«El feminicidio en contra de una mujer mata a la sociedad»

Pesántez señala que si bien Bolivia tiene leyes muy avanzadas, ahora falta operar el cambio en la sociedad para que disminuya la violencia a la mujer.
lunes, 30 de noviembre de 2020 · 00:04

Mery Vaca / La Paz

Bolivia y el mundo recordaron hace poco el día de la no violencia hacia la mujer con marchas, plantones y consignas, escenas que se repiten año tras año, como también se repiten las noticias de feminicidios, violencia política y acciones de subalternización de las mujeres. Para entender por qué no hay avances y si los hay son tan lentos, entrevistamos a Nidya Pesántez, representante de ONU Mujeres en Bolivia.

Pasan los años y parece que nada cambia y seguimos contando las mismas historias. Una alcaldesa humillada, más de 100 mujeres asesinadas. ¿Cuál es su diagnóstico de la violencia hacia la mujer en Bolivia?

La situación que vive Bolivia es la situación que vive la mayoría de los países de la región. El esfuerzo va a tener que ser más grande que el que nos imaginamos. Bolivia tiene algunas ventajas en términos de la igualdad formal, cuenta con la Ley 348, en la que se tipifican 16 formas de violencia y en la que se le dice a la población y al Estado que la violencia no es un tema privado, que es un delito. Sin embargo, y a pesar de la ley, vemos que  los feminicidios no han bajado a lo largo de los años, se mantienen entre 110 o 115 casos. El 2018 fue el peor de los años con 128 casos, y en este año tenemos ya 104 casos. Esto pasa porque las sociedades lo permiten y no tenemos una respuesta todavía lo suficientemente ágil, porque todavía se considera que los temas de violencia son temas de mujeres. El feminicidio en contra de una mujer  mata a la sociedad, porque nos recuerda que todavía estamos siendo capaces de asesinar a una mujer sólo porque es una mujer.

¿Usted cree que la Ley 348 es insuficiente? ¿Debería reformarse tomando en cuenta que no se ha logrado reducir los índices de violencia?

Lo que podría hacerse es una evaluación objetiva del impacto de la ley, antes de plantear que la ley sea reformada, y seguramente que sí porque todo es perfectible. Lo que suele pasar es que, aunque tengamos leyes bastante bien estructuradas y concebidas como es el caso boliviano, es la implementación (el problema), que le toca al Ejecutivo. Cuando la impunidad permanece, el tipo de delito se mantiene. El exceso de burocracia suele inhibir a las mujeres en la denuncia. Pero por otro lado está el tema de la prevención. Cuando llegamos al punto de la atención de los casos, es porque ha fallado todo lo demás, porque ya se ha cometido violencia. La sociedad boliviana tiene un reto enorme de empezar a ver a las mujeres como sujetos de derechos que no pueden ser agredidas por ningún motivo. Por un lado, hacer una valoración de cómo ha avanzado la ley, entiendo que hay estudios sobre los nudos o cuellos de botella de la norma y hay un trabajo interesante en Bolivia para abrir esos nudos, para superar esos cuellos de botella. Como ONU Mujeres nos comprometemos a trabajar en esto con el Estado y la sociedad civil.

Lo que ocurre es que las mujeres denuncian violencia, pero no se hace nada hasta que ellas mueren. ¿Qué se puede hacer ante una policía insensible ante la violencia hacia la mujer?

Para enfrentar la violencia necesitamos dos elementos básicos, el conocimiento profundo de la norma, de los DDHH, de los protocolos. Y el otro nivel esencial es la sensibilidad, la empatía, la capacidad de ponernos en los zapatos de la otra persona. Estas dos cosas deben conjugarse en el personal de las instituciones. Una de las formas de apoyo a las personas que trabajan en ese ámbito es especializarlas como grupo de élite. Para tener esta sensibilidad tenemos que entender las causas profundas de la violencia, porque lo que suelen decir los operadores es que las mujeres vuelven con los esposos, o con sus parejas, pero, hay que comprender por qué regresan es parte esencial. Las razones son muchas, la afectividad, el mandato social. Les enseñaron que son el pilar de la familia y que tienen que aguantar para garantizar la unidad familiar y también está el tema económico.  

¿Existe algún estudio que diga cuánto por ciento de un PIB sería recomendable para luchar contra la violencia?

Lo que tenemos son estudios en algunos países que nos cuentan cuánto perdemos por los temas de violencia, más que cuánto deberíamos invertir. La prevención de la violencia es la clave para tener mayor ingreso para el Estado, que pueda ser utilizado en la mejora de la situación de la familia. La violencia requiere de la formación de personal en salud, educación, en el ámbito judicial, Fiscalía, necesitamos una inversión. Considerando que tenemos unos 330 casos por juez en el caso de Bolivia, imagínese el costo que implica al país, imagínese cuánto podríamos incrementar de ingresos en el país para mejorar la vida de las familias. Y lo propio, en una familia donde hay violencia, hay más posibilidades de generación de pobreza. No es que en las familias pobres hay más violencia, es que las familias que viven violencia tienen más propensión a caer en pobreza. 

¿Ayudaría a la lucha contra la violencia tener un ministerio de la mujer?

Desde la conferencia global por las mujeres de México en los años 70, ya se planteó la existencia de mecanismos para el adelanto de las mujeres, que fueron concebidos como instituciones al más alto nivel para trabajar por la política pública, coordinación interinstitucional, respuesta eficiente y eficaz en relación con los derechos de las mujeres. En el año 95, cuando se aprueba la Plataforma de Acción de Beijing, uno de los temas es que todo Estado debe contar con una institución al más alto nivel para que pueda hacer la rectoría de la política pública de la igualdad y pueda tener incidencia en el gabinete para poner en agenda de todos los sectores los temas de igualdad de género. Por supuesto que un mecanismo de este tipo puede apoyar en la disminución de la violencia. Un mecanismo de alto nivel da el empuje que se requiere para la articulación de acciones que son necesarias para responder a la violencia. Un ministerio sería muy interesante y es lo que manda la plataforma de acción de Beijing.

En Bolivia hay cuatro mujeres en un gabinete de 17 ministros. ¿Cuánto influye la presencia de mujeres en un gabinete?

La primera directora de ONU Mujeres decía que “si una mujer llega a la política cambia la mujer, pero si muchas mujeres llegan a la política, cambia la política”. La idea es que lleguen cada vez más mujeres a los espacios de toma de decisiones, porque esto posibilita que los temas de agenda de la igualdad de género sean puestos en las agendas centrales. Si hay pocas mujeres, hay menos fuerza.  Hasta antes de la presencia de las mujeres en las asambleas, los temas de violencia para constituir norma no estaban presentes para la atención de la maternidad, la inclusión en los códigos, la salud sexual y reproductiva, el tema de la lactancia materna, los permisos de maternidad y paternidad, la generación de centros de cuidado en los espacios de estudio o de trabajo. 

Si hay una  ley contra la violencia y el acoso político, ¿por qué tenemos que tener más historias como la de María Heredia y otros casos de violencia hacia la mujer que hace política?

Porque si bien tenemos la norma, todavía no tenemos el cambio en la cultura de nuestra sociedad. En el caso de Bolivia, las mujeres políticas se juntan y encuentran respuesta en Acobol, y esta organización presiona, hace estudios y entonces se genera una norma progresista contra el acoso y la violencia política. Ahora lo que falta es que esa norma ayude a cambiar conductas en las personas y en la sociedad.  Estamos en un momento en que la igualdad formal ha dado pasos agigantados;  es decir, tenemos normas que nos están ayudando a caminar hacia la igualdad de género. Estas tienen que venir acompañadas de un proceso de educación, sensibilización y reconocimiento de que lo que veníamos haciendo es perjudicial para todos y todas.
 

HOJA DE VIDA

  • Nidya Pesántez   Tiene 25 años de experiencia en temas de derechos humanos. Cuenta con un MBA sobre gestión integrada de la calidad, seguridad y ambiente. Es licenciada en ciencias de la información, realizó un diplomado en presupuestos públicos para la erradicación de la pobreza y por la igualdad de género en América Latina; tiene un posgrado en antropología y conflictos sociales con énfasis en cuestiones de género.

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