Hacen pasteles inspirados en la fauna con cañahua y chancaca

Aruma Du Ciel elabora pasteles y galletas inspirados en animales, como el colibrí de los Andes, la londra del Amazonas y el venado andino.
viernes, 03 de enero de 2020 · 00:04

Wara Arteaga  / La Paz

La cebada, el tarwi, el aricoma o el amaranto son los ingredientes principales  para elaborar  pasteles inspirados en la flora y la  fauna boliviana. Esta propuesta gastronómica forma parte de la colección  biodiversidad  que  ofrece una variedad de   queques y galletas en formas de  colibrí, el venado andino, la londra y  el murciélago orejudo, entre otros.  

Estas  propuestas en repostería son  presentadas por  Aruma Du Ciel, un emprendimiento creado por Liz Márquez, una  joven de 25 años.  Con los ingredientes que utiliza para los pasteles y masas dulces, ella busca destacar la producción local.

Márquez  destaca que para la fiesta de Navidad elaboraron  unas galletas    inspiradas en el venado andino, conocido como  taruca. Los principales ingredientes para esta receta son  la chancaca y la cebada. Esta última fue elegida porque es parte de la dieta del venado. 

     “Mucha gente no sabe que en La Paz tenemos venados, pero están en peligro de extinción por la caza y porque su hábitat es invadido. Ellos, a través de su proceso de digestión, nos ayudan con el abono para que los suelos sean mucho más fértiles”, destaca la joven emprendedora.  

El colibrí  de los Andes   tiene  aricoma. 
Fotos: Cortesía Aruma du ciel.

La iniciativa -que  fue creada hace 10 meses- nació con la propuesta de los colibríes. “En febrero prendí el horno. Hice tortas y  donas, luego dije: ‘tengo que crear cosas diferentes’. Me interesaron los colibríes que habitan en los valles de La Paz”, recuerda.

  El pastel colibrí de los Andes es un bizcocho que tiene entre sus ingredientes principales  el aricoma, el plátano y las nueces pecanas, además  está bañado con betún de queso crema.

Ya desde el mes de agosto,  Márquez asumió el  reto  de hacer un pastel inspirado en uno de los animalitos más calumniados de la fauna: el murciélago.  “Me pidieron crear algo sobre los murciélagos,  me pasaron mucha información,  busqué  datos  sobre los ingredientes y  cómo podía combinar y a finales  de agosto lo tenía listo: el chiñi”, cuenta.

 Este pastel está elaborado con maíz, tiene relleno de café, cobertura  de chocolate y tiene aroma a naranja. Sobre esta torta, libre de gluten, vuela  un murciélago orejudo  de origami.  

Simultáneamente, la joven creó la “londra del Amazonas”, inspirada en  una nutria gigante que habita en el río. Para destacar  los ingredientes nativos de la Amazonia  usó almendra y cacao de ese lugar. No tiene azúcar.  

Aunque la repostería parezca ajena al turismo, Márquez logró unir  estas dos áreas para mostrar nuevas propuestas. Una de sus principales fuentes   de inspiración para revalorizar ingredientes nativos de Bolivia  nace de aventuras. “Viajo mucho, cada pueblo tiene su magia y tiene su producto estrella”, destaca. 

De su viaje  a la Isla Suriki aprendió que la totora  es el producto que más utilizan para hacer artesanías.  “ Ese es un complemento de mis fotos”, acota. 

De su viaje a Chuma conoció el  resacado, una bebida a base de caña de azúcar y maíz.   “Eso es considerado como el whisky chumeño”, explica.  Ese ingrediente fue parte de unos creps inspirados en tortillas tupiceñas, cuya jalea estaba hecha con resacado y chancaca. 

Otra de sus creaciones fue la “tarta sapaqui”, una tarta elaborada  con coime, también conocida como amaranto, de la comunidad de Rumicancha. Tiene además  relleno de manzana de Sapahaqui, miel, especias y almendra. 

 Márquez atiende  en redes sociales: Facebook, Instagram y WhatsApp. Ahí  recibe pedidos con un mínimo de 48 horas de anticipación.  En su  colección tiene tortas, donas , queques y galletas. “Intentamos implementar alternativas para personas diabéticas”, sostiene.

Según Liz Márquez, el nombre de Aruma proviene del aymara “atardecer”  y Du Ciel del término francés “cielo”, que retrata el atardecer y el amanecer, cuando las tejedoras inician su trabajo. Entre estos dos momentos está la noche, que sirve a las mujeres como un  tiempo de descanso, para soñar figuras y colores que luego plasman en sus  tejidos.

 

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