Así se vive el aislamiento en un hotel de cinco estrellas

Pablo y Ana fueron de los primeros pacientes en ingresar al centro de aislamiento Covid-19 de La Paz, donde viven bajo llaves y sin ningún contacto social.
domingo, 26 de abril de 2020 · 00:04

María Ortiz /  La Paz

Por la mente de Pablo y Ana (nombres ficticios) jamás se había asomado la idea de pasar una noche en el hotel que durante años albergó a numerosas estrellas de talla internacional. Lejos de alzarse como un capricho o un descanso, y habiendo cambiado la condición de huésped por paciente, esta pareja paceña fue de las primeras en ingresar al centro de aislamiento Covid-19 de La Paz, donde desde hace seis días viven bajo llaves y sin ningún tipo de contacto social.

Luego de dar positivo en la prueba de coronavirus, a las tres de la tarde del lunes, una ambulancia del SEMA los esperaba en la puerta de su casa. Junto a Pablo y Ana, ambos de poco más de 30 años, salieron su hijo menor y otros dos familiares, todos  con síntomas leves. Horas más tarde, la Agencia Municipal de Noticias informaba: “Ingresan las primeras cinco personas al Centro de Aislamiento Covid-19”. 

La instalaciones del emblemático  hotel Real Plaza,  el que fuera el Radisson y antes el Sheraton,  se han convertido  en un albergue edil que hasta ayer acogía 18 casos sospechosos y leves de coronavirus.

“Al llegar nos han introducido en una cámara de desinfección. Luego nos metieron a todos en un mismo ascensor. Los cuatro adultos nos pusimos en cada una de las esquinas mirando hacia la pared, para no estar en contacto, y mi hijito al medio. De ahí hemos llegado al piso 11 y, gracias a dios, me pusieron con él en la habitación. Mi mayor miedo era que nos separaran”, explica Ana, quien ya había tenido que despedirse del abrazo de sus otros tres hijos hasta dentro de 14 días. 

En su habitación cuentan con televisión, calefacción, baño privado, wifi que les permite  mantener el contacto con sus familiares en el exterior, y una cama grande en la que el amor maternal yace en lados separados: “mantenemos una distancia para dormir, pero compartimos cama”, señala Ana.

Con las mismas comodidades, Pablo se encuentra aislado en una habitación contigua a la de su esposa y su hijo, comunicadas entre sí por una puerta que se abre a la magia de su mayor esperanza.

“Las horas se me pasan haciendo ejercicio y estando con mi hijo. A él lo puedo ver porque podemos acceder de un cuarto a otro a través de una puerta que los une, sin necesidad de salir al pasillo, el cual tenemos prohibido pisar. La puerta de entrada no se puede abrir porque está bajo llave”, relata Pablo.

Ana indica que pasa el tiempo tratando de entretener a su hijo con lo que puede: “Como todo fue rápido, no pude traer muchas de sus cosas. Vemos tele, jugamos o lo pongo a ver sus caricaturas en el celular. Muchas veces quiere salir pero le explico que no se puede. También limpio el cuarto con los productos de limpieza que nos han dejado y acomodo nuestras cositas”. 

En cada una de las habitaciones también disponen de un teléfono que permite la comunicación interna con los médicos que realizan el control  y vigilancia. Según ambos, la atención médica es constante y reciben llamadas constantes para ver cómo están y recordarles que tomen sus medicamentos.

“El lunes, cuando ingresamos, nos hicieron un control para medirnos la temperatura, la frecuencia cardíaca… y cada día, a las seis de la tarde, el doctor nos visita para ver si tenemos algunas molestias y monitorear los síntomas”, sostiene Ana, quien sufre de dolor de cabeza, de espalda y debilitamiento físico. Su esposo en la actualidad solo presenta tos, en tanto que la hija de ambos los asusta de vez en cuando con algún estornudo.

Cuentan que reciben cinco comidas al día: desayuno, un té a media mañana, almuerzo, merienda y cena.

“El personal, con quien apenas tenemos contacto, nos llama por teléfono para avisarnos de que nos van a traer la comida y estemos al tanto de la puerta. Para recibirlos nos ponemos los guantes y el barbijo y ya ellos vienen, golpean, abren desde fuera y nos la pasan”,  detalla Pablo. 

Y así, entre las cuatro paredes de la habitación de un hotel de lujo, el tiempo se va consumiendo y los va a acercando a las más de cinco estrellas que hoy parecen eclipsadas por un virus que paralizó sus vidas, sus sueños y al mundo.

“Esto es una pesadilla, una experiencia traumática para todos. Yo sentí una depresión horrible. Gracias a dios, mi esposo, yo y los que estamos aquí aislados somos positivos pero estamos no más estable y todo quedará en un susto”, concluye Ana.

Centro de  aislamiento

  • Contrato  La Alcaldía de La Paz suscribió un contrato por un año con el Hotel Real Plaza para instalar un centro de aislamiento para pacientes con Covid-19. Los ambientes fueron alquilados por 11 millones de bolivianos por un año. El contrato terminará en cuanto cese la emergencia sanitaria .
  • Adaptación  Desde el viernes 17 de abril, 319 habitaciones y cuatro salones del hotel Real Plaza fueron habilitados para pacientes con coronavirus del departamento.
  • Aislamiento  El lunes pasado ingresaron las primeras cinco personas. Hasta ayer, eran 18 los internados.

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