Zoo: pandemia trajo tranquilidad a los que ya vivían en cuarentena

El bioparque trabaja en la rehabilitación de animales silvestres rescatados. No todos pueden ser liberados, pues han perdido la habilidad de sobrevivir en su hábitat.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:04

Madeleyne Aguilar A. /La Paz

No hay gritos, nadie les arroja piedras, ni  les da alimento que luego los enferma. En el Bioparque Municipal Vesty Pakos, que anteriormente era el Zoológico de Mallasa, los animales sólo reciben cuidados. Para ellos, la pandemia significó tranquilidad.

“Están mucho más tranquilos, hay menos ruido. Incluso se ha visto que algunas aves, que durante años nunca habían desovado, ahora, al encontrar condiciones más favorables para preservar su bienestar, han puesto huevos”, cuenta la administradora Grace Ledezma Encinas.

El ambiente  del bioparque provee estímulos a los animales.

 Tras pasar la puerta y el  punto de desinfección, se contempla el pacífico parque. Los senderos están tan vacíos que se alcanza a escuchar el viento sacudir las hojas de los árboles. De  fondo,  el canto de los pájaros y el silbido de los monos.  Las pocas personas que rondan el lugar son los trabajadores.

En un martes no hay visitas guiadas. Por eso, incluso los animales parecen sorprendidos al ver a alguien entraño a su cotidiano guardafauna. El puma Huayna sale a verme y así  descubro su historia.

 En el parque hay otros dos pumas rescatados, eran “mascotas”. En cambio, Huayna nació allí,  en el zoológico de Mallasa, hace más de 12 años.

 “Está acostumbrado al manejo. No obstante, él  manifiesta comportamiento silvestre. Por eso, se le otorgó este espacio de media hectárea de extensión, donde tiene  elementos de ambientación, para manifestar sus comportamientos propios de la especie”, señala administradora, que también es bióloga.

 Huayna  es un puma que habita en un espacio semiabierto.

En un espacio semiabierto, sin la habitual jaula con la que se relaciona a un zoológico, Huayna tiene bastantes estímulos. Con ellos  desarrolla sus comportamientos. Por ejemplo, para “cazar” se le brinda presas falsas y, en una pequeña laguna, tiene peces a los que atrapa. 

A partir del nacimiento de Huayna, se ha implementando un programa de control reproductivo. Actualmente, en el bioparque  la reproducción de los animales depende de un plan  avalado por el Ministerio de Medio Ambiente.

Visitas sólo educativas

Pese a la notable disminución de visitantes durante la cuarentena por la pandemia Covid-19,  el Bioparque Municipal Vesty Pakos  no enfrenta una crisis financiera, a diferencia de otras instituciones similares que dependen de la recaudación por concepto de entradas. 

“Por suerte, como estaba previsto en el POA (Presupuesto Operativo Anual) 2020, nuestros gastos -los requerimientos como mantenimiento y alimentación de los animales- han sido cubiertos  en su totalidad por el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz”, revela Ledezma.

María Paz,  una boa que fue rescatada hace casi 20 años, era la “mascota” de un militar.

  Dado que durante la cuarentena se evidenció mayor bienestar para  la fauna del zoo, surge la pregunta: ¿no sería mejor que ya no entren las personas? La administradora responde que también se necesita generar recursos económicos con las entradas. Por eso, se habilitaron las visitas de jueves a domingo. “Son totalmente educativas, para la conservación animal”, aclara.

 De esta manera, los visitantes ya no recorren sin control   el bioparque, ya no pueden molestar a los animales. Cada grupo, de entre 20 a 25 personas, cuenta con un guía que los lleva por un recorrido establecido.

 De hecho, antes de entrar al parque, un guía aclara a los visitantes: “Este lugar  no es igual a otros espacios para pasear. Es un centro de custodia animal. No se puede hacer cosas diferentes a aprender, conocer la fauna y sus características”. Comer y beber no está permitido.

Los profesionales que trabajan ahí imparten el mensaje que “los zoológicos modernos, especialmente este bioparque, no son para el entretenimiento de las personas. Son para conocer y para conectarnos con la naturaleza”.

En marzo del 2020, el entonces Zoológico de Mallasa obtuvo su licencia de funcionamiento como bioparque, que fue emitida por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua . En la actualidad esta categoría de lugares cumple muchos más roles que un zoológico en pro de la protección y conservación de especies amenazadas. 

 “Tenemos estándares altos de bienestar animal que están incluso validados por instituciones internacionales como la Asociación Latinoamericana de Parques, Zoológicos y Acuarios”, destaca la administradora.

Consiguieron esa membresía el año pasado, después de un  proceso que duró dos años.  Se evaluó cómo se realiza el manejo de fauna: nutricional, sanitario y de comportamiento. También se revisó el programa educativo. 

El Bioparque Municipal Vesty Pakos es el único centro de custodia del país que cuenta con esa membresía y certificación. Alberga más 540 animales. Son  89 especímenes de mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

Aves  en la laguna del parque.

En el sector de reptiles hay tres boas: María Sol, María Luna y María Paz. Llevan más de 20 años viviendo allí. Los registros revelan que  un militar tenía una como “mascota”. Llegó el momento en que ya no pudo  mantener de manera adecuada al enorme animal. Así también llegaron las otras Marías.  Lastimosamente antes no había normas que permitan hacer la liberación de manera responsable.

 El entonces zoológico fue pionero  en la rehabilitación de animales silvestres. El primer caso de reinserción fue  el 2017 con  un gato andino. Para eso, se presentó un plan  integral de  liberación. Sólo fue posible luego de hacerle diversos estudios y obtener la autorización correspondiente.

Actualmente, en el bioparque hay especies en riesgo, como  el oso andino; la taruca,  la arpía, el ñandú y el jaguar, amenazado por el tráfico. También el cóndor andino, que actualmente está en alto   riesgo de extinción. 

Asimismo, se trabajan programas para la liberación responsable de esos animales en el futuro. Recientemente dos cóndores hembras llamadas Choquekota y Retamani fueron liberadas en  Palca,  La Paz, luego de tres semanas de rehabilitación.

Algunos de los animales en peligro de extinción están en el sector de monos, ese espacio alberga  alrededor de 40 especímenes de monos araña, capuchinos y nocturnos. Una pequeña, Yana, destaca por sociable. Es una  de tres años y medio, que llegó cuando tenía ocho  meses. 

Entonces  no sabía utilizar su cola para desplazarse y tenía una mano lesionada. Las radiografías revelaron que tenía dos balines dentro. Se deduce que personas  mataron a su madre y  recuperaron a la cría.

 Fue  encontrada en la carretera hacia Achocalla entre los  arbustos. Yana no podría ser devuelta a su hábitat natural porque llegó muy pequeña al cautiverio. 

No ha aprendido los comportamientos de alerta. Ya no forma parte de un grupo familiar. Las lesiones que ha tenido no le permitiría desplazarse y escapar,  en caso que haya un depredador. Si fuese liberada, moriría.

 

¿Se deberían cerrar los zoológicos?

Un jukumari  u oso de anteojos en su fosa del Vesty

Lo ideal sería  que los animales silvestres vivan en su hábitat natural. Sin embargo, esa no es la realidad. Ante esta problemática, el candidato a alcalde de La Paz,  Juan Carlos Arana,  surgiere cerrar el zoológico y  los  biólogos refutan esa propuesta. 

 “En nuestro plan de gobierno está el cierre definitivo, porque creemos que los animales tienen que pasar al control de estas organizaciones, como Senda Verde. Queremos cerrarlo y generar en ese lugar el parque para la familia”, explica Arana. 

 Consciente que los animales no pueden ser  simplemente liberados, el candidato propone una “solución intermedia”. En su plan , los animales pasarían a lugares especializados.

Sin embargo, en Bolivia “todos los zoológicos y bioparque están saturados. Hay alrededor de 26 y en ellos no hay espacio ni para un animal más”, explica  la presidenta del Colegio de Biólogos de La Paz, Ángela Núñez.

 Lamenta que pese a eso se siguen llevando animales a los centros de custodia de fauna silvestre porque la gente continúa sacándolos de su hábitat. Ese es el problema, no los zoológicos. 

Liberarlos  es una opción peligrosa. “Estos animales han permanecido mucho tiempo encerrados. Han perdido la capacidad de movimiento, de identificar a sus presas y el caso de los que son alimentos de otros, ya no saben escapar de sus depredadores”, explica Núñez.

Señala que, por ejemplo, las aves ya no pueden volar, pues sus alas se atrofiaron. Además,  también podrían tener algún virus o enfermedad latente en ellos por haber  estado en contacto con mascotas y personas. Podrían contagiar al resto de seres. 

 Mientras tanto en el tranquilo Bioparque Municipal Vesty Pakos los animales experimentan la vida en cautiverio sin visitantes. “Manifestaron una mayor frecuencia de comportamientos típicos de cada especie, habiendo incrementado los de tipo reproductivo, principalmente. Los que denotaban algún tipo de estrés por el ruido provocado por las personas, disminuyeron y en algunos casos desaparecieron. Su  estado físico mejoró, puesto que a su alimentación no se le adiciona ningún insumo artificial”, explica un biólogo.

 Animales  del Zoo no sabrían  sobrevivir en su hábitat.

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

Más de