Migrar a un destino incierto: Bolivia

El relato de una fotógrafa venezolana que dejó su país por persecución política. Un recuento de las razones que la impulsaron a emigrar y las dificultades que enfrenta en Bolivia para regularizar su situación migratoria.
domingo, 27 de septiembre de 2020 · 23:53

Yolvik Chacón Valero para Página Siete

Soy parte de la diáspora venezolana, que huye de la peor crisis que atraviesa el país en su historia, sufre por la inseguridad, delincuencia, violencia, persecución política. Los trabajadores ganan menos de 50 centavos de dólar al mes, lo que dificulta el acceso a la alimentación y a medicinas; los precios de todo se calculan en base a la cotización del dólar negro, que cambia diariamente, hasta dos veces al día.

El salario mínimo mensual no da ni para comprar un huevo... En esas condiciones nadie puede sobrevivir, muchos deben salir a las calles a buscar comida de la basura. Antes de 2017 se podían ver familias enteras reunidas junto a botaderos de desechos, situación que ha empeorado.

Existen familias afortunadas, que han despedido a uno o varios de sus seres queridos. Como la mía, que ha despedido a dos de sus hijos: mi hermano se fue a EEUU, vive en el Estado de Florida, en la ciudad de Orlando. Gracias a las remesas que envía cada mes, mis padres pueden sobrevivir. Ambos somos parte de los más de 5 millones de migrantes venezolanos que estamos regados por todo el mundo. Lamentablemente, luego de que llegó la pandemia muchos han dejado de enviar dinero y sus familias están sufriendo las consecuencias.

Venezuela siempre fue un país receptor de migrantes. No conocemos la xenofobia. Hay comunidades de todas las nacionalidades, puedo afirmar que los procesos migratorios en mi país son los más fáciles y accesibles de toda región.

A partir de 2015 y 2016 comenzó la salida de miles de venezolanos, la mayoría elegía Colombia por su cercanía geográfica y familiar; muchos de los migrantes son hijos y nietos de colombianos. En segundo lugar, Perú y también Chile, Ecuador, Argentina. Pocos pensaban en migrar a Bolivia. Después de que varios de estos países exigieron visa a los venezolanos, muchos comenzaron a llegar al país que se encuentra en pleno centro de América del Sur y que no tiene acceso al mar.

Antes del año 2019 no tenía pensado migrar. A partir del mes de marzo de 2016 empecé a experimentar en carne propia un abreboca de lo que sería la crisis económica y social que estaba por venir y que ha vivido mi país desde hace varios años. Debo admitir que lamentablemente voté por Chavéz y creí en su proyecto político, trabajé para varias instituciones del Estado; mi primer acercamiento fue en el año 2009, trabajé dando clases en la Misión Sucre. Luego, en el año 2010, trabajé como comunicadora social y fotógrafa a destajo (freelance) en el Fondo Editoral del IPASME. En los años 2012 y 2013 trabajé a destajo durante la 8va y la 9na Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN) para la institución Fundación Librerías del Sur. En marzo del 2014 trabajé en la Dirección General del Despacho en el extinto Ministerio del Poder Popular para el Comercio. Durante la gestión de Dante Rivas Quijada y luego con Isabel Delgado Arría, conocí en primera persona la corrupción y abuso de poder desde adentro. Fui despedida por cambio de gestión por la ministra Isabel Delgado en diciembre de 2014. En marzo de 2015 fui contratada por la empresa binacional mixta Cuba-Venezuela, Fondo Cultural del Alba, ejerciendo el cargo de Comunicadora Social. Al año siguiente, marzo de 2016, cuando hubo cambio de ministro, al asumir el exministro de Cultura Freddy Ñañez inmediatamente me fue exigida la renuncia de mi cargo por quien fungía en ese momento como Gerente General del Fondo Cultural del Alba, Lenyn Antonio Bandres Herrera. Las razones de fondo fueron homófobia y por mi posición crítica al régimen de Maduro, a partir de ese fatidico día, un 18 de marzo de 2016, comenzó mi calvario.

En el 2016 se sentía la escasez de alimentos, falta de medicamentos, aumento de la delincuencia. Ya estaba Maduro en el poder y había comenzado la persecución política hacía la oposición y la disidencia dentro del chavismo crítico. Sentí que debía apoyar las ideas de este último grupo, que alzaron sus voces en contra del régimen de Nicolas Maduro. Participé en reuniones y encuentros con las figuras más representativas del chavismo crítico: la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz; la ex Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez; el ex Diputado Germán Ferrer, quienes por razones de persecución política han tenido que huir del país y viven en el exilio. También el ex Ministro de Interior y Justicia Mayor General Miguel Rodríguez Torres, este último se encuentra preso desde al año 2018 en condiciones que violan sus Derechos Humanos, sin asistencia médica y sin acceso a contacto con sus familiares.

Luego de haber vivido todo esto, y conocer la mafia y corrupción dentro de la administración pública y la persecución de parte del Gobierno decidí trabajar para la empresa privada. En el año 2017 trabajé como fotógrafa y coordinadora en el portal de noticias digital Punto de Corte, el cual dirige el politólogo Nicmer Evans, quien fue detenido el 13 de julio de este año y estuvo preso durante 51 días (su único delito fue denunciar y decir la verdad de lo que acontece en el país).

Mi sueldo era de dos salarios mínimos al mes. Para esa fecha -entre junio y julio de 2017-, el salario mínimo mensual era de 250.000,00 Bolívares, Yo ganaba 500,000 y no me alcanzaba para sobrevivir. Estaba enferma, los niveles de estrés me generaron ansiedad, mi salud se afectó, me volví hipertensa... Apenas me alcanzaba para medio comer, no podía comprar medicamentos para la ansiedad y los antihipertensivos.

En octubre de 2017 conocí a mi actual pareja, cubana, con 10 años de residencia en Venezuela. Afortunadamente ella recibía remesas de su padre, un cubano que vive exiliado en EEUU desde hace más de 20 años. Mi situación de vida mejoró en un 100%. Estuvimos bien hasta mediados de 2019, ya ni con envío de dólares se podía vivir. Era una carrera: cada viernes debiamos correr a hacer compras y pagar el hotel donde viviamos, ya que los precios suben a diario, todo se cotiza al precio de cambio del dólar en el mercado negro, y este cambia dos veces al día. Además no podíamos acceder a divisas en físico, todos los envíos de remesas a Venezuela se reciben en la moneda local, en bolívares a través de transferencias bancarias.

Desde el año 2003 en mi país se creó un sistema de control cambiario, los venezolanos no podemos acceder a divisas legalmente, tampoco se utiliza el dinero en efectivo, los billetes dejaron de tener válidez.

Tuvimos que vender todos nuestros enseres, nevera, lavadora, cocina, televisor, moto, con la finalidad de ahorrar para comprar los boletos de avión. Vendimos todo en dólares, a precios 80% por debajo de los costos reales. Todavía no sabíamos a cuál país nos íbamos. Me sentí más cerca de los cubanos cuando supe que varios países de la región nos exigían visa para ingresar. Cada día, un cerco nos reducía las opciones para elegir el país de destino. Finalmente, por un contacto de una conocida en Bolivia, logramos decidir que nos iríamos a Santa Cruz de la Sierra. A través de ella obtuvimos el contacto del embajador de Bolivia en Venezuela, Sebastián Michel, lo que garantizó que mi pareja pueda obtener una visa de cortesía, yo no la necesitaba.

Cuando el destino estaba decidido, nos enteramos que Conviasa, línea aérea venezolana, ofertaba vuelos directos desde la terminal Internacional de Maiquetía, Simón Bolívar, hasta el aeropuerto internacional Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Al ir a la oficina de Conviasa en el Centro Comercial Los Próceres en Caracas, supimos que no sería fácil conseguir los pasajes: la línea aérea solamente aceptaba dólares en efectivo para la venta de los boletos y el uso del dólar en ese momento estaba penalizado y prohibido por el régimen. Logramos conseguir una agencia en Panamá que vendía vuelos de Conviasa, lo que incrementó los precios en 250 dólares. El padre de mi pareja pagó los dos pasajes directo a la agencia panameña en dólares.

Finalmente, en el mes de agosto de 2019 llegamos a Bolivia. Parecía increíble: es una proeza salir de Venezuela hasta contando con el dinero.

Supe que había tomado la decisión correcta: si me quedaba, mi vida corría peligro, con pésima alimentación, sin acceso a medicamentos y con preocupación por tanta incertidumbre sobre el rumbo del país.

Al llegar a Bolivia, me di cuenta que la mayoría lo hace por vía terrestre. Entre muchas de las dificultades a las que nos enfrentamos los migrantes venezolanos, es acceder a un estatus regular.

Al ingresar a Bolivia, ya sea por vía terrestre o aérea, el país otorga el visado de turismo, el cual permite una permanencia en territorio nacional de 30 días, prorrogables hasta dos veces por un plazo similar. Por disposición de la Administración Departamental de Migración, no puede su portador ejercer en territorio nacional actividad remunerada de ningún tipo.

Después de transcurrido los 90 días se empieza a acumular multa, la cual es de 28 bolivianos diarios, su equivalente en dólares es aproximadamente 5 USD al cambio oficial.

Entre los múltiples requisitos que exige la Dirección General de Migración (DIGEMIG) para acceder a una visa de trabajo por un año, es tener un contrato de trabajo notariado. Sin embargo, para poder trabajar, cualquier institución, local, restaurante, tienda, solicita al foráneo tener cédula de identidad boliviana de extranjero vigente.

El costo aproximado para obtener una visa de trabajo por un año, sin tener multa acumulada es de aproximadamente 600 dólares. El costo de los trámites ascienden a los 250 dólares. La visa de trabajo por un año tiene un precio de 320 dólares. Lamentablemente, la gran mayoría de los migrantes venezolanos no logran conseguir el dinero para hacer sus trámites durante el período de los 90 días con visa de turista, es ilegal trabajar con ese estatus.

Para legalizarse en Bolivia, se necesita una gran cantidad de dinero, que para cualquier venezolano migrante es casi imposible de conseguir: precisamente el principal motivo del éxodo es por la grave situación económica, y ninguno planifica su salida de Venezuela; lo poco que trae un migrante lo gasta durante el recorrido por tierra o al comprar un boleto aéreo.

Adicionalmente, los migrantes venezolanos son presa fácil de extorsión por parte de los organismos policiales y de Interpol para evitar que la Dirección General de Migración les emita orden de salida del país por permanencia en estatus irregular. Hay casos donde han sido deportados por las fronteras de los países cercanos, pero no se tienen cifras de estos incidentes.

*Este proyecto fue trabajado en el marco del curso Puentes de Comunicación de la Deutsche Welle y Efecto Cocuyo

 

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