Feria 16 de Julio, donde abundan los productos prohibidos con miles de compradores

La Alcaldía y la Policía redujeron el comercio en este sector, pero todavía hay algunos vendedores que se escabullen para ganarse unos pesos.
jueves, 2 de abril de 2020 · 18:37

Sergio Mendoza y Víctor Gutiérrez / La Paz

Están como escondidos, agazapados entre puestos de alimentos y otros artículos de primera necesidad en el área de lo que fuera la Feria 16 de Julio, en El Alto. Venden cierres, guatos, polleras, calzados, dvds, nylon, juegos para niños, calcetines y demás; cosas que no deberían estar allí si se cumpliera a rajatabla lo dispuesto por la cuarentena contra el coronavirus. Pero ante la necesidad de ganarse unos pesos estos comerciantes se escabullen y se asientan dónde pueden, para vender lo que tengan. 

“Estamos entre la espada y la pared. Tenemos que hacer cumplir, pero también vemos la situación por la que la gente pasa. A veces debemos dejarles. Ellas se mimetizan en una feria grande donde hay alimentos, encuentran un pequeño lugar y ahí se ponen”, indica el comandante regional de El Alto, Tito Lucero, como quien sopesa una situación compleja.

“Ahora, entrar y sacarlos no se puede, es duro el trabajo que se tiene que hacer. Debe ser verdad que la gente necesita, no lo puedo decir”, añade el oficial de la Policía.

Tanto Lucero como el secretario de Seguridad Ciudadana de El Alto, Dorian Ulloa, resaltan el trabajo que se hizo y se hace en esta ciudad para hacer cumplir la cuarentena y los horarios en que se debe vender los productos indispensables para la canasta familiar. Evidentemente, desde que comenzaron los operativos, la Feria 16 de Julio como tal dejó de existir. Ya no se observa el sector de venta de vehículos, tampoco de ropa, ni de calzados, ni de otras tantas cosas que había en este inmenso mercado.

Ahora tan sólo se ve alimentos, cientos de comerciantes con fruta, cereales, verduras y demás; y por supuesto, aquellos que se escabullen para vender los “productos prohibidos”.

“Se ha visto en la tele, lo pasaron por Unitel, una señora vendiendo zapatos en la mañana y le preguntaron si no tenía miedo enfermarse. Y ella respondió que aunque sea se morirá en su cuarto, pero no de hambre”, relata Lucero, intentando ejemplificar la situación de algunos comerciantes. 

Al fin de cuentas el comandante pregunta: “¿Quién es más culpable, el comerciante o el comprador? ¿A quién vamos a detener? Imagínese si detuviéramos a todos tendríamos que llenar una cancha o un coliseo con los arrestados”. Por ello, asegura, sus camaradas insisten en informar y tratar de concienciar a la población; aunque es tarea difícil.

De todos modos, Ulloa asegura que se anuló un 95% de lo que fuera la feria más grande de El Alto. “Más del 95% de las cosas que no son artículos de primera necesidad ya no se venden. Entonces está funcionado, para nosotros esto es positivo y nos gustaría llegar al 100%; pero es difícil y es algo que en ninguna parte del mundo se pudo. El grueso del mercado no está funcionado”.

Aunque la autoridad municipal tenga razón, en las calles donde se venden los artículos permitidos la cantidad de personas es sorprendente. Se mueven apegados, uno detrás del otro, avanzan de a dos, y así, las reglas del metro de distancia de persona a persona, o la de salir sólo uno por casa, están lejos de respetarse.

“Hay mucha gente que no comprende lo delicado de la situación en la que vivimos. (…) Entonces esto va a tomar un tiempo, seguro, pero esperemos que vaya cambiando”, dice Ulloa.

Frente a la agencia del Banco Unión, ubicada entre la avenida Alfonso Ugarte y la calle Sargento Carrasco, la gente se aglomera. En la fila, no hay eso de la distancia mínima. De paso, las personas están molestas porque les indicaron que la atención se cortaría al medio día y si no alcanzaban a atenderlos tendrían que regresar otro día. ¿Pero qué pasa si, según la terminación de tu carnet, sólo podías salir ese día y no otro? ¿En realidad se controla la terminación del carnet en los alrededores de la 16 de Julio donde las calles están repletas de gente?

“Se controla, se controla”, repite Lucero como cansado. “Pero la gente es…, siempre la misma excusa, que ahorita he salido, que fui a comprar pan, que sólo por el pollo, que lo hice perder. Dan infinidad de excusas que vencen la moral. Pero seguimos batallando, seguimos al frente, seguimos concienciando. Los operativos siguen y seguirán hasta que el Gobierno diga que ya no hay peligro por el coronavirus”.

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