Indígenas temen desaparecer si el coronavirus los alcanza

49 territorios indígenas de los 58 que habitan en Bolivia están rodeados de municipios donde ya llegó la Covid-19. Desde abril alertan sobre la catástrofe que los acecha.
viernes, 26 de junio de 2020 · 00:04

Esther Paola Mamani / La Paz

“La enfermedad no es el problema, el problema es el olvido de las autoridades. Si desaparecemos parece que a nadie la va a doler”, expresa Liliana Velazco con la voz clara, en tono alto y mirando directamente a la cámara de un celular desde la Central del pueblo Tacana. Es el único lugar donde tienen conexión a internet. La líder indígena del pueblo tacana cavineño, en Beni, está junto con varias mujeres, en un encuentro virtual para evaluar la pandemia.

“Están en riesgo de desaparecer, eso es etnocidio y nos vamos a quedar sin su cultura”, indica Miguel Vargas Delgado, director del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (Cejis). Vargas y Velazco tienen la misma alarma encendida: 49 territorios indígenas de los 58 que habitan en Bolivia están rodeados de municipios donde ya se registraron casos de Covid19. 

Velazco, mujer tacana, que habló sobre las dificultades que trajo la pandemia en el encuentro Mujeres indígenas y pueblos de la Amazonia aislados por la Covid -19 contó que ante la ausencia del Estado es normal que algunos indígenas crucen la frontera a poblaciones como Río Branco, en Brasil. Iban en busca de atención médica  mucho antes de la pandemia y aunque la ciudad brasileña tiene más de 10.000 infectados, sigue siendo una opción de salud para los indígenas bolivianos. 

Fotos Cejis y Eliana Vargas

“Son pueblos del Pantanal, Amazonia, trópico y Chaco cercados por municipios que tienen riesgo alto de contagio, es una situación crítica”, continúa explicando el director del Cejis. El etnocidio es la destrucción de un grupo étnico o de su cultura. 

Aquellas poblaciones de la Amazonia boliviana con menos de 300 habitantes están condenados a desaparecer si la pandemia los golpea con la fuerza que lo hace en ciudades capitales del país. La afirmación no es exagerada, asegura Vargas. 

Desde abril la dirigencia de estos pueblos ya había alertado de una situación catastrófica. Fue sencillo comparar la precariedad del sistema de salud en ciudades grandes y los pequeños centros de salud de los indígenas. Por eso el 10 de mayo enviaron una carta a la Presidenta. La Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) pidió administrar el  dinero  del Fondo Indígena para medicamentos, alimentación y combustible. La respuesta del Ejecutivo no llegó. 

“La sociedad civil también tendría que volcar su mirada y apoyo a estos pueblos para no presenciar un etnocidio”, añade Vargas.  Esta institución es la que divulga con mayor frecuencia el peligro del etnocidio en el país. 

Ely Linares es antropóloga y trabaja con el Concejo yuqui. Como investigadora relata que en la categoría de pueblos indígenas de alta vulnerabilidad están los araona, con 90 habitantes, los yaminagua, con 100 pobladores, los  capahuara, chacobo, huarasue, tapiete y chapiete, todos con menos de 50 habitantes. Con menos de 300 habitantes están los wenayek, cabineño, mosetén, baure, canichana, sirionó, moré, esse ejja y el pueblo ayoreo. “La subsistencia física y cultural del pueblo ya estaba en riesgo”, advierte la antropóloga. La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Beni y Pando albergan a estas culturas.

Linares hace énfasis en la comunidad  machineri, en la que se registró un caso positivo de coronavirus la semana pasada. “Están en un riesgo inminente de reducción de su población y no sabemos si el virus se expandió.  Apenas son 22 personas los machineris”, indica. Este pueblo es nómada y se desplaza también a Brasil. Viven muy cerca de la triple frontera y “… sufren otras enfermedades como tuberculosis y dengue. Quienes se han contagiado están en riesgo de perder la vida. La densidad de estos pueblos bajará inminentemente”. 

Datos que el Ministerio de Salud no desagrega

El Ministerio de Salud no ofrece los datos de contagio y personas sospechosas de portar el virus en tierras bajas. Por ello el Cejis hace una contabilización a base de los reportes de las mismas comunidades y de la Red Indígena de Salud, además de datos de los servicios departamentales de salud de siete departamentos donde viven estos indígenas. 

La última actualización indica que en Lomerío se registraron 27 casos, en el pueblo yuqui 20, en el guarayo 14, yuracaré siete, cayubaba cinco y cuatro en el pueblo charagua iyambae. Éstos hacen un total de 77 casos positivos. De estos seis pueblos, sólo los yuquis accedieron a más pruebas de laboratorio para conocer el verdadero número de casos confirmados. Casi como un favor, sus autoridades indígenas lograron que el pasado sábado se tomen 30 muestras, cuyos resultados aún no conocen. Los yuquis tienen 344 personas y 149 familias.

Hace dos semanas que no recibían a una brigada del Servicio Departamental de Salud de Cochabamba, cuenta la doctora Keila Ávila, coordinadora de la Red Indígena de Salud. En el pueblo yuqui ahora trabaja sólo un médico, quien hace las visitas casa por casa, administra los medicamentos que les entregaron y que no puede comunicarse sino hasta salir a la carretera que va a Chimoré por la falta de conectividad telefónica. Una doctora y dos enfermeras, antes del médico, contrajeron la enfermedad y tuvieron que replegarse. 

“Gestionamos un centro de aislamiento en Villa Tunari, pero (los indígenas) no quieren ir por temor a que quemen sus cadáveres si mueren y no vuelvan a sus comunidades”, cuenta Ávila, quien como coordinadora debe velar por la presencia de personal de salud en esas poblaciones. 

El exasambleísta Abel Lara nació en el pueblo yuqui y es él quien hace las gestiones para la comodidad del médico que atiende ahora a sus familiares y amigos. “El sólo va a trabajar hasta fin de mes, es como que nos han prestado. Tratamos de mandarle víveres y algunos insumos para que se cuide y así no se desanime. Si él se va no habrá atención médica” expresa Lara. 

Esta red de salud atiende los territorios indígenas yuracaré, Conisur Tipnis y yuquisiri. Los responsables médicos de cada TSO envían reportes epidemiológicos semanales. “Tenemos más sospechosos de los ocho confirmados, pero ¿quién les va a reemplazar en los centros de salud?” consulta la coordinadora. Los contagios ocasionaron el cierre de nueve centros de salud de los 19 que administran para población indígena. Son 45 ítems para médicos Safci y 15 están aislados. 

Otras enfermedades

La pandemia pasa a segundo plano cuando se nombra a otras enfermedades que no están siendo atendidas. “Allá una muerte es una gran pérdida para la comunidad porque entre todos se conocen y si no van a morir por Covid19 será por otras enfermedades. Si un paciente se dificulta no podremos asistirlo. No tenemos unidades de terapia intensiva”, lamenta la doctora Keila, que todavía gestiona y anhela un helicóptero para el traslado de pacientes graves. Lo discutieron como posibilidad en las reuniones de coordinación entre Sedes y las Fuerzas Armadas. 

Otra de las instituciones que trabaja con pueblos de tierras bajas es el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca). Marco Antonio Albornoz, director del Cipca Norte Amazónico, informa que elaboraron un  perfil epidemiológico de las comunidades en el norte. 

El 44% del total de su población tiene alguna enfermedad. Desde infecciones respiratorias enfermedades diarreicas agudas, fiebre amarilla, tuberculosis, malaria, leishmaniasis y el dengue, principalmente; estas poblaciones ya conocían de la precariedad o ausencia de los sistemas de salud. “Si llega la Covid-19 sería catastrófico porque sabemos que el Estado no tiene una respuesta para estos pueblos. Ahora tienen más casos de dengue en el norte del país, pero no son atendidos” acota Albornoz.

Rodeados de  la pandemia

Ya las capitales del país viven escenas dramáticas con la pandemia. El último reporte del Cejis y del Centro de Planificación Territorial Autonómico indica el número de municipios con casos de Covid-19 y que están cerca de territorios indígenas. En Tarija, Cochabamba y Chuquisaca tres municipios, en Pando y La Paz dos. Santa Cruz tiene 17 y Beni 12 municipios con casos confirmados a pocos kilómetros de los pueblos amazónicos. 

La Cidob denunció que algunas empresas del Estado no brindaron toda la seguridad para trabajadores de la industria petrolera en el Chaco. Es decir, la llegada de foráneos también implica un estado de riesgo.  Del Cipca, Albornoz, también detalla que otros indígenas salieron con la esperanza del cobro de los bonos del Gobierno. 

Liliana Velazco, la líder tacana, que hablaba en el encuentro virtual además de protestar por el olvido de las autoridades, detalla que el hambre tumbó las estrategias adoptadas por sus autoridades. Hicieron cercos y acataron la cuarentena, pero los alimentos se acabaron. 

Cuando pasan más de 100 días de la pandemia, los líderes e instituciones que trabajan con pueblos indígenas aún esperan una respuesta del Gobierno. No se conoce el plan de salvataje y atención médica para estas comunidades que tienen pocos habitantes y lidian con una enfermedad altamente contagiosa. 
 

Solidaridad, miel y organizaciones no gubernamentales

Ante las diferentes carencias en tierras bajas, varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG) han canalizado la ayuda de algunos sectores de la población. Nunca es suficiente, pero llevando alimentos, productos de limpieza  e insumos de bioseguridad  buscan evitar que los indígenas se vean obligados a salir  de sus comunidades en busca de provisiones.

En las páginas de Facebook del Cipca, del Cejis y Unitas, por citar tres ejemplos, se leen anuncios que invitan a la solidaridad. Alcohol en gel, jabones y alimentos no perecederos, en especial harina, fideos, aceite y azúcar, son los más requeridos para ser llevados hasta los indígenas. 

Esmeralda Rivera Soza, representante del pueblo sirionó, asegura que ahora todos estos territorios incluyeron a su alimentación  de cada jornada miel diluida en agua tibia y mejor si va acompañada de unas gotas de limón. “La medicina tradicional nos sirve en la primera fase del coronavirus. Nadie nos ha dicho pero nosotros sabemos que nos hemos curado, porque había contactos de casos positivos que se sanaron” asegura. 

“Las otras enfermedades no están de vacaciones. Desde los conocimientos ancestrales hemos aprendido a combatir las enfermedades del mundo. Tal vez no podemos sanarnos en la etapa más grave, pero podemos combatir”, explica la líder.

 

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