HCF Mansilla sobre el coronavirus: “No es el comienzo de una nueva era”

Uno de los más importantes filósofos bolivianos tiene una opinión escéptica sobre los fenómenos de globalización y afirma que aunque es un evento insólito, no es nada que no haya sucedido antes.
domingo, 5 de abril de 2020 · 11:35

Isabel Mercado / Página Siete

Los filósofos también están teniendo trabajo estos días. No pueden ponerse de acuerdo en cómo interpretar esta pandemia global que, sin ser la primera en la historia, está deteniendo al mundo en su loco girar y causando estragos en la salud y la economía de todas las naciones. Para unos es el fin de una era que dará inicio a un nuevo mundo; para otros un golpe mortal al sistema capitalista; para unos es una oportunidad para el reencuentro, para otros una excusa para el aislamiento y las barreras. HCF Mansilla, uno de los más importantes filósofos bolivianos, fiel a sí mismo, tiene una opinión escéptica sobre los fenómenos de globalización y afirma que aunque es un evento insólito para nuestra generación, no es nada que no haya sucedido antes; que no cambiaremos ni aprenderemos mucho de esta experiencia, pero que sí pueden cambiar los ejes del poder político y económico mundial. Y para mal. También afirma que, desde lo humano, lo más sobresaliente es la importancia que en estos días se le da a cada vida, mientras antes las pestes acababan con millones de seres ante la mirada impotente de la sociedad.

¿Cómo interpreta desde  la filosofía el momento que estamos viviendo?

Es un momento excepcional en la historia porque se ha producido una especie de parálisis económica absolutamente global y eso no ha habido nunca antes en la historia universal, que todas las naciones, más o menos al unísono hayan decretado excepción sanitaria con confinamiento de los habitantes, cuarentena estricta y demás aspectos. Esto significa también un bajón de la producción y como ha pasado simultáneamente en todos los países del mundo, es la primera crisis sanitaria realmente mundial con paralización de actividades. No existen -y esto quisiera remarcar- teorías, conceptos para aclarar esta situación debido precisamente a su carácter terriblemente novedoso. Nos asustamos antes de pensar.

¿Es el fin del mundo o inicio de una nueva era?

Como no soy experto en futurología no puedo saberlo, pero no creo que sea el fin del mundo, de ninguna manera… Yo creo que lo que va a ocurrir es un pequeño, subrayo pequeño, reordenamiento de relaciones económicas y tal vez políticas, pero no creo que pase de eso. No tengo tendencia a lo apocalíptico de ninguna manera y personalmente creo que el mundo va a retomar sus actividades más o menos normalmente después de que todo pase. Pero, va a haber este bajón de la producción industrial, agrícola, de los servicios, etc., y eso va a representar una crisis económica que siempre trae consigo un reordenamiento político.

Vamos por partes: primero abordemos lo humano, lo existencial.  ¿Es un buen o mal momento? Hay diferentes lecturas de los filósofos en este momento. Algunos dicen que es un buen momento porque hay un reencuentro del hombre con la naturaleza, con la familia, con la introspección. Otros sostienen que es un momento negativo porque saca lo peor del ser humano: el egoísmo, el miedo al otro… ¿cómo lo ve usted?

Para contestarle, yo me referiría a experiencias históricas y literarias. Ha habido la Gran Peste Negra, en la Edad Media, de 1347 a 1348; y hay otra gran peste que está muy bien documentada que es la que asoló a Europa Occidental en 1665, de la cual ha salido la gran novela crónica de Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe, que se llama Diario de la peste de Londres. Ahí se nota lo siguiente: en primer lugar no es ninguna novedad lo que está pasando. Ya en la Edad Media ha habido las mismas medidas de aislamiento, cuarentena, confinamiento, paralización de transporte. Ya se sabía en la Edad Media que el gran problema es  la diseminación del peligro (no se sabía en aquella época que habían virus). Eso se trata de cortar con la circulación, la prohibición de visitas, actos públicos, etc. En Londres en 1665, según Defoe, fue exactamente igual. Y ahí se notan las características que usted ha mencionado: aparecen las mejores y las peores. Es algo repetitivo, no es algo nuevo en la historia universal, en el sentido humano; las grandes crisis, como una guerra, muestran lo mejor y lo peor del ser humano. No hay algo muy excepcional, no es el comienzo de una nueva era, es simplemente la continuación de lo que ya hemos vivido algunas veces.

¿No es paradójico que en un momento en la humanidad se creía todopoderosa, con el control de prácticamente todos los espacios posibles de la actividad humana, pase esto que nos deja totalmente inermes, sin capacidad de respuesta?

Yo no sería tan radical porque en el fondo no estamos totalmente inermes; es una epidemia con poquísimas víctimas mortales. Permítame mencionarle unos datos: durante la peste negra de 1347, murió la cuarta parte de la población en Europa, Asia y África; hubo mínimo tres o cuatro millones de muertos solo en Europa Occidental. En 1919, durante la gripe española, que tocó a Bolivia, hubo entre 20 y 30 millones de muertos a nivel mundial, posiblemente entre 40 mil a 50 mil muertos en Bolivia y aquí no se suspendieron actividades no hubo cuarentena; sólo hubo más mortandad de lo normal, pero todos siguieron iguales. Algo similar va a suceder ahora, no estamos tan inermes, no es algo tan novedoso; vamos a salir de esta con rasguños, como siempre ha sido la historia del ser humano.

Usted me hablaba de la parte económica y ese es un problema tan tangible como la propia enfermedad, ¿usted vislumbra una crisis del modelo capitalista?

No creo porque no hay ninguna alternativa seria a este modelo; todos los modelos socialistas han fracasado. El gran ejemplo es la China, que ya no puede llamarse socialista; es un sistema autoritario basado en la propiedad privada de los principales medios de producción; en libre mercado pero con un sistema completamente totalitario en el campo político y cultural. Ese podría ser un sistema que se expanda a nivel mundial; ese es el gran peligro. China probablemente va a lograr manejar esta crisis. Por lo que sé, la epidemia no se ha extendido a gran parte del país; los chinos han logrado limitar la enfermedad a un cierto espacio. En las provincias exteriores de China, como Manchuria y Tibet, la vida es completamente normal y la producción sigue. El gran peligro, como decía, es que muchas sociedades imiten el modelo chino de un gran control de las actividades humanas lo cual es posible hoy por la tecnología de la vigilancia –con cámaras que son ubicuas, en todas las ciudades chinas hay cámaras cada tantos metros, vigilan a todos-. Ese peligro es grande porque es llamativo; hay mucha gente a la que le gustaría, también a muchos izquierdistas les gustaría un modelo de control social severo, donde el Estado tiene la visión completa de lo que hace todo ciudadano. Ese peligro existe porque, probablemente, ese modelo tenga algún éxito en la limitación de la epidemia.

¿Y eso en qué afectaría a los polos de poder? Hablemos de EEUU, que ha tomado una alternativa diferente de China: no está vigilando a sus ciudadanos, no los está poniendo en cuarentena y vemos que la epidemia está creciendo a pesar de los pronósticos del presidente Trump.

El peligro que yo veo es que el modelo estadounidense de libre mercado y libertades individuales se vea reducido; puede ser que el otro, el autoritario, sea más exitoso y podría ser que varios países, por ejemplo la India, poco a poco se sumen al modelo chino (en la India ya hay un gobierno bastante autoritario que se parece un poco al núcleo del modelo chino). Entonces podría ser que ese modelo, que también hay en Vietnam, etc., se expanda por su éxito. Eso podría sí ser negativo.

Entonces, ese podría ser un resultado de esta pandemia

Es lo que yo temo.

En cuanto al tema medioambiental, de la relación del hombre con el planeta, algo que se ha visto en estos días es la reacción de la naturaleza ante la falta de una presencia activa del hombre….¿Cree que esta pueda ser una lección?

Claro, pero temo que esa lección va a impactar en relativamente poca gente. La gran mayoría de la humanidad no tiene ningún amor a la naturaleza, a los animales, a los ecosistemas, nada de eso. A la inmensa mayoría de la humanidad le gustaría continuar con lo que había antes y gozar de los beneficios de una sociedad altamente industrializada, con consumo masivo. Esta lección para la humanidad sólo va a servir para grupos que de todas maneras antes ya tenían intenciones pro ecologistas. Le quiero dar solamente un dato: aquí en Bolivia ha habido hace pocos meses el gran incendio de la Chiquitania y los grupos empresariales, las asociaciones de campesinos, los partidos de izquierda, etc., no han abierto la boca en contra del incendio forestal. Quiere decir que en el fondo les era indiferente o hasta estaban a favor. Y así como ellos piensan lo hace una parte muy grande de la población, es gente que piensa que el ser humano –además está en la Biblia, en el Génesis-debe que dominar la naturaleza, y dominar significa explotarla porque la naturaleza está para nosotros y no nosotros para la naturaleza…. Pero, puede haber por carambola, un sentimiento algo mayor de interés por proteger a la naturaleza. Creo que ha habido aquí en Bolivia una limpieza muy relativa de los grandes ríos, como el Rocha de Cochabamba o el Choqueyapu de La Paz. No he podido ver porque tengo restringida la circulación, pero podría pasar ser que a nivel mundial haya algo así.  Yo me temo que esa expresión, que también es estética (la recuperación de la belleza original de la naturaleza), afecta a poca gente sensible, como usted o como yo. A la gran mayoría de la población le es indiferente que el Choqueyapu tenga aguas limpias, lo que le interesa es ganar dinero, pasarla bien, comer mejor… no creo que la limpieza de los ríos, el repoblamiento de algunas áreas, les interesen a muchos, sólo a gente que ya tiene un espíritu sensible y esa siempre es una minoría…

¿O sea que esa ilusión que algunos tienen en estos días en sentido de que después de esta pandemia podríamos tener una mejor calidad de seres humanos, le parece irrelevante?

No totalmente irrelevante, siempre hay que mantener un poquito de esperanza porque la sociedad es muy compleja, el desarrollo humano es también muy inesperado y siempre hay un resquicio para la esperanza. Pero, en líneas generales yo creo que ese tema no interesa a mucha gente. Aplaudo lo que ha hecho Página Siete, que durante el incendio de la Chiquitania y en otras ocasiones ha dado enorme cobertura a todo lo que significa protección a los ecosistemas, esa es una labor educativa y pedagógica de largo aliento que Página Siete viene haciendo de manera ejemplar, pero yo calculo que Página Siete es leída por unas 50 mil personas en el país, digamos, siendo generosos, que 100 mil personas comparten más o menos los ideales pro ecologistas y también los ideales democráticos de Página Siete, pero eso es, más o menos, el 1% de la población de Bolivia. Creo que no afecta mucho al grueso, lamentablemente, de cualquier sociedad en el mundo.

¿Cómo ve el manejo de esta pandemia en Bolivia?

He visto unos cuantos comentarios en el exterior: el manejo de la crisis en Bolivia ha sido relativamente bueno; hay que decir que el Gobierno tomó medidas estrictas relativamente temprano. La epidemia en Bolivia está dentro de límites manejables. El hecho de que, por ejemplo, en Oruro se hayan tomado medidas muy tempranas y la epidemia haya sido limitada, ha sido bien recibido por algunos expertos en el exterior. Yo me imagino, sin ser experto, que la crisis ha sido manejada por el Gobierno de forma adecuada.

¿Qué lecciones, entonces, nos quedarán después de la pandemia?

Lo que se nota en esta pandemia es algo muy positivo y es valor atribuido al ser humano que ha subido notablemente en el tratamiento de los gobiernos y de la opinión pública.  Cuando hubo la pandemia de la gripe española de 1919,  no se tomó ninguna medida especial en Bolivia. El gobierno de José Gutiérrez Guerra no se atribuyó ninguna medida especial y hoy en día un muerto es algo gravísimo. Quiere decir que hoy los humanos atribuimos un valor muy grande a la vida individual. Hoy estamos horrorizados por 10 muertos, en cambio hace exactamente un siglo, hubo probablemente 40 mil muertos y nadie se preocupó. Ha mejorado mucho la valoración de la vida individual. A eso ha ayudado mucho las conexiones con el exterior, que se conozcan las ideas que hay en el exterior en relación a la defensa del individuo. Aquí en Bolivia hemos hecho un gran progreso, las medidas del Gobierno reflejan eso: la defensa de la vida como el valor supremo de la sociedad.

Hoja de vida

Hugo Celso Felipe Mansilla Ferret (Buenos Aires, 17 de noviembre de 1942), más conocido como H.C.F. Mansilla, es un reconocido filósofo con ciudadanías boliviana y argentina. Ha publicado cerca de 50 libros y más de 300 artículos, dispersos en revistas de más de 20 países. Sus libros han aparecido en Alemania, España y países latinoamericanos. Ha elaborado una teoría crítica de la modernización, que es un intento de aplicar la teoría crítica de la sociedad, proveniente de la Escuela de Frankfurt y de uno de sus maestros, Theodor Adorno, a la realidad de los países del denominado Tercer Mundo, combinada con una reflexión sobre el medio ambiente y una crítica de la cultura política del autoritarismo.

 

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