Álvaro Chuvé Chuvé, líder indígena: “Yo salí de dos armarios”

A sus 21 años, este chiquitano de sombrero “transgresor” no sólo asume su homosexualidad, sino que la lleva como bandera de lucha.
lunes, 29 de junio de 2020 · 11:42

Protagonistas: Paridad-Poder-Juventudes

Cuando Álvaro Chuvé Chuvé tenía seis años y todavía vivía en el campo, presenció una escena de violencia contra dos animales porque éstos se apareaban siendo machos. La imagen golpeó sus sentidos, golpeó su sensibilidad, y le dejó un fuerte mensaje de lo que está “bien” o “mal” en el mundo rural.

Pero, a pesar de que ese recuerdo lo persiguió gran parte de su vida, su sentido de libertad pudo más y después de mucho transitar por su fuero interno, decidió abrir las puertas de los dos “armarios” de su cautiverio, para dejar salir al que verdaderamente es: un joven indígena homosexual.

Hoy, a sus 21 años, este chiquitano de sombrero “transgresor” no sólo asume su homosexualidad, sino que la lleva como bandera de lucha.  Actualmente, es miembro de la Red de Jóvenes indígenas y afrobolivianos de Santa Cruz y de la organización Mano Diversa.

Debido a su activismo comprometido, siempre está en espacios desde donde las plataformas juveniles gestan propuestas para políticas públicas. En ese escenario fue posible este diálogo con Protagonistas: Paridad-Poder-Juventudes, campaña impulsada por IDEA Internacional y la Coordinadora de la Mujer.

¿Por qué dice que su sombrero es transgresor?

Sí, mi sombrero es transgresor, molesta a las personas y al menos pone en sus bocas el tema indígena, aunque no como debería ser. “¿Y este indio qué hace aquí?”, escucho decir.

 La primera vez que yo asumí mi autoidentificación cultural fue en el colegio, fue horrible. Una profesora preguntó si alguno de nosotros la tenía. En ese momento yo no lo sabía, pero dentro de mí mismo decía “mi padre es de San Antonio de Lomerío, es chiquitano, y yo también lo soy”. Entonces levanté la mano y la profesora me dijo “ahh, usted es indígena”. Yo aclaré y dije “no; yo soy chiquitano”. Cuando pasé al frente a contar mi historia, escuché murmullos diciendo “indio, indio”. Entonces sentí un impacto psicológico muy fuerte.

Después, en el SEGIP he peleado mucho no sólo por mi autoidentificación cultural, sino por salir en mi carnet con mi identificación ancestral. Me han dicho que nadie les había hecho “tanto problema” por esos temas. Yo no quise “hacerles problemas”; yo sólo estaba exigiendo que se me reconozcan mis derechos constitucionales.

¿Su activismo por las diversidades sexuales “ruge” tan fuerte como por la autoidentificación indígena?

La discriminación por la orientación sexual es un tema más personal, pero que repercute en el ámbito familiar y social. Es una condición muy difícil. Por eso yo digo que salí de dos armarios, por ser indígena y por ser homosexual.

Aquí surge el tema de los privilegios. Antes, ser un hombre indígena no era un problema, porque la gente me decía “Alvarito, tú tienes capacidad, te vamos a ayudar, vas a ser un referente, ahora estás sobresaliendo…” Pero cuando yo manifesté mi orientación sexual de manera pública, se me negó la representación de la organización que yo fundé junto con otros jóvenes. Todos me ignoraban y me miraban raro. Fue algo silencioso pero radical.

¿Quiere decir que se encontró con ciertos privilegios por su condición de indñigena, pero que se acabaron por su homosexualidad?

Por ser indígena no; por ser hombre. Porque ni siquiera en mi familia se quieren autoidentificar como indígenas, sino como chiquitanos. El ser indígena es tan personal como ser heterosexual. Puedes ser indígena guarayo o ayoreo; el problema está en asumirlo con libertad ante la sociedad. Entonces, si eres hombre, además blanco y heterosexual, tienes el mundo regalado; al menos no tienes que lidiar con la discriminación.

¿Cómo se miran las diversidades sexuales en el mundo indígena?

Es muy difícil. Cuando yo tenía seis años y todavía vivía en el campo, un día fui con mi abuelo al potrero que teníamos en casa. Al entrar ahí, vimos que nuestros dos perros se estaban apareando; los dos eran machos. Entonces, mi abuelo se puso furioso, agarró a uno de los perros y lo mató con un azadón, luego lo colgó; agarró al otro y lo capó. Ese mensaje fue tan claro para mí.

Yo tengo un tío homosexual, todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice. Puedes ser homosexual, pero no puedes expresarlo ni decirlo.

¿Lo asume como una cruzada personal?

Así es. Pero el año pasado entré en crisis, no sabía qué hacer con mi vida. Estaba solo y en ese estado comienzas a cuestionarte sobre todo lo que hiciste en la vida. Yo me preguntaba constantemente si no era mejor quedarme encerrado conmigo mismo.

¿Y esa duda lo sobreviene alguna vez?

No, la verdad es que no. Creo que todo es consecuencia. En espacios como éstos (encuentro de jóvenes activistas) he visto gente que no se hace problema por la homosexualidad y eso ha sido y es bastante motivador. Conocí personas maravillosas que dicen “oye, estamos en el siglo XXI, a nadie le interesa que seas gay o no; tenemos otros problemas y deberíamos enfatizar en ellos”. Es otro mundo.

¿Ha encontrado esa misma sintonía en su familia?

No, de hecho, tuve muchos problemas con mi familia. Primero se lo dije a mi madre, justo cuando yo estaba en una crisis emocional y sentía que tenía que gritarlo. Al principio, ella me rechazó totalmente. Cuando se lo dije, ella había venido del campo a visitarnos a la ciudad, donde vivía con mi padre y mis tíos. Al escucharme, quiso volver rápidamente al campo, donde vive. Antes de irse me dijo: “¿Y cómo crees que lo tomará tu padre?” Me sentí aliviado, pero a la vez arrepentido de habérselo dicho. Ahora, cuando comienzo a hablar del tema me ignora totalmente. Y mi padre… [silencio]. A pesar de todo, yo me considero un privilegiado, porque seguramente hay muchos jóvenes que tienen las mismas capacidades que yo, pero no tienen la posibilidad de ir a un taller, a un curso… En un tiempo, mis familiares me decían “andá, tomá, qué te falta…” Estaban pendientes de mí.

¿Estaban pendientes hasta que supieron de su homosexualidad?

Sí, por eso agradezco participar de espacios como éstos (encuentro de jóvenes activistas). Al fin y al cabo, a nadie debería importarle si eres homosexual o no; si a nadie le interesara, nuestro activismo no tendría sentido.

¿Qué busca su activismo en las políticas públicas?

Vengo trabajando en esto (talleres sobre políticas públicas con Protagonistas) desde hace dos años; con todos los compañeros estamos tratando de entender el concepto de políticas públicas y cómo, a través de nuestro activismo, podemos poner en agenda pública temas de nuestro interés, en mi caso, el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas, el derecho a la no discriminación por la autoidentificación cultural. Las políticas públicas influyen mucho en nuestro activismo, ya que nos encontramos en situación de vulnerabilidad social.

¿Cuando se refiere a vulnerabilidad social, habla por los jóvenes, los indígenas o los homosexuales?

Mi activismo pasa por una interseccionalidad: la discriminación surge por ser joven, por ser homosexual y por un tipo de piel, es decir, por ser indígena. Toda esta interseccionalidad afecta a muchas personas de las diversidades sexuales y de los pueblos indígenas. Por eso, estos eventos organizados por IDEA Internacional son muy importantes para nosotros, porque tienen la capacidad de reunir a tantos jóvenes, consensuar ideas y canalizarlas hacia una propuesta de políticas públicas a nivel a nacional.

Hemos hecho análisis de PTDI (Plan Territorial de Desarrollo Integral) y vemos que éstos no toman en cuenta el tema de juventudes, género y menos diversidades sexuales. Estos son espacios plurales, amplios, donde nos dan la oportunidad de representar a nuestra organización y abordar esos temas. Nosotros realizamos activismo en nuestras regiones, en nuestros municipios, pero aquí ponemos nuestras demandas en un solo documento, que ha sido presentado ante autoridades departamentales y nacionales. 

Estamos en una coyuntura electoral, ¿ve con esperanza el futuro y mayor apertura de las autoridades a los temas que motivan su activismo?

En realidad, hubo apertura, pero pensar que puedan ser parte de políticas públicas, de la agenda de los políticos, queda en duda. Hay muchas autoridades misóginas, homofóbicas, machistas y que hacen cuestionamientos diciendo ¿por qué los indígenas quieren ser privilegiados? Nosotros no somos privilegiados; sólo estamos pidiendo el reconocimiento de nuestros derechos. El hecho de que yo ande con sombrero recibiendo discriminación demuestra que la sociedad no está preparada, ni siquiera informada, respecto a una autoidentificación cultural, y menos sobre diversidades sexuales.

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