Temor al maltrato, a las demandas y lucro incrementan los partos por cesárea a 44%

El maltrato en los hospitales y falta de información son algunos de los factores por los que muchas mujeres deciden por voluntad propia someterse a una cirugía mayor y encarar los riesgos que ésta conlleva.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 05:17

Leny Chuquimia / La Paz

Temor al maltrato del personal médico o a las demandas de los pacientes, además del tiempo que requiere un parto, la falta de  especialistas  y el lucro del sector privado son algunos de los factores para el incremento de las cesáreas en Bolivia.

Según datos del Sistema Nacional de Información en Salud (Sinis-ve), en los últimos 14 años el porcentaje de nacimientos   quirúrgicos  subió progresivamente de 29,12% en   2008 a 44,38% en  2021 (enero-agosto). Al inicio de dicho lapso los alumbramientos naturales iban en incremento a la par de las intervenciones, sin embargo, a partir de  2011  fueron disminuyendo. Si en 2008 los nacimientos vaginales representaban el 70,88%, en 2021 son el 55,61%.

“De forma global, desde hace mucho tiempo, la tasa de cesáreas en el país  es muy alta por varios aspectos; en promedio, de cada 100 gestantes, 45 tienen a sus bebés por cesárea.  Pero, además, se debe analizar las  grandes diferencias que están surgiendo a nivel departamental o de subsectores”, indicó el investigador Alberto de la Gálvez Murillo, del  Observatorio de Mortalidad Materna y Neonatal (OMMN).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las tasas de partos por vía quirúrgica deben oscilar  entre el 10% y el 15%, una cifra que está en discusión porque depende de las características, condiciones  y complicaciones que pueden sufrir las mujeres en cada región  

Lucro, una de las causas

“Hay varios factores, el tiempo que implica un parto y una cesárea, el temor del sector público a las demandas, el temor de las mujeres que ahora piden la cirugía y  claro el lucro en el sector privado”, observa De la  Gálvez.   

“Qué vas a aguantar el dolor, mejor ten por cesárea. Se sufre, no es para cualquiera”, fue la advertencia de familiares, amigos y pareja con la que Álison R. llegó a una clínica privada de Santa Cruz, una de las regiones con las tasas de cesáreas más altas del país. 

En este departamento, según el Snis-ve, el 56% de nacimientos se realizó mediante una cesárea. Asimismo, un informe del OMMN, advierte que en el sector privado, las ONG y  del seguro social  la cifra puede pasar el 60%.

“Al interior de Santa Cruz hay clínicas privadas que tienen tasas del 100%, algo  inaceptable. Eso se llama violencia obstétrica, porque la cesárea es una cirugía mayor que conlleva serios riesgos y  que debe estar disponible para toda mujer con complicaciones médicas. No puede haber que en una institución en la que todas las mamás tengan  complicaciones”, dijo el investigador.    

En la clínica a la que llegó Álison, le pasaron una cotización  y tras una revisión le  programaron un par de controles y la intervención,  sin tomar en cuenta que no tenía ningún antecedente médico que requiera de una cirugía mayor. Nadie le habló sobre los  pros y contras de la cesárea o de su derecho de buscar un parto humanizado, que dicho sea de paso es deficiente  en el sistema público.

En el eje troncal los costos pueden ir desde los 3.500 bolivianos hasta pasar los 40.000, dependiendo del estatus de la clínica y el especialista, los servicios y especialidades que ofrecen, el número de  controles prenatales y el tiempo y tipo de  habitaciones en la que las mamás  serán internadas.

“No pensé en lo que conlleva, me llenaron de miedo, no solo en casa, sino donde hacia mis controles, no respondían mis dudas con paciencia. Ya no insistí porque vi sufrir a mi hermana  y cómo les trataban en la maternidad”. relata la joven madre.

 

56% 
de los partos
en Santa Cruz fueron por cesárea, entre enero y agosto de 2021.
Médicos realizan una cesárea en una maternidad.
Foto: AFP
La precariedad en las cesáreas
Viviana Q. vive en El Alto. Hace un par de meses tuvo  a su bebé en una cesárea  en un centro público de esa urbe. Dos semanas antes del nacimiento, la ecografía le reveló que  el cordón umbilical rodeaba el  cuello del bebé, lo que implica un parto natural complejo. Pese a ello, nadie le explicó lo que eso significaba o si la cesárea era una opción y como sería ésta.
“Una mañana el bebé ya no se movía, me fui de inmediato al hospital  y entré por emergencias, pero me hicieron esperar hasta  las 14:00  para  una eco. Al verla recién se alarmaron”, cuenta.
Aunque la llevaron a  sala de parto de inmediato, por la emergencia, no fue hasta las 17:00 que empezaron a prepararla. Hasta eso estuvo tres horas cubierta   solo con una bata y  temblando de frío, sin que nadie  le dé razones  a ella o a su familia.
Aunque la preparación empezaba, le tocó esperar -en medio de un desfile de internos- otras   cinco  horas para entrar al quirófano.
Su bebé nació a las 22:07, no lloró hasta varios minutos después cuando Viviana  ya estaba en  recuperación. “Dos días después recién me dijeron que le hicieron un lavado gástrico”, indica.
Esa noche fue la peor, el frío era insoportable, no había frazadas para calentarse y nadie le ayudó a atender a su bebé. Pese al dolor en los puntos donde le pusieron la anestesia, tuvo que pararse y darle pecho. “Estoy mejor, pero  aún tengo la sensación de estar anestesiada”.

 

Hay miedo  al maltrato y  las demandas

Aunque el sector público el incremento de cesáreas es menos alarmante,  también está presente ya sea por elección de los galenos o de las futuras madres.

En las mujeres, la decisión de  pedir una cesárea está ligada al  temor y malas experiencias  del parto natural.   Muchas mujeres que tuvieron un parto natural coinciden en que  no tuvieron una buena atención o seguimiento, sobre todo en los establecimientos públicos. Gran parte de ellas ahora optarían por tener una cesárea. Las primerizas no son ajenas.

“Mi hermana tiene tres hijas, todas nacieron por cesárea a elección de ella, porque así es en los privados. Y yo desde un principio siempre tuve en mi mente la misma opción. Pienso que un parto natural no voy a resistir. Tanto es lo que duele que no voy   a poder. En mi cabeza está que debe ser cesárea”, afirma Irene M., de Cochabamba.

Lleva cinco meses de embarazo y por sus antecedentes es una candidata a cesárea.   

“Uno de los factores en el caso del sector público es el temor a los juicios  o demandas por mala práctica, en caso de que hubiera alguna complicación en la madre o del bebé. Los  médicos utilizan la cesárea como un mecanismo  de defensa para asegurar que el niño nazca vivo  y evitar posibles denuncias”, señala De la Gálvez.

Advierte que la elección de los médicos también puede estar relacionado al tiempo que implica un parto. Una cirugía requiere unos 40 minutos y un parto puede llevar horas. Esto se agrava en un sistema público  en el que faltan especialistas, insumos e infraestructura.

 

El temor a las cesáreas en el área rural
“Con la cesárea te cortan el vientre. Ya no puedes hacer fuerza, si caminas mucho te arde la herida, ya no puedes trabajar fuerte. En el campo el trabajo es pesado, sembramos, cargamos papa y hasta piedras cuando hay que construir casas. Con la cesárea ya no se puede”, dijo una joven mujer de  Palcoco, Pucarani.
Su testimonio fue recogido en enero de 2020, en el marco de la investigación  La Insurrección de los saberes: Estudio cualitativo sobre salud materna e intercultural en los municipios de Viacha, Pucarani y El Alto, realizado por Alianza por la Solidaridad, Médicos del Mundo y CIES, con el apoyo de la Generalitat Valenciana y la Unión Europea.
El estudio identificó que el temor a las cesáreas, aunque de estas dependan sus vidas y las de sus bebé cuando hay complicaciones, es una de las causas para que las  mujeres  decidan no asistir a los centros médicos para dar a luz.
Una de las conclusiones del documento señala   que las  mujeres que vivieron  una cesárea manifestaron “sentirse inservibles”, ya que muchas de las actividades del campo -que desarrollaban antes- se ven perjudicadas porque “ya no tienen la  fuerza” física.
“La cesárea fue traumática para mí, he visto cómo me han cortado, solo medio cuerpo estaba con anestesia… después de un año me seguía doliendo, como si algo se estuviera rompiendo por dentro, como una víbora que explota. Le dije al doctor, pero solo dice  que es normal. Hasta ahora siento mucho frío, no desaparece”, relató otra mujer en la localidad Jalsuri, de Viacha.
Otro problema encontrado y muy referido por el personal de los hospitales de segundo nivel, son las transferencias equivocadas entre los centros de salud. Afirman que  en muchos casos los diagnósticos son  errados  y generan   cesáreas  innecesarias.
Por estos motivos las mujeres indígenas asocian al hospital con la cesárea y toman la decisión de no asistir a los centros médicos. “Sienten que el sistema es agresivo y violento”.
Según un estudio de la OMS,  las  altas tasas de cesáreas se dan en grupos poblacionales con mejores condiciones económicas y educativas. También observa que se opta por este método  por la falta de médicos capacitados para atender  partos difíciles.

 

“En el campo el trabajo es pesado, sembramos, cargamos papa y hasta piedras para construir. Con la cesárea ya no se puede hacer eso”.

 

“Una mañana el bebé ya no se movía, me fui de emergencias, pero me hicieron esperar hasta  las 14:00  para  una ecografía”. 

Viviana Q.

 

“Pienso que un parto natural no voy a resistir. Tanto es lo que duele que no voy   a poder. En mi cabeza está que debe ser cesárea”.

Irene M.

 

 

El parto  respetado

Diferentes organizaciones han emitido recomendaciones para tener un parto humano y libre de violencia. A continuación presentamos algunos puntos.

1 Se deberá ayudar que  en todo momento la futura madre esté  acompañada o pueda tener contacto con  la persona que  estime conveniente, siempre que no se atente contra la privacidad de otra gestante cercana.

Todo personal que  atienda a una parturienta o gestante se debe identificar con su nombre y cargo previo a la realización de cualquier procedimiento o atención, para dar seguridad y confianza durante el parto a la futura madre.

3 Todo procedimiento  deberá ser explicado a la paciente  y a su  acompañante, y deberá contar con la  autorización previa a su implementación, pudiendo rechazarlo si se lo estima conveniente o aceptarlo, siempre con base en información clara.

4 Se debe acceder a  alternativas para el manejo del dolor, tanto en el parto natural como después de la cesárea,   farmacológicas como no farmacológicas. Será la paciente quien podrá  optar por la que le parezca más conveniente.

Se debería ofrecer la oportunidad de elegir la postura que se desee al momento del nacimiento, siempre que no exista ninguna complicación que lo impida, y el personal médico  debería estar entrenado para satisfacer la solicitud.

6 Varios médicos ya permiten que al nacer el bebé sea puesto de inmediato en contacto piel a piel con la mamá, si las condiciones ambientales lo permiten, y siempre y cuando no exista alguna condición médica del recién nacido.

Violencia  La violencia obstétrica no solamente pasa por denigrar, ofender, humillar y maltratar, sino también por la manipulación e intervención excesiva, innecesaria, de rutina y además con fines poco éticos,

Ley Bolivia no tiene una ley específica sobre violencia obstétrica, su definición y sanciones, pese a que hay varios estudios que muestran que es una realidad presente en el país que debe ser atendida con urgencia.

Defensoría Según un informe de la Defensoría del Pueblo, en el país,  el 63% de las mujeres que fueron atendidas durante su parto en un centro de salud fueron víctimas de violencia ginecobstétrica.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos