Un café de la Sagárnaga guarda la historia de una de las primeras cárceles de La Paz

Entre la Sagárnaga y Linares hoy está el Café Luna , pero a inicios de la República en ese inmueble se instaló la primera cárcel de la ciudad. Una reja que conduce al sótano era el ingreso a las antiguas celdas
domingo, 17 de octubre de 2021 · 05:00

Luis Escobar  / La Paz

El Café Luna abrió sus puertas hace 15 años y muy pocos de sus visitantes conocen  la historia que guardan  sus paredes. Luego de  la fundación de la República,  el inmueble, que está entre las calles Sagárnaga y Linares, funcionó como una cárcel.

La construcción -de techos altos y con la forma de una bóveda- tiene tres niveles. Hoy en día, la planta baja fue alquilada a varios comercios. El segundo nivel  funciona  como vivienda. En la esquina se encuentra  una habitación que sobresale como si se tratase de una caseta de control.

Tiene un patio interno y en uno de los extremos guarda una puerta pequeña que en el pasado pudo ser el ingreso a las celdas del recinto carcelario, contó a Página Siete  Tomas Luna, uno de los arrendatarios del inmueble. “Era una cárcel,  pero la casa tiene una larga historia”,  dijo.

Hace más de una década,  algunos comerciantes intentaron colocar anaqueles en la fachada de la casa,  pero  los propietarios del inmueble se opusieron. Ellos alegaron que se trata de un inmueble patrimonial y las pesquisas del origen de la casa comenzaron.

“Una cárcel improvisada”

El historiador Carlos Gerl aseguró que en la Colonia se instaló  una  cárcel  en una de las esquina de la  actual Plaza Murillo, donde hoy funcionan las oficinas de la Gobernación de La Paz.

En el sótano se encontraban las antiguas celdas para presos.

“Se instaló alrededor del  1700 y funcionó hasta inicios de 1800. Ahí fue detenido Pedro Domingo Murillo antes de su ejecución. Fue sacado de esa cárcel que se la conocía con el nombre de El Infiernillo, porque tenía un sótano húmedo y de terror”, dijo. Los planos de la Colonia  identifican esa esquina de la Plaza Murillo como cárcel.

La cárcel de La Paz, al igual que todos los centros penitenciarios del país, se encontraba en pésimo estado.  A causa de este deterioro y ante los repetidos reclamos de los internos y sobre todo de la Corte Superior de Distrito, a finales de   1800,  las autoridades   dispusieron el alquiler de otros edificios para adecuarlos como cárceles.

“Cuando se fundó Bolivia  esa  cárcel dejó de existir y se estableció en la calle Sagárnaga,  donde hoy está  el restaurante Luna. Era una cárcel bastante improvisada y  tenía un sótano donde metían a los detenidos”,  dijo   el historiador.

Gerl dijo que después se instalaron otras cárceles en la ciudad. Por ejemplo, una se habilitó al lado de la iglesia La Merced, en la prolongación de la calle Comercio y Colón. En ese lugar funcionan hoy en día algunas dependencias de la Policía Boliviana.

Estos edificios no eran propicios para las funciones específicas de un recinto penitenciario, según la investigación que fue realizada  en 2008 por Gonzalo Aruni. De acuerdo con el autor, estos centros carecían de las más elementales medidas de seguridad. Y esta situación  permitía que los reclusos pudieran fugarse con gran frecuencia.

A este problema se sumaron conflictos como  la falta de dirección y disciplina carcelaria, el hacinamiento y la falta de servicios básicos. Estos problemas derivaron en  que las prisiones eventuales sean propicias para la propagación de enfermedades y otros males.

En 1884 nació la idea de construir una cárcel y un año después la Alcaldía convoca a un concurso de propuestas. El diseño ganador fue de Eduardo Idiaguez, quien proyectó una infraestructura  con una capacidad para 257 reclusos. Se optó por el barrio de San Pedro como el más apropiado por la gran presencia de materiales de construcción en la zona.

En julio de 1885, el presidente Gregorio Pacheco puso la piedra fundamental. Luego de varios problemas, como juicios de expropiación de terrenos, el panóptico nacional de La Paz se terminó de construir el 1 de febrero de 1897.  La obra tardó 11 años en  levantarse y fue inaugurada en el gobierno de Mariano Baptista.

Las historias del inmueble

Para el nuevo siglo, la casa  que albergó la cárcel de la Sagárnaga pasó por otras funciones. Demetria Mamani  pasó toda su vida en diferentes inmuebles de la calle Linares y hoy tiene su comercio de venta de tejidos en la antigua cárcel. “Los antiguos dueños me comentaron que esta casa se convirtió en un tambo. Llegaban con caballos y carretas; pasaban por este portón -señaló el ingreso por la calle Linares- a dejar sus mercaderías”, dijo. Añadió que servía de posada para los viajeros.

Una vista del inmueble desde la calle Linares, de donde se puede observar sus tres niveles.

Mamani recordó  que por ese inmueble pasaron varios negocios:  librerías, tiendas  de artesanías y ropa. Lo que más la sorprende son las historias de antiguos moradores de la antigua cárcel. “Una señora -que vivía en el último piso- decía que le molestaban los fantasmas. Le soplaban en la cara mientras dormía. Ella sin temor les respondía que no la molesten. ‘Vivo tranquila y déjame descansar’, les respondía. (El espíritu) se tranquilizaba. Otros dicen que no les dejaban dormir, que los empujaban por las noches”, contó.

Comentó que entre las calles Linares y Tarija, en una casa verde, vivía un niño blanco. “Seguro era un duende porque no se le podía ver la cara. Caminaba por la noche y golpeaba las puertas. Al salir, no había nada”, dijo.

Mamani  aseguró que para vivir en esa calle, una persona  siempre debe tener  respeto. “Andamos con fe y no nos aparece nada. Cuando uno entre a cualquier lugar, debe saludar. De lo contrario  pueden molestarse”, sostuvo.

Café Luna

Tomás Luna confirmó algunas de estas apariciones. “Hay momentos en los que la licuadora se prende por sí  sola o las ventanas se abren y cierran por sí solas”, comentó el emprendedor.

Café Luna nació hace 15 años para atender de forma exclusiva a  los turistas. “Ofrecíamos platos especiales y  a la carta”, contó el propietario del emprendimiento económico. Los platos costaban desde los 35 hasta los 80 bolivianos. Tenían una amplia variedad que iba desde ravioles,  lasaña y otros. Todo estaba acompañado de café  o alguna cerveza.

“Abríamos a las cinco  de la mañana. Dábamos el desayuno a los turistas para que emprendan su viaje” y aseguró que lo principal era la hospitalidad. Tomás aprendió a hablar inglés, además, hasta un poco de hebreo comentó. Incluso abrió un segundo emprendimiento: Luna Tours, una agencia de viajes.

Esto se fue acabando y por la pandemia se redujo la afluencia de turistas, así que su mercado cambió. Ofrece ahora platos típicos y  almuerzos  a los bolivianos. Cada día invita a los comensales a degustar de su alta cocina a sólo 15 bolivianos.

La Sagárnaga es Patrimonio de la ciudad de La Paz 
Demetria,  en su tienda de tejidos en la casa  que era cárcel. 

“Chokata y Tambo de Harinas” era el nombre con el que la calle Sagárnaga era conocida en la época colonial. Era entonces parte  del “barrio de los indios”, a la ribera del río Choqueyapu, junto a la iglesia de San Francisco.

En su origen, la calle Sagárnaga se iniciaba en  la región de Ch’ijini  y concluía en el puente  de San Francisco, donde se encontraba el tambo de harinas, que  dio el nombre a su primer tramo. El segundo    fue bautizado como uno de sus habitantes más  acaudalados: el Conde de Chocata,  Juan de Dios Villavicencio.

Propietario de varios solares, Villavicencio  donó uno para que se convirtiera  en el primer  tambo dedicado al alojamiento de peregrinos y forasteros que llegaban a Chuquiago. En esta calle se produjeron asentamientos importantes de artesanos, grabadores, joyeros, fundidores, plateros,    y de tiendas de materias primas y productos, aspecto que aún caracteriza a la calle y que la convierte en un referente de la memoria colectiva de la ciudad.    

En la actualidad, esta calle sigue  albergando a artesanos y comerciantes    que llegan para ofertar tejidos y manufacturas típicas de  sus regiones de origen. Al igual que en épocas coloniales, la Sagárnaga es paso obligado para turistas, quienes encuentran en la céntrica vía agencias de viajes, alojamiento, ofertas gastronómicas y culturales.

Ese aspecto -además del gran valor patrimonial arquitectónico de los inmuebles-  fue una de las consideraciones en el informe técnico para la declaratoria de Patrimonio. La norma municipal enfatiza en la necesidad de  proteger esta calle ante los cambios que vive la urbe.

En julio de 2016, el Concejo Municipal  aprobó  la ley que  declara Patrimonio Histórico,  Arquitectónico y  Urbano de La Paz a  la calle Sagárnaga.

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