No importa

viernes, 20 de noviembre de 2020 · 00:04

Marizabel Guzmán Mamani

Mi nombre es Orange, hija de una mujer a la que las personas a mi alrededor denominaban mujer de bar. Ante mis ojos ella fue y siempre será mi madre.

Esta mujer a la que respetaba por no haberme abortado fue la causa de los constantes ataques que sufría en el colegio. Eso nunca me importó ni me importará.

¿Por qué  tanto odio? Halle  la respuesta cuando la madre de uno de mis compañeros me dijo que era la bastarda de la amante de su esposo. Entonces entendí que mis compañeros de clase no odiaban a mi madre ni a mí, simplemente eran el reflejo del odio inconmensurable que sus madres tenían hacia la mía. No ayudaba en nada que viviéramos en un pueblo chico y, menos aún, en un bar.

Pero aún así no me importaba. Siempre que veía esos ojos rojos por la falta de sueño se me hacía un  inmenso nudo en la garganta.

Una noche ella llegó borracha. Me abrazó y en medio de sus lágrimas me dijo una y otra vez la misma frase: “No hay nada fácil”.

Esas palabras fueron la herencia de mi preciada madre,  porque dos meses después…  ella apareció muerta bajo el puente de Shinahuaca. Nunca se supo quién fue… pero la razón de su muerte fue evidente, ya que la hallaron muerta sin ropa alguna. 

La Policía tampoco puso interés alguno… como si me dijeran en voz alta que ése era el destino evidente de una mujer de bar. Sólo yo sé la cantidad de lágrimas que derramé esa noche, pero cada vez que recordaba los ojos rojos de mi madre, mis ganas de seguir luchando se hacían más fuertes.

Fui criada por la encargada del bar ¿Por qué?... porque le faltaba mano de obra barata. Logré terminar la secundaria aunque fue algo complicado debido a mi condición económica.

Al cumplir los 18 años me fui del bar. Para continuar estudiando me fui a Cochabamba con mis ahorros. Busqué trabajo de medio de tiempo en tiendas. Lo que más me sorprendió fue que cuando pregunté en una tienda, la señora me dijo algo que nunca olvidaré:

—Señorita sabe que es para ventas ¿verdad? -me miraba como si fuera un bicho raro.

—Sí, lo sé, lo siento pero ¿hay algún problema? -estaba muy nerviosa ya que era una tienda cerca de la universidad.

—Verás, para este trabajo debes tener buena presencia -fue lo último que dijo y se entró a la tienda.

Sinceramente quedé anonadada. Silenciosamente me fui a sentar en una banca, a descansar y pensar que este mundo era mucho más superficial de lo que alguna vez pensé, que la clasificación bonita o fea hacia las mujeres estaba muy arraigada.

Sin embargo, piedras había en cualquier camino y ésta no era tan grande. Afortunadamente conseguí trabajo como ayudante en una pastelería, donde la dueña era muy carismática. Como ayudante gano lo suficiente para mantenerme en la universidad.

Aunque hay momentos difíciles, siempre recuerdo que las cosas no llegan gratis. Todo se consigue con trabajo duro, las oportunidades están ahí pero si no las puedes ver porque estas demasiado ocupada llorando y sintiendo autocompasión por ti misma, simple y sencillamente las pierdes porque este mundo no es un cuento de hadas, ni está hecho para los cobardes.

¡Nunca desperdicies las lágrimas que alguien derramó por ti!

Empodera a ORANGE

“Empodera a Orange” es parte de una iniciativa del gobierno de Estados Unidos para la prevención y respuesta a todas las formas de violencia contra la mujer y la niña. Coordinador: Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza.

Orange sufría constantes ataques en el colegio. Aparentemente eran causados por algo relacionado con su madre, quien le dejó como herencia unas palabras que nunca olvidó.

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