Las palomas en la plaza Murillo, bajo la sombra del olvido y con hambre pero firmes

Un biólogo recomienda no alimentarlas y hacer un manejo adecuado de esta especia introducida, mientras que una activista sostiene que hay que atenderlas.
jueves, 26 de marzo de 2020 · 18:24

Sergio Mendoza y Víctor Gutiérrez / Página Siete Digital

Al medio día en la Plaza Murillo, y seguro que antes y después, tan sólo se escucha el gorjeo de cientos de palomas hambrientas. Es como un murmullo que se intensifica ante la falta de otro ruido, ante la “soledad” de estas aves acostumbradas a recibir su merienda de los humanos; pero que ahora la tienen complicada por la cuarentena que mantiene a la gente en sus casas. 

La plaza está sin gente. Lo que hasta hace pocos días fuera uno de los lugares más concurridos en el centro de la ciudad hoy está sólo dominado por las palomas que ven pasar con esperanza a algunos cuantos vecinos o periodistas que andan en busca de noticias. 

Los que andan por allí con frecuencia dicen que estas aves tienen el mismo comportamiento desde que comenzó la cuarentena: se quedan quietas emitiendo su sonido particular y ni bien aparece alguien con unas cuantas migas de pan, arrancan vuelo y rodean a la persona con desesperación. 

En redes sociales la gente comparte mensajes de auxilio. “Por favor a las personas de buen corazón que viven cerca a la Plaza Murillo lleven comidita a las palomas. Están muy hambrientas y con sed. Por favor. Hoy fui yo y son muchísimas”, publicó Nelita Campos

“Ellas no saben lo que pasa y tienen mucha hambre, ya hay varias muertas. Hoy fuimos con más de siete libras de arrocillo y mucho pan… no es suficiente… por favor, quizás más gente se sensibilice y vaya a darles comida”, escribieron en la cuenta de Albergue de Mascotas Peluchin. 

Pero aunque la situación sea preocupante y algunos se desesperen por la suerte de las palomas no todos creen que la solución sea alimentarlas. 

Diego Méndez, biólogo y presidente de la Asociación Boliviana de Ornitología (Asbor) sostiene que “es loable que mucha gente quiera cuidarlas y atenderlas. Pero no es sólo darles de comer y después pensar que se está haciendo bien. Hay que ver, por ejemplo, qué causan las palomas al ornato público y a las otras aves que son nativas de La Paz”.

Méndez opina que una preocupación central debía ser la situación de las aves nativas, como la paloma moteada, la torcaza, el colibrí gigante, la pichitanka y otras tantas. Pone como ejemplo que en algunos países los especialistas aprovechan esta temporada de cuarentena para investigar qué ocurre con estos animales ante la ausencia de humanos. 

Por otro lado, es evidente que la paloma columba livia, la cual vemos en la Plaza Murillo y en el resto de la ciudad, es un animal que fue “importado” de Europa en los tiempos de la colonia y que afectó a la población de aves nativas. “Hay estudios hechos que demuestran que la diversidad de aves nativas es menor cuanto mayor es la abundancia de palomas”, sostiene el biólogo. 

¿Conviene, en tiempos del coronavirus e incluso cuando se acabe la cuarentena, alimentar a la columba livia?, se le pregunta al experto en aves. Él afirma que lo mejor, en realidad, sería hacer “un manejo adecuado” de esta especia, con el fin de que no ocasiones daños a la fauna paceña, ni a la infraestructura, ni a la ciudadanía. 

“No hace falta alimentar a las palomas. No es prioritario. Yo entiendo que hay gente que vive de esto como un entretenimiento para los niños principalmente, esos casos se deben evaluar. Seguro que no se puede eliminarlas, pero sí se tendría que ver cuántas se pueden permitir para mantener en una ciudad y que no causen problemas”, apunta Méndez. 

Ana Serrano, directora de Amor por los Animales Bolivia (Aplab), coincide en parte con lo expuesto por el biólogo, pero no en todo. Ella sostiene que evidentemente la Columba livia es un ave introducida que tiene aspectos negativos y que representa una competencia para otras especies que viven en el área urbana. Sin embargo, “no se las puede dejar morir de hambre”.

“Es importante proveer alimentación a las palomas, porque como cualquier otro animal ellas tienen la capacidad de sentir, de tener sed, de morir de hambre. Ellas llegaron a depender de las personas para sobrevivir. Esto es sobre empatía”, defiende la activista. 

Hace un tiempo, dice Serrano, ya se conversó con la Alcaldía de La Paz para utilizar granos que hagan a las palomas infértiles, para así controlar la sobrepoblación de una manera ética. “La esterilización a través del alimento es una solución adecuada, pero no se puede decir que no les demos comida porque son una plaga. Ahora es el momento de ser afectuosos con la vida y con los animales”, concluye.

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