5 historias de crisis humanitaria que trascendieron la pandemia

Médicos Sin Fronteras (MSF) recogió cinco grandes historias este año que acaba de la voz de sus propios protagonistas en diferentes partes del mundo.
sábado, 18 de diciembre de 2021 · 05:00

Página Siete / La Paz

La pandemia de la Covid-19 fue protagonista en 2021 por sus impactos sanitarios, sociales y económicos. Sin embargo, mientras en muchos países del mundo se adelantaban las campañas de vacunación, Médicos Sin Fronteras (MSF) fue testigo de diferentes crisis humanitarias que se han agudizado en distintos lugares del planeta y que trascienden  la pandemia.

Estas cinco historias relatadas a través de la propia voz de los pacientes de MSF dan testimonio de las situaciones que debieron atravesar como consecuencia de diferentes conflictos y crisis, más allá del nuevo coronavirus. Y reflejan, a su vez, su resiliencia y su valentía.

 1.  Crisis migratoria en el Mediterráneo: un relato de huida y dignidad.

Sin acceso a vías seguras y legales, miles de personas intentan cruzar el mar Mediterráneo como último recurso para tratar de seguir adelante con sus vidas. A sus 34 años, Kossi, un joven oriundo de Togo, fue rescatado por el barco de búsqueda y rescate de MSF, el Geo Barents, de un pequeño bote inestable en medio del mar junto con otras 54 personas.

Kossi,  un joven  de Togo, a bordo  del Geo Barents.

  2. Atravesar la peligrosa selva del Darién.

Las  afecciones en los pies al llegar a Bajo Chiquito.

Miles de migrantes llegan a la comunidad de Bajo Chiquito, en Panamá, tras caminar durante días por la mortífera selva del Darién,  donde enfrentan peligros naturales y grupos criminales que los asaltan y violan. Buena parte de los migrantes proceden de Haití y Cuba, a los que se suman ciudadanos de diferentes países africanos francófonos, pakistaníes y yemeníes. Aunque muchos son adultos, también hay familias con niños y muchas mujeres embarazadas en avanzado estado de gestación. Juan es un cubano de 59 años que llegó a Bajo Chiquito luego de haber atravesado esta peligrosa ruta. Su familia sigue en La Habana. Él salió de su país hace tres años y trabajó en Brasil y Uruguay.

3. La vida en el corazón del conflicto en la región del Catatumbo, Colombia.

El Catatumbo es una región colombiana trasfronteriza con Venezuela en la cual persiste una crisis debido al conflicto armado, las condiciones de precariedad en los barrios irregulares y la violencia contra las mujeres, niños, niñas y adolescentes. A este escenario, se suma la migración masiva de miles de venezolanos y colombianos retornados, quienes inevitablemente han entrado a hacer parte de las dinámicas cotidianas de la región. Victoria, una mujer de 70 años que emigró de Venezuela a Tibú, relata cómo es su vida en la zona.

Victoria,  de 70 años, emigró de Venezuela a Tibú.

 4. Vivir con diabetes en contextos de crisis humanitarias.

Un estudio que publicó MSF junto a la Universidad de Ginebra demostró que existe una variedad de insulinas capaces de almacenarse a temperatura ambiente hasta cuatro semanas. Este descubrimiento permite que las personas con diabetes en contextos de crisis humanitarias o con recursos limitados puedan inyectarse a sí mismas en sus casas, sin tener que ir al hospital para recibir inyecciones dos veces por día. La habilidad de inyectarse insulina a uno mismo es un aspecto fundamental del autotratamiento y de la capacidad de las personas con diabetes de empoderarse por su salud.

Fatuma tiene 27 años y es madre de dos enérgicos chicos: Abdirahman Ali Diyat de cuatro años, y Abdullahi Ali Diyat de dos años. Ambos viven con diabetes en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia.

5. Secuelas de la violencia en Cabo Delgado, Mozambique.

Magrete  escapó con miles de personas de Mozambique.

Los ataques en Palma son ilustrativos de la violencia a la que se ve expuesta la población en el conflicto en Cabo Delgado, en Mozambique, que ha aumentado en intensidad y extensión en el último año. En Palma, como en muchos ataques anteriores, miles de personas se vieron obligadas a huir para salvar sus vidas, mientras que otras permanecieron atrapadas en los asentamientos cercanos al complejo de gas de Afungi. Magrete es una de las tantas personas que tuvieron que dejar su hogar tras los ataques en Palma.

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