Bolivia cambió 3,6 MM de ha de bosque por soja y ganadería

Hay una estrecha relación entre la pérdida de bosques a causa del fuego con la ampliación de la frontera agroindustrial, alertan especialistas y activistas.
domingo, 1 de noviembre de 2020 · 00:04

Carolina Méndez / Santa Cruz

“Piensen en vacas, piensen en soja cuando vean los titulares sobre deforestación e incendios”, dice la periodista ambiental Marina Aizen, resumiendo la relación causa-efecto entre pérdida de bosques y fuego-ganadería y agroindustria. 

No es casual sino causal. Los incendios en el país no se explican simplemente por “un cigarrillo mal apagado o la quema de basura”, se trata entre otras cosas del asedio implacable contra los bosques: la deforestación que altera los niveles de humedad y el incremento de las sequías que propician el fuego. Es, pues, el alto costo de la expansión de la frontera agropecuaria.

Incendios, el síntoma

A escala global, la expansión del agronegocio (oleoginosas y ganadería bovina extensiva) es la principal causa de la deforestación, la degradación de bosques y la pérdida de biodiversidad asociada a la conversión de bosques en pastizales. En América Latina representan la causa del 68% de la deforestación. Esta situación repercute en las funciones ecosistémicas que causan escenarios catastróficos relacionados a incendios.

Según el último reporte de la Fundación Amigos de la Naturaleza, en Bolivia se queman un promedio de cuatro millones de hectáreas anuales con una dinámica temporal y espacial heterogénea. Hay años en los que los incendios sobrepasan el promedio. 

En lo que va de  2020, desde enero hasta octubre, ardieron alrededor de 2,8 millones de hectáreas en todo el país. Beni y Santa Cruz fueron los más afectados. De todo lo quemado este año, el bosque representa un 2% en Beni y un 33% en Santa Cruz. Lo restante no es bosque (pastizales, matorrales y arbustos) pero es hábitat para muchas especies.
 

Entre 1985 y 2018, Bolivia perdió 3.670.000 de hectáreas de bosque y el 95% de esas zonas son actualmente de uso agropecuario, según el artículo científico  Biodiversidad en Bolivia: Impactos e implicaciones de la apuesta por el agronegocio.

Según registros oficiales de la Autoridad de Bosques y Tierras (ABT), entre 1998 y 2018 se  desmontaron 1.518.669 hectáreas de forma legal, con un ascenso brusco desde  2013. Desde  2015, es posible hablar de un incremento de 200% de  deforestación. En 2018, Bolivia reportó más de 259 mil hectáreas deforestadas con autorización de la ABT. La cifra de desmonte ilegal es incierta; no obstante, se estima que es al menos 40% adicional a la cifra oficial.

La pérdida de bosques no significa sólo disminución de árboles sino una afectación  a la biodiversidad de los ecosistemas naturales que permiten el acceso al agua dulce, servicios de polinización, control de plagas y muchos otros servicios indispensables. Se trata en realidad de la amenaza a los ciclos hídricos que alteran el hábitat y terminan por impactar sobre la fauna y la flora: el agua no viene del cielo sino del suelo. Ese suelo que se está destruyendo.

La relación incendios-deforestación-frontera agropecuaria no suele ser tan nítida. Sobre todo por los  discursos que buscan esconder la relación directa entre destrucción de biodiversidad y políticas desarrollistas. Para Vincent Vos, biólogo e investigador, en cambio, no hay distorsión posible. 

“Cuando vemos los incendios del año pasado se nota que las áreas quemadas coinciden con lo planificado para ampliar la frontera agrícola. Se tumba el bosque y se le prende fuego”, explica el biólogo al referirse a la “República Unida de la Soja”.

Un anuncio publicitario de Syngenta, la mayor empresa agroquímica del mundo, aseguraba que “la soja no conoce fronteras”; con ello planteaba la conformación de una  “República” en un territorio que abarca amplias zonas de Argentina,  Paraguay, Uruguay, Brasil y parte del departamento de Santa Cruz, en Bolivia. Justamente territorio de la zona chiquitana y Otuquis. Lo que se quemó el año pasado y también arde hoy.

“Los incendios son por prácticas agropecuarias, lo que conocemos como chaqueo. Desde  2010 somos uno de los países más deforestadores del mundo y hay un vínculo estrecho entre incendios y deforestación para la ampliación de la frontera agropecuaria. Por eso se pide la abrogación de un paquete normativo incendiario que incluye entre otras cosas los perdonazos por deforestación”, puntualiza Alejandra Crespo, activista y miembro de la Coordinadora por el Medio Ambiente (Codapma).

Deforestación e incendios son un síntoma de un fenómeno mayor: el agronegocio  que se comió cerca de 4  millones de hectáreas de bosque para sembrar soja transgénica y pastar vacas tristes.

Hacia la ruta del monocultivo

En la década de los años 80, Bolivia tenía una superficie agrícola  de casi un millón de hectáreas. 40 años después la cifra se ha multiplicado cuatro veces. 

Según el reporte de Probioma con datos del INE, entre 2018 y 2019 había 3,86 millones de hectáreas de superficie destinada a la agricultura. No obstante,  se reporta un descenso en la producción de alimentos para el mercado nacional.

“Los cereales que son la base de la alimentación en Bolivia han descendido de 51% a 37%, los tubérculos, de 17% a 6%”, señala Crespo. ¿Entonces a qué se ha abocado la superficie agrícola habilitada? A soja, sorgo y girasol para el mercado internacional. Según el reporte de Probioma entre 1984 y 2019, la producción de estos se incrementó de 12 a 45%.

El correlato de esto es que, si Bolivia deja de producir para Bolivia y se vuelca al monocultivo para la exportación, sus habitantes deberán importar  alimentos, confirmando que el modelo económico actual es más problema que solución, ya que no garantiza  la seguridad ni la soberanía alimentaria. 

Según datos del INE, la importación de alimentos y bebidas entre 2000 y 2019 ha estado en constante ascenso, tanto que en valor económico se ha triplicado  en los últimos 20 años. Y, más alla de las cifras, las evidencias son claras, basta con visitar cualquier mercado popular para evidenciar que la manzana llega desde Chile o que la papa es peruana. 

“La soja tiene en el exterior la finalidad de alimentar animales. También se usa para obtener la lecitina de soja que es un componente de muchos  alimentos procesados”, remarca Crespo. Apunta que es el producto estrella en el extractivismo del Cono Sur.

 Al igual que la soja, la ganadería intensiva busca llegar a China. Según registros de Federación de Ganaderos de Santa Cruz, en los últimos tres años se han destinado 500 mil nuevas hectáreas de producción bovina y se proyecta, según la misma instancia, incrementar 15 veces más la producción con la apertura del mercado chino -propiciado paradójicamente mientras ardía la Chiquitania en el ecocidio de 2019- durante el gobierno de Evo Morales.

La relación de factores es estrecha recalca Marina Aizen: “Piensen en vacas, piensen en soja cuando vean los titulares sobre deforestación e incendios”.

 

En Santa Cruz, Beni y La Paz
 
20 áreas protegidas son afectadas por incendios

Entre el 19 de octubre al 25 de octubre de 2020, se registraron incendios de magnitud en áreas boscosas, sabanas y pastizales. El reporte N. 26 de la Autoridad de Bosques y Tierrra (ABT), publicado la semana pasada, da cuenta de  36 incendios activos en Santa Cruz,  tres en Chuquisaca, uno en Beni y uno en La Paz.

Según datos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), el 24% del total de quemas entre enero y octubre de este año se registraron  en áreas protegidas. Es decir, más de 685 mil hectáreas afectadas son en espacios de conservación de biodiversidad. Santa Cruz, Beni y La Paz son los departamentos con mayor impacto. 

Otuquis, ANMI San Matías, Río Grande y Valles Cruceños, Copaibo, Parque Noel Kempff y Ríos Blanco y Negro son las Áreas protegidas afectadas en Santa Cruz. Iténez, Kenneth Lee y Santos Reyes son las de mayor afectación en Beni y, Bajo Madidi en La Paz.

El parque Otuquis,  una de las áreas afectadas por  quemas.
Foto:Archivo / Página Siete

La gestión 2019 cerró con olor a humo. El informe general señala que ardieron más de 6,4 millones de hectáreas en todo el país, equivalentes a todo el departamento de Pando. Dentro de esta cifra, hubo una afectación a 50 espacios de preservación entre parques y Áreas Naturales de Manejo Integrado (ANMI), tanto nacionales como subnacionales. 

Los más afectados estuvieron en  Santa Cruz: 798.521 hectáreas dentro del ANMI San Matías, 446.217 hectáreas en Ñembi Guasu y 390.314 hectáreas en Otuquis. Áreas creadas para conservar la biodiversidad del Pantanal, el Bosque Seco Chiquitano y el Gran Chaco.

Si bien en comparación al año pasado se ha registrado hasta octubre de 2020  74% menos hectáreas quemadas, la cantidad de focos de calor de esta última semana es superior al mismo periodo de 2019, según datos de  la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT). 

La mayoría de estos focos están en áreas en las que la ABT no ha emitido  autorización de quema, por lo tanto son ilegales. Un 10,7% de los focos detectados están  en Territorio Comunitario de Origen (TCO), un 23,7% en Áreas Protegidas (AP) y un 63,3% en áreas sin autorización. El 40% es área boscosa o con matorrales.
 

 

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