Kantutani: damnificados reciben 2020 con fe en tener “su casita”

Los afectados por el deslizamiento del pasado 30 de abril compartieron un lechón y brindaron con la esperanza de recibir los departamentos comprometidos.
jueves, 2 de enero de 2020 · 00:04

Luis Escobar  / La Paz

Trajeron un horno, alistaron un lechoncito y a la medianoche las familias de los damnificados por el deslizamiento de San Jorge Kantutani recibieron   2020 brindando porque el nuevo año les traiga “su casita” prometida.

“Brindamos porque este año tengamos nuestra casita”, dijo Gabino, el jefe de una de las 12 familias del campamento de la cancha Fígaro en la zona de Sopocachi. 

Hace un año, Gabino celebró en su departamento que lo dio en anticrético en la avenida Libertad donde, además  era propietario de una carnicería. Sin embargo, el 30 de abril pasado un movimiento de tierras se llevó todas sus pertenencias y lo perdió todo. Este desastre sepultó  64 viviendas  en los que vivían más de 240 familias entre propietarios, anticresistas y vecinos en la modalidad de alquiler.

Algunas de las pertenencias de una de las familias.

El Gobierno de entonces se comprometió a dotarles de departamentos y la Alcaldía de La Paz dispuso de unos terrenos en Ovejuyo para la construcción de estos inmuebles. Nancy, otra de las moradoras del campamento, contó  que  ya se reunieron con la nueva autoridad de la estatal de vivienda y les prometió que si no hay contratiempos, en 10 meses podrían concluirse las obras. “Los terrenos están, pero aun falta la transferencia legal; ellos simplemente construyen pero la dotación de servicios básicos, vías, legalización de planos los debe hacer la Alcaldía”, acotó.

 Con esa esperanza, los damnificados se reunieron el martes 31 para despedir el año. Uno de los vecinos hizo llegar un horno y lo instalaron en el área de la cocina. Pusieron una cuota y compraron alrededor de 10 kilos de carne de cerdo y a las 18:00 comenzaron a preparar la cena que la sirvieron pasada la medianoche. “Deseamos que cumplan con la construcción de los departamentos, porque no tenemos otro sitio donde ir”, agregó.

El subalcalde del macrodistrito Cotahuma, José Quiroga, informó que hasta el momento 33 familias permanecen en los dos campamentos; 12 en la cancha Fígaro y las restantes en la avenida Libertad, que se encuentra en el extremo sur, colindante con el puente Kantutani. 

Otros tuvieron la oportunidad de dejar el campamento Fígaro para pasar   Año Nuevo con familiares o amigos. Nancy, por ejemplo, contó que acompañó a sus hijos,  y luego ellos se quedaron con sus amigos a festejar. Ella regresó en la madrugada y se unió a la celebración con sus vecinos. 

El 2020 no se presenta sencillo para los damnificados, pues a partir del 1 de enero deben llevar adelante sus actividades sin ningún tipo de ayuda. El 31 de diciembre, los guardias retiraron sus cosas y se fueron. Lo propio sucedió con la encargada del campamento; dijo que su contrato con la Alcaldía venció ese día y las personas que hacen limpieza también dejaron de ir. 

Hace dos semanas, les informaron que deben hacerse cargo del pago de la luz y el agua. La Alcaldía traerá móviles  con duchas y los afectados deberán hacerse cargo. “Poco a poco se están desvinculando de nosotros. Nos debemos reunir entre vecinos para ver de qué forma nos organizamos”, declaró. Una de sus preocupaciones inmediatas es la plaga de ratones que abundan por la hierba del sector.

Vecinos  se organizaron para preparar un lechón en la cocina.

Lidia Yujra, otra de las afectadas, retornó al campamento el martes. Lo hizo un día después de su operación porque en el Hospital de Clínicas no hay camas y no tenía los recursos necesarios para continuar con la hospitalización. 

“Me operaron de la vesícula y tengo otro problema en la cabeza que los médicos no pueden dar con el diagnóstico pero los dolores son insoportables. No pude pagar los 4.500 dólares para una resonancia magnética”, declaró 

Ella trabajaba como jefa de garzones en un restaurante; pero tras la emergencia del 30 de abril dejó de trabajar. “Mantengo sola a mis dos hijas de nueve y 11 años; tal vez por ganar algo de dinero les pueda pasar alguna tragedia a ellas”, relató.

Ayer, la mujer  aún estaba en cama sin poder moverse ni caminar. Sus hijas fueron a pasar el Año Nuevo con su abuela. “Mi madre seguro les dará comida y les hará pasar un buen año. Acá no puedo comer aún, y no tengo nada que darles; ahora las espero”, dijo.

 

 


   

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