Consternación en Concepción por la muerte de voluntario

El cuerpo de Pablo Miguel Suárez Núñez fue velado durante algunas horas en la capital oriental antes de ser enviado a La Paz acompañado por su hermano.
lunes, 09 de septiembre de 2019 · 00:18

Carolina Méndez / Santa Cruz

Tendríamos que empezar por gritar. Un minuto de silencio no podrá contener la bronca, el dolor y la impotencia ante la pérdida. No son hectáreas devastadas, nunca lo han sido. Siempre fueron vidas arrebatadas: flora y fauna que se quedan sin casa. 

Siempre fue la privación de aire puro, la devastación instalada, la esperanza desteñida. No son hectáreas desoladas,  siempre fueron algo más, algo peor, algo terrible. La destrucción del presente, la aniquilación del futuro. Pablo Miguel Suárez Núñez lo supo y no lo aceptó.

 No quería seguir atestiguando a distancia cómo el país arde sin tregua y sin piedad. 

Sin pensarlo demasiado tomó su overol bomberil y partió junto a otros 13 voluntarios del grupo civil Ajayu con destino a Concepción, en la Chiquitania. 

Llegaron el jueves y se internaron en la comunidad Palestina ubicada a 60 kilómetros de distancia del pueblo.  Allí, en ese lugar, donde nacen orquídeas, Pablo encontró la muerte. 

Pablo Miguel, o como sus amigos lo llamaban cariñosamente Pepo, nació en Riberalta, Beni y migró junto a su familia a la ciudad de La Paz hace muchos años. Le gustaba el fútbol, era ingeniero civil y poseía un corazón muy generoso. 

Falleció el sábado 7 de septiembre a las ocho de la noche a la edad de 34 años. 

La causal fue un paro cardiorespiratorio durante el descanso luego del trabajo de sofocación de incendios, según el reporte oficial  emitido por la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen de Concepción.

Una luna luminosa de testigo y la consternación ante la pérdida irreparable fueron el contexto de aquel sábado por la noche en la Chiquitania. 
 

Duelo de tres días

En la ciudad de Santa Cruz, el gobernador Rubén Costas decretó tres días de duelo departamental y en el resto del país la zozobra sobrevino. 

El cuerpo fue trasladado desde Palestina hasta el hospital César Banzer en Concepción, donde se lo preparó para enviarlo a la ciudad de Santa Cruz. 

Muchos vecinos, funcionarios, voluntarios y personal médico, despidieron al joven en la ambulancia que partió a las 12 de la noche acompañado de agentes policiales. 

El cuerpo sin vida del voluntario llegó a la morgue de  Pampa de la Isla cerca de las 4 de la mañana. Allí se esperó al fiscal y al forense para realizar la autopsia respectiva de ley. 

Tres horas después, a las 7:40, llegó Alán, hermano menor de Pablo, acompañado de su pareja. Tomaron el primer vuelo desde La Paz y al llegar, aún en shock, escucharon absortos a funcionarios municipales quienes les ofrecieron ayuda y les dieron las  condolencias. 

Alán ingresó a ver el cuerpo sin vida de su familiar  a las 8:43 de la mañana. No pudo contenerse más y se quebró en llanto.

A las 9:50 de la mañana, el fiscal Iván Quintanilla, brindó un informe sobre la autopsia y confirmó que “la muerte de esa persona tan joven se debió a un problema cardiaco”. 

A las diez de la mañana, se trasladó el cuerpo hacia el salón velatorio Las Misiones, donde se lo embalsamó y se lo vistió con atuendos traídos por su hermano. A la misma hora, la Gobernación cruceña realizó un homenaje póstumo en memoria del voluntario fallecido en las instalaciones del Centro de Operaciones de Emergencia y Desastres (COED).

Luego del mediodía, el cajón fúnebre fue velado en la sala Armonía, hasta donde llegaron cerca de 40 personas.

 Alán tomó la palabra para contar con dolor que su hermano “era una persona muy noble que dio la vida por todos”. 

Éste  acompañó el traslado del cuerpo de su hermano hasta la ciudad de La Paz, al finalizar la tarde de ayer. 

Allí, una familia desconsolada esperaba el retorno de aquel ser amado que dejó la vida en la Chiquitania luego de partir el pasado jueves. Había tomado la decisión de ir y apoyar las tareas de sofocación de los incendios que han devastado la fauna y flora de esa región.

“Le  pudo pasar a cualquiera”

“Bueno me dieron la noticia, las circunstancias de los hechos fueron  totalmente fortuitas. Le pudo pasar lamentablemente a cualquiera de nosotros al no estar acostumbrados a estos niveles de calor”, dijo a Página Siete, Helen Tejeda, responsable de la Brigada Ajayu de bomberos voluntarios de La Paz.

A los que van de occidente a la Chuquitania, les cuesta aclimatarse y realizar las tareas de extinción del fuego. “Estamos hablando de temperaturas de 40 a 45 grados, nosotros que llegamos del interior nos cuesta respirar  y debemos redoblar los esfuerzos”,   relató Tejeda.

Tras conocer el  deceso de Pablo Miguel Suárez Nuñez, tomó la decisión  de replegar a los voluntarios que estaban a su cargo. “Como primera reacción quise replegar a toda mi gente, después de este hecho, pero ellos decidieron quedarse”, añadió la responsable de la Brigada Ajayu.

De acuerdo con  la información que recibió, Pablo con su grupo    estaba armando una barrera de contención del fuego alrededor de la población de Palestina  para que no sea afectada  por el fuego ante la   rapidez que avanzaba. 

Tejeda que  cuenta con más de 20 años de experiencia, afirmó que ellos esperaban la llegada del Supertanker para solo ir a enfriar los sectores, no así mitigar las llamas, pero el avión nunca llegó.

Detalló que uno de los mayores problemas que enfrentan  es la comunicación. “No existe comunicación, no hay señal satelital, no existe nada. No tenemos cómo comunicarnos con ninguna población, excepto salir”, lamentó.

 

 

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