¡Quién se rinde!, niños y elegancia en la entrada del Carnaval de Oruro

Además de baile y fiesta, en diferentes paradas los devotos elevaron oraciones para los damnificados por los desastres naturales de Tiquipaya y otras partes del país debido a las intensas lluvias.
domingo, 23 de febrero de 2020 · 00:04

  Anabel Vaca  /  Enviada especial a Oruro

La gran entrada del Carnaval de Oruro mostró su esplendor una vez más en la capital del folklore. Un día cálido acompañó la alegría de los devotos jóvenes, adultos y hasta de muchos niños, quienes encabezaron varias de las 52 comparsas que recorrieron bailando cerca de tres kilómetros de las calles principales de la Tierra de Pagador. 

  Bailarinas se toman una  selfie  antes de ingresar a la Avenida Cívica.

Los mensajes políticos también se hicieron sentir, pero al ritmo de la saya con la canción que marcó los días de protesta postelectoral: ¿quién se rinde?

Un pequeño grupo de saya afroboliviana -si no el único- hizo bailar y cantar al público cuando tocaba y coreaba la canción ¿Quién se rinde? ¡Nadie se rinde!,  al ritmo de los silbatos e instrumentos autóctonos. 

 Efectivos policiales desfilaron portando mensajes contra la violencia.

Los más pequeños de la casa también fueron parte de la festividad dedicada a la Virgen del Socavón -reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad desde  2001-. Así desde niños siguen los pasos de sus padres hasta el santuario.

Gregoria Copa es una de las muchas madres creyentes de la imagen de la Virgen de la Candelaria. Ya hace 22 años que llega al santuario para agradecerle por las plegarias respondidas. 

El color y movimiento de la llamerada cautivó al público.

Copa es, además,  fundadora del conjunto folklórico Waca Waca Urus y, mientras descansa en una de las bancas de la iglesia,  pide a la Virgen más salud y energía para continuar bailando los próximos años.

“Es un consuelo bailar. He recibido mucha bendición”, dice sin dar más detalles. Las plegarías sólo las escucha la “Virgencita”. Cuenta con orgullo que sus hijos son profesionales y también bailan con devoción. 

Gregoria,  además de participar en la gran entrada, también lleva la tradición boliviana fuera de las fronteras, hasta México, Venezuela, Chile y Argentina.

 La destreza de los artesanos se mostró en las máscaras.

Más de 300 mil personas 

Según el Ministerio de Cultura, al menos 40.000 danzarines y más de 300 mil  visitantes nacionales y extranjeros fueron parte del Carnaval de Oruro.

“Que viva el Carnaval de Oruro, con la cultura de paz y sin violencia”, enfatizó la ministra de Culturas, Martha Yujra, quien fue parte del público. 

  Los niños también bailaron.

“Es la primera vez que yo estoy participando del Carnaval de Oruro”, aseguró luego de ser invitada a bailar por un conjunto de diablada. El cantante y compositor Milton Cortez y a la actriz Carla Ortiz también bailaron en  las graderías al ritmo de la diablada boliviana.

Sus pasos de baile fueron transmitidos por todo el mundo y en seis idiomas por el canal estatal.

La belleza se hizo presente en la entrada.

Para Yujra, reafirmar el respeto a las tradiciones es reivindicar una cultura inmensamente rica en costumbres, tradiciones, mitos, leyendas, música, danza y  vestimenta, que año tras año va ganando mayor admiración. 

Además de baile y fiesta, en diferentes paradas  los devotos elevaron oraciones para los damnificados por los desastres naturales de Tiquipaya y otras partes del país por causa de las intensas lluvias. También se pidió por la unidad del país y contra la violencia, según resalta una nota de prensa de esa cartera de Estado.

  Los Negritos de Pagador participaron en la entrada.

Seguridad y ley seca  

“Disfrutemos del Carnaval sin violencia”.  “Actúa, haz la diferencia. Tú puedes prevenir el abuso sexual” y “No más feminicidios” fueron algunos de los carteles que sostenían efectivos de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia mientras caminaban por el recorrido de la fiesta. 

 También se distribuyeron manillas para prevenir el extravío de los niños y la Policía brindaba seguridad en todo el recorrido.

 Devotos a su ingreso al santuario del Socavón.

A pesar de la ley seca de 16 horas que se decretó en Oruro por segundo año consecutivo, la venta de bebidas alcohólicas durante el recorrido se hizo presente. Sin embargo, no hubo excesos como ocurrió  en pasados años.         

Luego de recorrer casi tres kilómetros  bajo  el sol y bailando, los devotos agotados hicieron un último esfuerzo para mostrar su mejor paso frente al santuario de la Virgen del Socavón. 

Las bandas fueron un espectáculo aparte.

Los bailarines ingresan de rodillas ante la imagen de la Virgen, muchos entre lágrimas, y salen de la misma manera pidiendo que se les permita regresar  el próximo año para cumplir con  las promesas hechas y para agradecer por los milagros recibidos.

 Las promesas  se hacen por tres años y se renuevan con frecuencia, llegando muchas veces a prolongarse por generaciones completas. La entrada se prolongó hasta horas de la noche.

 

 

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