Cirugías y parámetros impuestos: el camino tras la corona de belleza

Son realizados por la empresa privada, que además contrata a modelos y misses para las ferias y eventos, en los que se les paga de acuerdo con su jerarquía.
domingo, 12 de enero de 2020 · 00:28

Carolina Méndez / Santa Cruz

Mamografía, lipoescultura y rinoplastia son las cirugías más comunes a las que se someten muchas concursantes de certámenes de belleza para disputar coronas que van desde Miss Piña hasta  Miss Bolivia. Los eventos son promovidos por privados, pero también por autoridades locales. 

Bolivia no tiene una legislación sobre el tema y cada día aparecen nuevas competencias de beldades. Las activistas feministas consideran a estos  concursos como “eventos de cosificación de la mujer”, mientras que las modelos los ven como una “puerta de oportunidades”.

“No exigen que te hagas cirugías. Te pueden sugerir,  sí, pero no te obligan. Es  una decisión personal de cada candidata porque saben que a veces tiene consecuencias”, cuenta la exmodelo Carla Morón.

    
Los concursos  son realizados por empresas privadas. 
Foto:Los Tiempos

El sábado 28 de diciembre de 2019, la modelo Nataly Céspedes, de 26 años, murió después de someterse a una lipoescultura. Se preparaba como candidata para el concurso Miss Cochabamba 2020. La operación se efectuó en Santa Cruz, epicentro de intervenciones estéticas y sede de los principales concursos de belleza del país.

En este tipo de  certámenes, todas las candidatas firman un contrato confidencial con los organizadores que tiene tres años de vigencia y puede ser ampliado    entre ambas partes. 

Las participantes -y luego las ganadoras- deben cuidar varios aspectos, desde su imagen física hasta su reputación pública. Si no cumplen lo acordado pueden ser destituidas de sus títulos. 

Entre los requisitos están: ser boliviana de nacionalidad y mujer de nacimiento, tener entre 17 y 24 años de edad, ser soltera y sin hijos, tener una conducta moral intachable, ser delgada, poseer una figura armoniosa   y  medir un mínimo de 1,70 metros, sin tacos. Se añade:  “ser bonita de rostro y simpática de trato”.

El bisturí y la belleza

El año pasado,  cerca de 23,3 millones de personas cambiaron su cara o cuerpo con  intervenciones estéticas en todo el mundo. Según las estimaciones de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (Isaps), el 87,4% son mujeres. Las cifras se incrementan  año tras año.

Para Arlety Tordoya, integrante de Mujeres Creando,  esta tendencia responde a la inseguridad e insatisfacción por no entrar en los cánones de belleza cada vez más irreales que imponen la publicidad, los concursos y los medios de comunicación, especialmente la televisión.

En paralelo a los centros estéticos avalados, existe un “mercado negro de la belleza”, en el que  por precios bajos se ofrecen paquetes reductores, correctores o acrecentadores de alguna parte del cuerpo. Usualmente se hace en clínicas clandestinas o en centros donde se alquila el quirófano y se deslinda la responsabilidad ante la intervención.

Las cirugías estéticas son cada vez más comunes, pero en el mundo de los reinados de belleza parecen ineludibles.

“Existe una diferencia entre las modelos y las misses. Los parámetros de belleza son distintos. La modelo debe ser delgada porque es el perchero para vender alguna prenda u objeto, mientras que la miss debe resaltar su belleza para destacar. Las modelos son extremadamente delgadas, con extremidades largas y de poco busto; mientras que las misses  tienen que tener curvas,  busto, caderas y glúteos prominentes. Por eso las cirugías  son  más usuales en las misses. Para entrar a un concurso, lo primero que se intervienen las candidatas es el busto, lipo y rinoplastia”, cuenta Morón.

Una modelo, que prefirió no ser identificada, reveló que nadie obliga a someterse a cirugías, pero que existe mucha presión por la competencia en el medio. “Ahora se trabaja mucho más el cuerpo no sólo con cirugías, sino también con gimnasio. Nadie te obliga a operarte, pero eso puede hacer que te destaques y consigas contratos o no”, expresó.

Para las misses y modelos, las pasarelas y reinados son una puerta de oportunidades. Muchas inician empresas con su imagen, consiguen contratos importantes  y hasta debutan en la política. Por ello hacer “esfuerzos quirúrgicos”  es visto como una inversión a largo plazo.

Morón cuenta que en el afán de intentar el cuerpo ideal, algunas chicas caen en trastornos, como bulimia o anorexia. Sin embargo, considera que los casos son cada vez menos, ya que existe una tendencia a cuidarse. 

“Ahora hay más información, se alimentan mejor y hacen ejercicios para estar saludables”, cuenta.

Bolivia no tiene una ley que  regule  concursos de belleza

La violencia hacia las mujeres no tiene una sola forma, no es sólo  la física o la psicológica. También existe la violencia simbólica que aparece en la Ley boliviana 348, pero sólo de manera enunciativa. 

En otros países, como Argentina, por ejemplo, bajo el argumento de tipificación de violencia, existe una corriente que busca que los Estados dejen de financiar y promover los certámenes de belleza.

 Mientras que en algunos países  la tendencia es decrecer, en otros los concursos se multiplican cada vez más y el debate sobre la carga simbólica que poseen no se instala.

En Bolivia los concursos de belleza son organizados por empresarios privados. Pero también es habitual ver reinados promovidos o incentivados por gobiernos locales. 

Por ejemplo, “Miss Pampa de la Isla” es organizado por la Subalcaldía cruceña,  “Miss El Torno” por la municipalidad, “Miss Piña” por la institución que agrupa a los productores, etc. 

Pero no es sólo eso, estos concursos están tan arraigados socialmente que es posible verlos en algunos colegios. En algunos se elige hasta a “la reina del kínder”.

Es tal la proliferación de reinados que ahora es posible ver concursos “más inclusivos”, en los que se manejan otras tallas de ropa. Tal es el caso del “Miss Curvy”, concurso que escoge a la soberana de entre las tallas G o XG.

Para Tordoya, estos concursos son la reproducción de lo mismo, no cuestionan la lógica estructural.

Para Morón, en cambio, son un avance porque “se naturalizan otros cuerpos”.

Lo cierto es que  existe una jerarquización de la belleza que se traduce en mejores contratos. Las más delgadas, rubias y altas son las “peso pesado de la industria”. 

La familia despidió con dolor a la modelo de la Llajta.
Foto: Opinión

El debate sobre el tema es necesario.   A la fecha sólo el municipio de La Paz generó una normativa para la prohibición de concursos de belleza infantil, con el fin de proteger a las niñas.  

 Como dice Susang Sontag “no está mal ser bella, lo que está mal es la obligación de serlo”, es peor si para ello se debe  pasar por el quirófano.

Santa Cruz,  6 casos

Si bien en Bolivia no hay datos oficiales  de las muertes ocasionadas por las intervenciones estéticas, al menos seis casos fueron registrados por la prensa en la capital cruceña.

2015 Dinelsy Ortuño (de 28 años), falleció  el 27 de abril en la Clínica Urbarí  en Santa Cruz. La autopsia reveló que se desangró tras sufrir la perforación de una arteria del abdomen durante una lipoescultura abdominal.

2016 Dalia Flores  (de 27 años), murió el 14 de octubre durante una cirugía estética de glúteos, mamas y lipoescultura. Llegó desde Cochabamba a Santa Cruz. La clínica deslindó responsabilidad y alegó que sólo alquiló las instalaciones.

2017  La brasileña Janine Rodríguez (de 42 años) llegó a Santa Cruz para realizarse una liposucción y abdominoplastia. Murió a causa de un paro cardiaco el 23 de septiembre.

2017  Bernardina Mostacedo  (de 26 años), quedó con muerte cerebral luego de una dehidrolipoclasia  que se realizó en un spa de Santa Cruz  el 28 de septiembre.

2018 Elizabeth Cholima (de 31 años), llegó de España para hacerse una lipoescultura. Días después de la intervención le salió un coágulo en la pierna que para el médico que la operó era normal. Ingresó a terapia intensiva y falleció.

2019 Nataly Céspedes (de 26 años), iba a realizarse un cambio de prótesis mamaria, pero accedió a un pack que le adicionó una lipoescultura a muy bajo costo, en la que le  perforaron una arteria renal y murió.

 

Se imponen parámetros para evaluarlas
Una industria que recluta a las mujeres desde los 13 años

La carrera en la belleza empieza desde muy joven. Las empresas de modelaje suelen reclutar chicas desde los 13 años de edad y las insertan en publicidad, como azafatas en ferias o en pasarelas en las que  son presentadas como la “belleza revelación”. 

Las modelos que consiguen renombre -que por lo general son pocas-  por participar en  un evento o feria cobran, al menos, 1.000 dólares por día. La cifra aumenta dependiendo del renombre del espectáculo.  

Los contratos para los días de la Feria Internacional de la Expocruz llegan a oscilar entre los 8.000 a 15.000 dólares para quienes son consideradas las “top” dentro de la industria.

 “Los que realmente ganan son otros, no las chicas que participan. Por más que generen algo de dinero, pierden la libertad de decidir y opinar. Tienen impuesto un guion y no pueden salirse de eso. No es inofensiva esta industria machista”, sentencia la activista de Mujeres Creando Arleti Tordoya.

Para la gestora cultural Irene Mairemí Pita, los concursos de belleza son un tipo de violencia contra las mujeres. 

Aquí se miden parámetros impuestos.

“En estos concursos se define cuáles son las proporciones adecuadas, los rasgos correctos, el peso ideal, es decir que se afianzan patrones de belleza específicos. Y aquí entramos en lo más preocupante: ¿de dónde vienen esos patrones de belleza?, ¿quién los escoge? 

Y otro tema que va ligado, ¿por qué predominan los concursos de belleza femeninos?, ¿por qué consideramos que la belleza femenina es la que hay que evaluar, controlar, premiar y promover? Aquí surge la vena machista, es violencia simbólica lo que hacen”, sostuvo.

 

 

6
12