Sequía en el lago Titicaca afecta pozos y obliga a racionar el agua

En lugares como en Belén los pozos de agua se agotaron y los que más sufren son los ancianos. Si comienza a llover podría salvarse la siembra de noviembre.
lunes, 21 de diciembre de 2020 · 00:58

Ivone Juárez / Cumana, La Paz

“Horarios hay. A las 6:00 sueltan el agua y nos dan una horita nomás, llenamos lo que podemos; a la hora lo cierran porque el agua se seca y hay que esperar que se llene de nuevo”, explica Justa al referirse a cómo está la dotación de agua para el consumo que tienen en sus comunidad, Cumana, una población que está a orillas del lago Titicaca, a una hora de la ciudad de La Paz.

Desde hace unas semanas, en la comunidad comenzaron a racionar el agua para el consumo que toman de un pozo que construyeron ellos mismos. Las lluvias están demasiado retrasadas y el pozo se agota en una hora. Para que se llene nuevamente tienen que cerrar llaves y cortar la provisión al pueblo durante las 23 horas restantes del día. Mientras tanto, en otras comunidades, como Belén, los ojos de agua se secaron.

Pasan unos minutos de las 9:00 pero el sol es intenso y está brillante en Cumana. “El sol está fuerte, el calor también, con todo esto todo se ha secado”, dice Justa mientras mira hacia unas plantaciones de haba hundidas en la tierra. Unos cuantos brotes luchan por salir de esa tierra de color café oscuro, casi negra, que está al borde del camino, que una vez contuvo las aguas del lago Titicaca. Un puente y unas manchas en la pampa son  la evidencia de que las aguas del Lago Sagrado llegaban hasta ahí.

“Todo se ha secado, ahí había agua, pero desde hace años que ha ido desapareciendo”, asegura.

Los productos que sembraron en octubre están perdidos. “No hay esperanza”, afirma Justa. “Tal vez lo que se sembró en noviembre pueda salir, algo de haba, arbeja o de oca, pero como está, preocupa. Anteayer ha llovido un poquito, no fuerte, y así no va  a entrar a la tierra, esa lluvia no es suficiente”, afirma.

Ingreso  a Cumana hasta donde llegaban las aguas del lago.

“No sabemos cuándo lloverá, en diciembre ya estamos. En esta época la lluvia fuerte sabe ser, como en enero, febrero y marzo; pero hasta ahora nada. El año pasado ha llovido harto, por aquí todo esto lo llenó, como un lago sabe ser aquí, pero ahora toda está seco”, continúa la mujer señalando con la mirada hacia un canchón donde tres ovejas pastan  buscando algo qué comer entre unas manchas verdes formadas por un tímido pasto.

Pero no sólo la falta de agua castiga sus cultivos. Tuvieron granizadas y heladas en pleno octubre y noviembre, algo inusual en esta época del año. 

Justa acaba de llegar al pueblo, cargando en la espalda un bulto en su colorido aguayo. Está dedicada al comercio, tiene una tienda que desde el año pasado está semiparalizada. “La venta está vacía, ya no es como el año pasado, el negocio está muerto”, se queja.

En Belén ya no hay agua 

Mientras sigue su camino, tres jóvenes hacen su ingreso a Cumana. Están de paso y cuando se les consulta sobre cómo está la provisión de agua en sus comunidades, aseguran que “en muchas ya no hay agua, ni para tomar”. Son dos chicos y una chica. Ella viene de Belén, donde el racionamiento de agua ya no tiene sentido porque el pozo que aprovisionaba a la comunidad se secó. Intentaron cavar más profundo buscando una nueva vertiente, pero se detuvieron ante el peligro de un derrumbe. 

Hace dos días llovió durante unos minutos y la gente logró acopiar algo del líquido vital; ahora están racionando su uso sólo para lo más esencial, como la preparación de alimentos.

El ingreso  al pueblo de Cumana, que sufre la sequía.

“No hay agua en Belén, hace tiempito que ya está escaseando. El pozo de donde venía el agua se ha secado, han intentado cavar más profundo, pero se ha puesto peligroso”, dice la joven.

Añade que los que más sienten la carencia del agua son las personas adultas. “Las personas de la tercera edad son las que más sufren porque no tienen ni para asearse”, cuenta  preocupada.

Del ganado ni hablar. Si el agua es insuficiente para el uso de la comunidad, para los animales que crían para su consumo y para comercializar los productos que obtienen de ellos es ya inexistente, por eso los de Belén comenzaron a trasladar a su ganado, sobre todo vacuno, a otras comunidades.

Los de Cumana están haciendo lo mismo. Francisca, que tiene 15 cabezas de ganado, está llevando a sus animales a “la totora”, una vertiente que también se esta agotando. “Ya no hay comida, ya no hay agua para las vacas, y ya no haya leche”, lamenta la mujer.

Rituales y rezos

Ante la ausencia de lluvias y el intenso calor que han secado los pozos vertientes que les aprovisionan de agua, los comunarios decidieron recurrir a sus creencias y fe. En Cumana subieron al cerro y allí realizaron un ritual llamando a la lluvia; también subieron a orar pero hasta ahora sus pedidos parecen no ser escuchados.


El canchón  de Cumana el año pasado, en estas fechas..

“Han subido al cerro a orar, pero nada”, lamenta Justa.

Al pueblo comenzaron a llegar  algunos medios de comunicación para registrar la sequía y las consecuencias que está provocando en las poblaciones asentadas alrededor del Titicaca, lo que dio esperanza a los comunarios porque confían en que las autoridades se enterarán de lo que están “sufriendo” y les enviarán ayuda. “Vinieron a entrevistar; no han venido las autoridades, pero vinieron unos canales y hemos pedido ayuda, estamos esperanzados. Los dirigente comenzaron a levantar listas por si no vienen a ayudar”, dice Justa.

 

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