Bien puestas las polleras

viernes, 8 de enero de 2021 · 00:04

Maita

Peinó sus cabellos amordazados, sus polleras estaban relucientes. Levantó sus 60 kilos que acompañaban su mediana estatura y caminó por los aposentos de su comunidad.  Orange era una mujer indígena y engrandecida de Tapirani, una nación de no más de 250 pobladores, quienes, bajo una adarga cultural, tenían embestida una fuerte censura patriarcal.

Ella era madre soltera de una niña. Pudo ser madre de tres, pero practicaba en su pequeño lar de pajas y adobes el legrado a base de ruda. Entre otras cosas, es un ritual que practican hace siglos en las comunidades, pero las condiciones no son óptimas. Por ello,  Orange exigía educación sexual y salud pública entre los sindicatos de su comunidad.

Nadie le hacía caso. La consideraban parte del sector reprimido y oprimido porque era joven, porque era soltera, porque era obscena, porque era campesina o porque era mujer. Cuando alzaba la voz, los comunarios líderes no prestaban atención, lanzaban carcajadas y le respondían con ternura, le indicaban con delicadeza que ellos la iban a cuidar,  que no debía preocuparse y que se hacía tarde para ir a cocinar.

— ¿De qué van a protegerme estos haraganes? —pensaba ella.

Cuando terminó el debate, los líderes se retiraron menos Orange. Sí, aunque nadie la avalaba, ella era una líder en la comunidad.

Quería socializar con las mujeres temerosas sobre lo que aprendió afuera, hablaba castellano e inglés. Deseaba aprender a hablar y comprender francés para leer el libro de una señora que vivió en un siglo pasado, conocida como Simone de Beauvior.

Aunque muchas se aterrorizaban al escucharla hablar con naturalidad sobre temas tabú, no perdían el ritmo y la oían. De cada palabra brotaba sabiduría, a veces había carcajadas en medio de las charlas, otras veces asombro.

Parecía una súper heroína contando sus anécdotas. “Yo hubiese querido estudiar en un colegio laico como la doctora Miranda que conocí en la ciudad, ella es muy inteligente y ha viajado por todo el mundo ayudando a mujeres víctimas de vejámenes sexuales”. “Me separé de él porque un día quiso ofenderme por llevar polleras y ser de tez morena, me quiso llevar a su casa para servirle como sirven las campesinas al varón de talla alta y piel blanca”. “No soy rebelde compañeras, sólo he abierto los ojos y me he puesto unas gafas violetas”. “Cuando les enseñe los colores a sus hijas les explicaré qué colores representan la lucha de las mujeres a lo largo de la historia”, eran algunos de sus discursos. Las mujeres ancianas, adultas, jóvenes y niñas le escuchaban atentamente.

—Orange, hablas mucho de colorcitos, libros europeos, quieres que nuestras mujeres nos dejen y nuestras niñas crezcan para abrir los miembros inferiores por placer, que lean en vez de aprender a coser, planchar y barrer —dijo uno de los líderes infiltrados—. Pero el día que necesiten ser protegidas de verdad por nuestras habilidades viriles, quiero ver cómo te ayudan esas palabrillas. ¡Debes vivir la realidad!

—Estimado Horacio—. Orange sonrió con clemencia, no balbuceó mucho para responder—. De los 250 habitantes de este territorio, 160 somos mujeres, madres, niñas y adolescentes. ¿Cree usted que tanta fuerza necesita ser protegida por su  virilidad? ¡Está es la vida real!

 

Empodera a ORANGE

“Empodera a Orange” es parte de una iniciativa del gobierno de Estados Unidos para la prevención y respuesta a todas las formas de violencia contra la mujer y la niña. Coordinador: Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

2
70