Baldwin, tras superar la Covid: «En un momento sentí que no iba a salir»

El periodista Baldwin Montero cuenta cómo la Covid le cambió su percepción de la vida. Vio de cerca cómo este virus ataca en silencio. Habla de la importancia de tomar decisiones a tiempo.
domingo, 14 de febrero de 2021 · 05:04

Alcides Flores  / Página Siete 

“Parece que es un resfrío. Siempre me pasa. Frecuentemente me resfrío”, le dice Baldwin a uno de sus colegas de Página Siete, dos días antes de enterarse que tiene Covid. Al otro lado de la línea, su compañero de trabajo, intuyendo que puede no ser un resfrío, le sugiere dejar de trabajar y le pide reposar. Es que su voz no era la misma. Estaba algo ronca y parecía muy cansado.

Baldwin se contagió de Covid-19 presuntamente en una reunión familiar el jueves 31 de diciembre. El sábado 2 de enero recibió la primera alerta. Un familiar que estuvo en esa reunión tenía Covid. Al quinto día Baldwin comenzó a sentir molestias en la garganta, pero él lo asoció a un resfrío.

Sin embargo, el mismo sábado comenzó a tomar las pastillas que se deben ingerir ante la sospecha de que se estuvo en contacto con alguien con Covid. Después  del quinto día de esa reunión familiar, comenzó a recorrer un camino tortuoso, en cuyo trayecto pasó por túneles tenebrosos, de los que en algún momento pensó que no saldría.

Veinte días después venció a la Covid. Ahora ya está en el trabajo en el periódico. En esta entrevista comparte su experiencia que le cambió sus prioridades. Ya nada es lo mismo para él. Comprendió, como nunca, el valor de vivir el presente, “porque hoy estás aquí y mañana puede que ya no”.

¿En qué momento crees que te has contagiado?

Cuando uno entra en esto, esa es la primera pregunta que uno se hace. Yo presumo que ha sido en una reunión familiar el fin de año, en la que estuvo presente alguien que había participado en una reunión laboral, en la que algunos de sus compañeros estaban contagiados con Covid. Además, mis dos hijos también resultaron contagiados y supongo que fue en la reunión familiar del 31.

Antes de la reunión del 31 de diciembre, ¿ustedes consideraron que una reunión familiar es también riesgosa?

Durante toda la primera etapa hemos vivido cuidándonos mucho justamente ante ese riesgo. Pero no habíamos asimilado que podía ser real. Obviamente nos cuidamos, pero no pensamos en que iba a darse en ese espacio que aparentemente era más seguro.

La reunión fue el jueves 31. ¿En qué momento se dio la primera alerta?

El sábado 2 de enero en la tarde. El familiar que había tenido la reunión con sus colegas contagiados y que estuvo en la reunión del 31 con nosotros, nos llamó para decirnos que estaba sintiendo algunos síntomas del mal. Y el lunes le confirmaron que tenía Covid.

¿Alguien más de tu familia dio positivo?

Mis hijos, que estuvieron en esa reunión, dieron positivo.

El sábado 2 de enero recibiste la primera alerta. Después de eso, ¿cuándo comenzaste a sentir los primeros síntomas?

El lunes. Es decir, el quinto día desde que presumo que fue el momento del contagio. Sentí un pequeño malestar en la garganta, como cuando te resfrías. Lo relacioné con lo que siempre me pasa. Regularmente tengo resfríos, todos los años. De todas formas, consciente de la posibilidad de un contagio tras la alerta, comencé a tomar los medicamentos básicos. Me puse en contacto con un médico, quien me visitó el martes. Me revisó los pulmones y me dijo que por los síntomas que tenía aparentemente tenía Covid.

¿Cuándo te hiciste la prueba?

El miércoles, después de la visita del médico, y di positivo. 

¿Cómo recibiste la noticia?

El primer impacto fue el temor de haber contagiado a otras personas. Vivo con mi madre y me carcomía la idea de haberla contagiado, porque ella no estuvo en la reunión  del 31. Además, horas antes de aislarme estuve compartiendo con ella. Tomamos un té y mateamos usando la misma bombilla. Sentí el peso de haberla contagiado.

Pero tu madre  no se contagió. ¿Por qué crees que no pasó?

Yo presumo que es porque una vez que adquieres el virus, éste tarda cierto tiempo en incubar y sólo días después comienza la etapa de contagio. Presumo que cuando compartí con ella aún no estaba en etapa de transmitir el virus.

¿Qué malestares más comenzaste a sentir aparte de las molestas en la garganta?

Después del resultado, comencé a anotar en una agenda los síntomas. Por ejemplo, se me aflojó el estómago, pero no de forma permanente. Un día sí y al otro día todo parecía normal y al otro volvía. Después, sentí algo de fatiga y nada más hasta casi el fin de semana. El día ocho comencé a sentir dolor en los músculos y huesos. Me molestaba la planta de los pies, como si hubiera trotado un montón. Concluí esa semana la medicación que me dio el médico y ya no sentía otras cosas.

Adquirí un tensiómetro y un oxímetro para controlarme el oxígeno, que daba 87. El médico me dijo que esa medida era relativamente normal por la altura de La Paz. Por cómo estaba hasta ese momento, este médico me informó que ya estaba pasando la primera etapa de la enfermedad y que ya estaba saliendo, y me pidió que me haga un estudio el lunes o martes para ver cómo estaba.

Pero el sábado 9 comencé a sentir más molestias. Se sumó a ello el dolor de cabeza que no había tenido antes. Entonces comencé a desconfiar de la valoración de este médico. Sin embargo, al margen de esto, yo también percibí que no estaba tan grave, que estaba mejor.

¿En qué momento supiste que no estabas tan bien?

Las personas con las que conversaba a través de video me decían que me estaban viendo mal. Mi hermano, por ejemplo, me dijo que no estaba respirando normal. Y yo lo relacionaba con que no estaba durmiendo bien. En lo personal, no sentía que esa agitación estuviera fuera de lo común. Luego, recibí una visita. Esa persona me dijo que tenía ojeras pronunciadas y que mis ojos estaban rojos. 

Era el sábado 9 cuando ya se me juntaron las alertas. Ese día llamé a otro médico para que me haga una visita en casa. De entrada, al verme dijo que yo no estaba bien, pese a que mi oxigenación y saturación de oxígeno estaban en términos aceptables, en 87. Revisó mis pulmones y dijo que algo no estaba bien. 

Me recomendó un examen de sangre. Entonces, yo pensé hacerme los estudios el lunes. Sin embargo, alguien me dijo que en estos casos cada minuto es clave. Así, busqué un laboratorio donde me hicieron los exámenes. Me entregaron los resultados a eso de las 11:00 de la mañana y a esa hora mandé los resultados a este médico y no me contestó, pese a que él me advirtió que no estaba bien.

Un familiar médico vio los estudios y dijo que las cosas no estaban bien. Y como no me respondía este doctor, contacté con una doctora que había atendido varios casos de enfermos que se habían complicado con Covid-19. Ella vio el examen de sangre y dijo que no estaban bien y me pidió una tomografía y quedó en visitarme el lunes.

Me hice la tomografía el mismo domingo y al día siguiente, el lunes, esperé a la doctora con el examen de sangre y la tomografía, y confirmó que había daño en los pulmones y que había un riesgo de daño a mis riñones. Inmediatamente puso en marcha un tratamiento “agresivo”  para ocho días, que incluía anticoagulantes, antibióticos y antibacteriales. Ese lunes comencé el tratamiento que incluía intravenosas y otros inyectables. Tengo la fortuna de tener una familiar enfermera y un médico que me colaboraron en esto.

El médico que te alertó que no estabas bien y que te pidió los exámenes de sangre, ¿finalmente te contestó?

Ese médico no me escribió sino hasta un día después y hasta ahora no he leído su mensaje ni pienso leerlo, porque me pareció que él, a pesar de darse cuenta de que mi situación era muy delicada, se demoró demasiado en contestar.

Cuando estabas con malestares, seguías trabajando. 

Trabajé hasta enterarme del resultado. Los médicos coincidieron en que es imprescindible el reposo para la recuperación. Pero al principio te sientes en la posibilidad de seguir trabajando. El permanecer en la cama o en reposo te permite sobrellevar mejor esos momentos. Es fundamental el reposo. Además, llega un momento en que ya no puedes hacer nada.

También es importante desconectarse de las redes.

Desconectarse es fundamental. Una de las cosas que te deteriora mucho es la sobreinformación, porque te confunde. Puedes tomar la decisión equivocada por la cantidad de información que recibes.

¿En qué momento supiste que ya salías de esto?

Después del tratamiento de ocho o nueve días que me dio la doctora. Esta doctora me hizo un seguimiento constante, me vino a visitar, me escribía todo el tiempo por WhatsApp. Mucha diferencia con los otros doctores. Sentía que salía después de que ya estaba sólo con pastillas. 

¿A qué atribuyes el haber salido bien de esta enfermedad?

He sido muy afortunado al tener una familiar enfermera y a un familiar médico, a mi madre, a mi familia y a un grupo de amigos que estaban dispuestos a traerme todo sin importar la hora. Pero salí de esto fundamentalmente gracias a la doctora.

Volviendo atrás, ¿qué cosas debiste haber hecho de mejor manera para enfrentar esta enfermedad?

Varias cosas. Debí elegir mejor a quien me atendería desde el principio para que siga mi caso. Debí hacerme los exámenes de sangre con mayor prontitud, al igual que las radiografías. Debí estar más pendiente a mis síntomas y no relacionarlos directamente con un resfrío y mantener la calma ante la avalancha de información que te llega, muchas veces de buena fe.

Te enteraste de muchas muertes mientras estabas enfermo. ¿Cuánto influye esto cuando uno está convaleciente?

Esta es una de las partes que te complica más. Mientras transitaba la enfermedad murió un amigo de barrio, un compañero de curso, seis colegas periodistas, un familiar. Todo esto te lleva a pensar que tú también correrás el mismo destino. Estas noticias te hacen sentir que estás caminando en medio de un cementerio. Es una cosa que te deteriora mucho. Te hace ver que esto es como una ruleta, porque ves que amigos que son incluso menores y en mejores condiciones de salud no han salido de esto.

Pero tampoco es posible no enterarte.

En los grupos donde me escribían buenos deseos, ofreciendo su ayuda, también me llegaba información de que fulano de tal murió, que otro fulano necesita plasma, etc. No hay forma de estar al margen.

¿Y cómo lidiar con esto?

Si bien toda esta información alimenta tu temor, también te prepara para lo peor. Puede llevarte a ver de otra manera tu situación: a prepararte y a organizar todo lo que puedas para tu familia para cuando no estés.

¿Sentiste miedo?

Mucho. Al principio, miedo a haber contagiado a las personas que amas. Después, miedo a no superar esto y lo que ello implica para tus familiares. Y miedo a las secuelas. Sin duda, lo peor fue cuando sentí que no iba a salir de esto, porque en la segunda semana o más me llegó un par de días en los que físicamente ya no daba. Los síntomas se juntaron y no podía dormir. Perdí el gusto, el olfato, estaba debilitado, me dolían los músculos, los huesos, me comenzó a doler la cabeza desde la nuca hasta la frente, los pómulos. A raíz del fuerte tratamiento al que me sometí mi estómago no recibía nada. No sentía deseos de comer. Me hidrataba porque lo recomendaba el médico. Me decían que me alimente pero no aguantaba mi estómago. Llegaba a comer un poco de gelatina o un trocito de pollo, más no aguantaba mi estómago.

Dijiste que hubo dos días que fueron los más duros.

Sí. En uno de esos sentí que no iba a salir. Me dije: “No voy a salir de esto, ¿qué va a ocurrir con mis hijos?”. Debió ser la una de la mañana, y pese a sentirme tan mal, me llegué a parar y a redactar en la computadora algunas cosas para ellos (sus hijos).

En lo personal, el miedo no era porque me iba, porque finalmente ya viví la vida (sonríe). Pero te viene la pregunta: “¿qué va a ocurrir en el tiempo que queda a mis hijos enfrentar? ¿Qué va a pasar con las personas que van a sentir mi ausencia?”. Todo eso te viene a la mente. Es el miedo mayor. Entonces yo me levanté a planificar qué iban a hacer mis hijos (en el futuro). 

También estaba a punto de grabar un video. En ese momento se debatía la devolución de las AFP. Quería grabar un video para proponer al Presidente que devuelva ese dinero a quienes han sufrido la pérdida de un familiar (aportante) por la Covid. Me senté a la mesa y estaba a punto de grabar. No lo hice.

 ¿Es muy diferente esta enfermedad? ¿Cómo ves tu vida a partir de esta experiencia?

Es muy diferente. Te ataca silenciosamente. Cuando piensas que estás superando la enfermedad, te está atacando y no lo sabes. Sientes que ya estás bien. Incluso el oxímetro te dice que estás bien. Sólo los exámenes permiten saber cómo estás realmente. Esto me ha marcado mucho de esta enfermedad: que avanza en silencio. Eso le pasó a un amigo que contrajo Covid. Se sentía bien y bajó la guardia. Creyendo que estaba bien, se fue al gimnasio. Luego se complicó su salud, lo entubaron y ahora ya no está.

Esta enfermedad te hace ver la vida de otra manera. Primero, te queda clarísimo que puedes estar hoy y mañana no, y no necesariamente por Covid. Comienzas a ver con más atención el presente y no con tanta preocupación el futuro.

Este mal me ha llevado a valorar cada momento de la vida. Me ha llevado a valorar más el compartir, el pasar momentos juntos. Me ha llevado a tener conciencia de que debo tener resueltas todas mis cosas pendientes.
 

HOJA DE  VIDA

  • Origen  Nació en Catavi (Potosí) y vive en La Paz desde los seis años. Tiene tres hijos ya profesionales.
  • Trayectoria  Trabajó -desde hace 32 años- en Última Hora, Hoy y La Razón. También lo hizo en radios y, por tiempos cortos, en comunicación institucional. Ahora  está en Página Siete.

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