El Alto con el peor índice, las mujeres corren peligro por el embarazo y Covid

Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja en la ciudad con dos maternidades, donde ayuda a las madres en planificación familiar y atiende partos. En 2020, unos 940 bebés sanos llegaron al mundo.
lunes, 31 de mayo de 2021 · 05:22

Daniela Romero L.  / La Paz

 Maribel Camargo tiene 18 años y hace poco dio a luz a su bebé. Antes de recibir la ayuda y la atención médica oportuna, estaba a punto de ser sometida a una cesárea como única opción, lo cual hubiera puesto en riesgo su vida, pues desde que supo que estaba embarazada no tuvo un seguimiento médico necesario en la ciudad de El Alto.

 “Cuando consulté en otros centros de salud de la zona, me habían dicho que no podía tener un parto normal. Me decían que me tenía que internar y que el parto tenía que ser por cesárea”, contó la joven, quien tenía miedo de no llegar a un parto natural. Pero todo salió bien y Maribel ahora disfruta de su maternidad a plenitud.

 Maribel fue guiada a tiempo, pero no es el caso de decenas de  mujeres que, estando embarazadas, sólo asisten a un centro de salud cuando están con trabajo de parto o cuando tienen algún dolor.

La ciudad de El Alto cuenta con el peor índice  de mortalidad materna a nivel nacional. Según la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), sólo en 2020 hubo 316 muertes de madres por cada 100 mil nacidos vivos.

Este índice está por encima de la tasa de mortalidad nacional. De acuerdo con un reporte reciente del Fondo de Población de las Naciones Unidas, basado en datos del Ministerio de Salud, en 2020 hubo 153 decesos notificados en el país, de los cuales 19 fueron confirmados.

No obstante,  la Encuesta  Nacional de Demografía y Salud (Endsa), publicada por la Organización de  Naciones Unidas (ONU),  indica que la mortalidad materna es de 230 mujeres, por cada 100 mil nacidos vivos, cuyas causas son: hemorragia 33%, infecciones 17%, aborto 9%, hipertensión 5%  y parto prolongado 2%.

Ambas cifras están por debajo de la registrada en el año pasado en la urbe alteña. “El Alto es una ciudad muy poblada, pero  el crecimiento demográfico fue mucho más rápido que el desarrollo del sistema de salud que pueda sostener a esta población”, explica a Página Siete la coordinadora general de MSF en Bolivia, Adriana Palomares.

Desde 2018, MSF está en El Alto a través de un programa de salud sexual y reproductiva centrado en la población indígena, en la que los embarazos adolescentes y las muertes maternas se producen con más frecuencia.

Personal médico  apoya en dos maternidades en los centros de salud públicos Franz Tamayo y San Roque, con el objetivo de contribuir  a aumentar  el acceso a partos seguros y disminuir la mortalidad y la morbilidad materna.

“Las maternidades pueden atender 600 partos al año si se pusieran los recursos humanos necesarios. Nosotros los pusimos durante un año y tuvimos 940 partos y unos 360 referencias a hospitales. Tenemos esta voluntad de hacer este proyecto para visibilizar este problema a nivel de las autoridades, como un apoyo humanitario a las mujeres,  porque si uno ve los testimonios, las mujeres sufren mucho para poder acceder a la maternidad y al acceso a los servicios de salud”, dice Palomares.

Cristina (nombre ficticio) perdió la vida en una zona alejada de la ciudad de El Alto. Su embarazo se complicó y cuando llegó a un centro de salud ya era tarde. Una hemorragia terminó con su vida y con la de su bebé, pues tenía seis  meses de embarazo, según los reportes policiales de abril del año pasado.

La falta de información y el poco acceso a la salud son los principales factores para que mujeres en estado de gestación terminen sin vida.

En algunas zonas no hay ni centros de salud y si los hay, la mala atención es uno de los miedos  que tienen que enfrentar las mujeres.

“Muchas veces les dicen que no hay camas y entonces la gente prefiere quedarse en su casa y no ir a los centros para que la rechacen,  porque eso es muy ofensivo, estar en trabajo de parto y que sean rechazadas en la puerta. Entonces muchas prefieren tener sus partos en sus casas y esta decisión aumenta la mortalidad materna,  porque El Alto no cuenta con un número de parteras registradas que pueden ser un apoyo para las mujeres en estas circunstancias, pero no hay mucho. Entonces terminan teniendo sus bebés con el esposo o con algún familiar que no tiene ningún conocimiento y que en el momento de cualquier complicación no va a poder reaccionar”, explica la coordinadora de MSF.

Pero si bien esta situación ocurría antes de la pandemia, se sumó el enemigo invisible: coronavirus. Palomares afirma que la pandemia afectó mucho a las madres y al sistema de salud sexual y reproductiva. “En la primera ola sólo se atendían urgencias y los embarazos siguieron con sus complicaciones. Las mamás lloraban en la puerta de hospitales pidiendo que las atiendan, que las ayudaran. Hubo personas que fallecieron. Ahora ya los hospitales tratan de mantener las atenciones, pero no es lo normal”, dice Palomares.

 Frente a esta situación de riesgo por doble partida, profesionales del área de  salud,  de enfermería,  de psicología y de asistencia social proporcionan en estas dos maternidades una atención gratuita, de calidad y adaptada las 24 horas durante los siete días de la semana en las salas de maternidad, incluyendo partos seguros, consultas prenatales y posnatales, así como asesoramiento en planificación familiar.

 Lo más importante es que la madre se sienta segura y reciba no sólo atención médica, sino un acompañamiento cercano y de confianza.

 MSF cerrará el proyecto de salud implementado y lo entregará al sistema de salud del Estado boliviano, por lo que es necesario que se sustente y que la atención siga adelante. Palomares afirma que hubo primeros acercamientos con el Ministerio de Salud, entidad a la que le gustó el proyecto; no obstante, con la crisis de 2019 y las elecciones de marzo de este año no se pudo tener acercamientos con las nuevas autoridades, pero espera que sea pronto.

 “Mi familia me recomendó que fuera al centro Franz Tamayo, donde me explicaron que mi parto iba a ser normal y que mi bebé iba a estar bien. Eso es lo que me animó a ir. Me han atendido y me han ayudado a tener a mi hijo”, dice Maribel, complacida.

 

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