Sé buena niña

viernes, 18 de septiembre de 2020 · 00:04

Sheiya Aldunate

Y nací.

Nací en un mundo donde brillar no era delito, donde yo quería vivir para ayudar a los que enfermaban, para leer un millón de historias sobre aventuras, para defender a las personas de las injusticias; y, lo más importante, para cumplir mis sueños.

Tres años

Trataba de crear mi castillo. La arena se moldeada a mis manos. En ese castillo todos mis animales vivían felices.

—¡Orange! -exclamó mi madre, una señora con un vestido color crema hasta las rodillas, una cabellera bien peinada y unos tacos altos-. ¿Qué haces? -preguntó mirándome de pies a cabeza.

— To haciendo un catillo -dije sonriente-. Soy una reina.

— Amor –mi madre me miró con dulzura-. Una princesa se pone su vestido y está limpia, una princesa no hace su castillo.

Me sorprendió que cambiara de reina a princesa, pero mi padre me advirtió sobre no contradecirla.

— Yo quiero hacer mi castillo para ayudar a la gente –dije sin tartamudear.

— ¡Báñate y ponte el vestido! –bramó mi padre desde atrás y sonrió tratando de controlar su enojo-. ¡Se buena niña!

 

Seis años

— No puedo creer que no pueda usar su falda –dijo mi madre, mientras miraba la bermuda unisex que tenía por uniforme. Las niñas y los niños usábamos el mismo uniforme-. Una señorita no viste de esa forma.

— Se buena niña -solamente dijo mi padre.

En el colegio era mejor. Jugábamos todos juntos. El básquet era mi deporte favorito, pero no lo dije, sólo lo mantuve en secreto. A esa edad sabía que mis padres no lo verían bien.

 

15 años

Me miré en el espejo con adornos de plata que tenía en mi habitación. Llevaba un vestido blanco hasta más abajo de las rodillas, realmente me veía bien. Mi cabello lo habían peinado por tres horas, el maquillaje tomó como una hora. Yo no quería esa fiesta de 15 años. Traté de persuadir a mi padre con lo que realmente quería, quería una cámara Canon, pero mi padre solamente dijo: “Se buena niña”.

— Te ves como una princesa -suspiró mi madre al verme parada frente al espejo. Pero no era cierto, me veía como alguien que no era-. Tal y como querías a los 3 años.

Quería gritar que lo que quería ser era una reina, de las que mandaban y gobernaban porque la gente del pueblo sabía que lo haría bien, no una princesa, que dejaba que le hagan todo.

— Si mami –sonreí mostrando mis dientes.
— Se buena niña –dijo mi padre.

20 años

Caminaba por la calle, salí con un vestido pomposo color crema, mi madre lo había elegido para mí.

Escuché unos ruidos cerca de mí. Apuré mi paso, pero los tacos me impedían ir más rápido.

— ¡Oye bonita! -murmuró una voz ronca. No vi su cara, pero solo su voz me hizo querer alejarme de aquel hombre.

Caminé más rápido, sin importar el dolor de los tacos. Sentí que los tacos y el vestido eran lo único que me impedían escapar.

 

21 años

— ¡Eres una…! -gritó el chico que era mi novio y una cachetada se estampó en mi cara.

Ese día tomé mis cosas que quedaban en su casa y me fui. Esperaba que ella me apoyara en todo.

Pero obtuve vergüenza.

— Vete –ordenó mamá.

Mi cara aún me dolía, pero me dolía más su rechazo.

— Mamá, me pegó, ¡nunca más dejaré que lo haga!

— Se buena niña –susurró mi padre.

Y acepté que siempre lo había sido.

Me di cuenta que vivimos en una sociedad que intenta manipularte, que no te permite desenvolverte como tú quieres. Por eso decidí luchar por mis metas e ideales. Y escape de ellos.

 

25 años

Comencé a ser feliz, a agradarme a mí, no a mi padre.

Comencé a cumplir mis sueños y no los de otros.

Dependo solo de mí.

Empodera a ORANGE

“Empodera a Orange” es parte de una iniciativa del gobierno de Estados Unidos para la prevención y respuesta a todas las formas de violencia contra la mujer y la niña. Coordinador: Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza.

 

 


   

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