo cae abruptamente. “Un programa de reforestación inmediata (en zonas previamente boscosas) debería enmarcarse en esa ventana temporal como un insumo más para garantizar el prendimiento de las especies aprovechando ese pico de fertilidad”, añade.

Para Carlos de Ugarte, especialista en áreas protegidas, el problema con  las tareas de recuperación, en el tema de reforestación, es  la tendencia  a trabajar de forma muy rápida y  en ocasiones con semillas que no son de la región.

No  permitir el cambio de uso de suelo. “No deben permitirse bajo ninguna circunstancia.  Toda  área afectada debería ser declarada zona de desastre para intensificar y garantizar ayuda internacional durante todo este proceso, y en las   áreas cercanas al bosque declararse “zona prioritaria para la reforestación como único uso permitido”, indica. 

El control social será importante para la regeneración del bosque. “(Permitirá) tener las condiciones necesarias y llevar a cabo el proceso de regeneración de la zona afectada, que no  sólo cubre los bosques chiquitanos, sino que abarca toda la región amazónica, las sabanas del departamento de  Beni y el Pantanal”,  añade.  

El docente de la Universidad de Oxford e investigador asociado del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, Jhon Wood,  dice que  todas las amenazas que aquejan a la Chiquitania, como los caminos y los sembradíos,  muestran un “panorama muy triste”. “Hay (que realizar)  más esfuerzo para conservar la belleza y  la apariencia de la biodiversidad y vegetación”, sostiene.  

Para el experto,  la educación juega un rol importante y  sugiere que en un futuro próximo se impulsen  campañas de conservación. “El futuro depende de los jóvenes de hoy, para crear un entorno seguro para la nueva generación”, indica.

Punto de vista
Thimothy Killeen, Científico Ambiental
 ¿Por qué está en llamas?

 

1. Cada año se inician decenas de miles de incendios en pastizales y tierras de cultivo, ya sea para manejar las malezas, o para deshacerse de los árboles muertos eliminados, como parte de los sistemas de producción agrícola.

2. El aprovechamiento forestal crea la condición para que se produzcan incendios forestales más intensos y extensos. El tipo más común de tala en la Amazonia y la Chiquitania es la tala “selectiva”, que consiste en cosechar especies comerciales y dejar el bosque en gran parte intacto. 

3. La actividad económica más importante en la Amazonia y la Chiquitania es la agropecuaria, que incluye la ganadería y la agricultura a pequeña y gran escala. La agropecuaria aumenta el valor comercial de la tierra, lo que impulsa la deforestación en la frontera agrícola.

4. Más del 80% de la deforestación en Bolivia ocurre en el departamento de Santa Cruz, y es causada directamente por la búsqueda del crecimiento económico, el cual es apoyado por políticas públicas y privadas que tienen un profundo apoyo a nivel local, regional y nacional. 

5. Desde 2012, la deforestación en la Amazonia andina (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) ha sido aproximadamente equivalente a la Amazonia brasileña, y la tasa anual de deforestación ha ido aumentando lentamente en ambas regiones.

Bolivia forma parte de una larga historia de migración interna y desarrollo empresarial. El apoyo del Gobierno ha llevado a la tasa de deforestación a su punto más alto en la historia. En  promedio 275 mil ha /año.

El suelo, base de la cadena productiva, está herido

Todos los factores deben evaluarse de forma sistémica porque actúan de acuerdo a  un ciclo en la naturaleza, explica la ingeniera ambiental, Cecilia Tapia.  El fuego cambia los procesos ecológicos e implica una alteración de los flujos de la materia y la energía. En este sentido, el suelo, que es la base de la cadena productiva, es uno de los sistemas más afectados.

Es importante la limpieza de ceniza y material vegetal calcinado. Además “se debe prevenir la acción de erosión cuando comiencen las lluvias, para esto hay diferentes técnicas de tratamiento y rehabilitación de suelos, por ejemplo,  la  siembra de semillas nativas y protección con mulch (cubierta protectora del suelo). Es necesario hacer algún proyecto piloto de restauración ambiental con estas técnicas en una zona de mayor erosión”, acota Tapia.

El incendio produjo un calentamiento que ocasionó cambios en las propiedades físicas, biológicas y químicas del mismo terreno. Un estudio de suelos, en especial del pH, entre otros, ayudará a identificar zonas prioritarias  para  restaurar y las  áreas que la naturaleza deberá encargarse.

Sin bosques, la lluvia disminuye

La bosque crea las condiciones climáticas para la lluvia. Al desaparecer los bosques, disminuyen las lluvias y el ambiente se torna más seco,  según un informe de  la carrera de biología. Esto podría incidir en la formación de un nuevo ecosistema adaptado a las nuevas condiciones,  pero que representaría la pérdida total del ecosistema original. 

Es que “el flujo del  agua sobre el terreno incendiado llega a duplicar la impermeabilidad de la superficie del suelo. En este sentido, no sólo existirá erosión física,  sino también erosión química debido a la pérdida de nutrientes y a la disminución, con el tiempo, de la fertilidad”, dice  el comunicado. A medida que el desastre aumenta, el área afectada se torna más y más vulnerable, esto puede acelerar el proceso de transformación del ecosistema natural. 

Se deberán realizar  además muestreos y análisis de cuerpos de agua cercanos, estos deben ser monitoreados de manera continua. También se debe controlar las fuentes de agua de consumo de la población, para evaluar las medidas a tomar, por ejemplo, los  filtros y los  tratamientos.

El incendio produce gases de efecto invernadero

Los árboles, en realidad toda la flora,  consumen durante su existencia dióxido de carbono (CO2),  y cuando se mueren, se secan o se queman  liberan esos mismos gases. Los bosques son los grandes consumidores del CO2, pero ahora, por la magnitud de los incendios, se han convertido en grandes emisores de distintos elementos tóxicos.

 “Producto del fuego, grandes volúmenes de dióxido de carbono, metano y monóxido de carbono, entre otros gases de efecto invernadero (GEI por sus siglas en inglés), se están liberando al medioambiente. Lamentablemente estos elementos contribuyen a agudizar los efectos negativos del cambio climático a nivel global. Sin embargo, también hay efectos a nivel local los cuales ya son visibles”, se lee en un  comunicado de  la carrera de biología. 

La alta concentración de humo  afecta no sólo a la salud de las personas y a la fauna circundante,  sino que, además, está reduciendo la capacidad fotosintética de las plantas que quedaron en los alrededores, a futuro esto podría afectar a la flora sobreviviente.

Se pierde uno de los ecosistemas menos estudiados

La pérdida de nutrientes es mayor cuanto más intenso sea el incendio, sin embargo, en los primeros momentos tras el fuego, se produce un mayor aporte de nutrientes por la muerte de raíces y por el menor consumo de la vegetal.

Después del incendio, la diversidad de flora que produce la tierra (arbóreo, arbustivo y/o herbáceo), queda drásticamente reducida, apareciendo el suelo ligeramente cubierto por cenizas y restos calcinados. Pero estos desaparecerán rápidamente con el viento y las primeras lluvias.

Los suelos desnudos no sólo aceleran los procesos de erosión (desgaste o degradación) hídrica y eólica, sino que disminuye la fertilidad natural conduciendo a una inminente desertificación/desertización, debido a la pérdida de los horizontes más fértiles del suelo, así como de los organismos asociados a éstos. Se debe mencionar que el ecosistema afectado es a la fecha uno de los lugares menos estudiados en Bolivia, lo que nos lleva a pensar que con la quema están desapareciendo muchas especies que nunca lograremos conocer y   poseían propiedades útiles que jamás podremos descubrir.

Animales que huyeron no tendrán mucho tiempo de vida

Varias especies vegetales y animales (muchas de ellas endémicas) fueron diezmadas, probablemente reduciendo sus tamaños poblacionales y por ende su capacidad de recuperarse. 

Las comunidades microbianas del suelo cumplen un gran número de roles, que van desde el reciclado de nutrientes hasta la promoción del crecimiento vegetal. Éstas también se vieron afectadas por el fuego.  En cuanto a la macro fauna, se pueden considerar a las que no ha logrado escapar del incendio y  desaparecieron en el lugar. El  informe de la carrera de biología enfatiza que los que animales que pudieron escapar no tendrán mucho tiempo de vida, pues prácticamente no existe alimento en el lugar y la poca agua que  ha sido contaminada por las cenizas.

Poblaciones de polinizadores, dispersores de semillas y herbívoros no existen por el momento en el área afectada. Tapia explica que la recuperación para cada especie es diferente. “En el caso de aves, puede plantearse la construcción de perchas asistidas para que las aves dispersoras de semillas nativas lleguen y coadyuven a una restauración ecológica”.

Las normas en Bolivia son contradictorias

Un estudio del experto Ramiro-Muñoz,  publicado en Nature de 2019, indica que desde el  año 2006 hasta el  2018 se realizaron políticas contradictorias en el ámbito de la conservación medioambiental. Desde el 2013, las políticas favorables a la conservación  de áreas protegidas han reducido drásticamente y han sido golpeadas por normas desfavorables.

El 2013 se aprobó la ley de apoyo a la Producción de alimentos y Restitución forestal (Ley 337).  El 2014 se aprobó una norma que indicaba que el resultado a las consultas obligatorias, ya no determinaba la decisión final.  El 2015  se destacó la primera de tres plantas solares fotovoltaicas construidas. Además aprobaron tres normas contra la conservación: represa Rositas, exploración de petróleo en áreas protegidas, y plan para triplicar las  tierras agrícolas. Ese año se aprobó la ley 741 que autoriza el desmonte con fines agropecuarios, según el estudio.

“Esta catástrofe llega un mes después de que Morales firmó el DS 3973, legalizando quemas en áreas previamente ilegales”, dice Alfredo Romero-Muñoz, biólogo de la conservación.

Confidencial

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