Mónica Moraes: «Hay que consolidar el sello de mujeres en la ciencia por sus valiosos méritos»

Doctora en biología y experta en flora tropical, es la primera mujer que preside la ANC en los 61 años de la institución. En su gestión creará una comisión de género y apoyará a los jóvenes científicos.
domingo, 27 de junio de 2021 · 05:04

 Liliana Carrillo V. / La Paz 

En 61 años de existencia, la Academia Nacional de Ciencias no había sido dirigida por una mujer. La historia cambió el pasado 9 de junio cuando asumió el cargo la doctora en biología Mónica Moraes Ramírez. “Hay que consolidar el sello de las mujeres en ciencia por sus valiosos méritos”, dice la flamante presidenta de la Academia.

Apasionada por la biología,  a la que ha dedicado su vida, Moraes es botánica especialista en  flora tropical ,  con énfasis  en palmeras de Bolivia. Es profesora emérita de  la  carrera de Biología de la Universidad Mayor de San Andrés y  directora del Instituto de Ecología. Es además madre y orgullosa “camba colla”, como se define.

“Asumo esta gestión en la presidencia de la Academia Nacional de Ciencias como un homenaje al aporte de las científicas bolivianas que ya se ha evidenciado en  la Red Interamericana de Academias de Ciencias (Ianas), de la que Bolivia es parte, con el  Programa Mujeres Para la Ciencia”, resume .

 Precisamente, siendo miembro de número de la Academia desde 2008, Moraes impulsó el premio y mención de honor “Marie Curie” a mujeres científicas de Bolivia,  cuya convocatoria 2021 está abierta hasta agosto. “Las mujeres deben cumplir muchos roles,  por ello es importante su aporte profesional,  que brilla con luz propia, para consolidar su sitio en  la sociedad, trabajar en equipo, poner su sello y ahí medirnos, no sólo con nuestros pares en Bolivia sino a nivel mundial”, recalca.

    ¿Cómo llega a la presidencia de la Academia  de Ciencias?

Todas las academias de ciencias más o menos comparten los procedimientos para acceder a la presidencia y tienen que ver con ser parte de una estructura y funcionamiento en que se vislumbran las oportunidades de participar en coadyuvar en comisiones o designaciones internas. Es un proceso paulatino y en mi caso fue después de 13 años que se abrió esa opción para ser parte del nivel que toma decisiones y definiciones para la institución.

Gracias a que soy académica de número, propusieron mi nombre y fui parte de una exigente evaluación por el comité de admisión de la TWAS (The World Academy of Sciences). Desde 2019 soy miembro permanente de esa importante organización mundial. Es un desafío que me emociona.

Es histórica la exclusión de las mujeres en las ciencias, pese a su aporte, ¿a qué se debe?

Tal vez en otros países se aplica en forma más contundente la exclusión. En general, las mujeres científicas se involucran en procesos tempranos para obtener títulos de posgrado. El doctorado es más relevante a nivel competitivo internacional porque se puede acceder más fácilmente a financiamiento y a reconocimientos del exterior. En el caso de Bolivia,  entre las generaciones más jóvenes, hay más mujeres con posgrado que hombres, al menos en  ciencias naturales y biotecnológicas. 

Además, en las universidades se conforman grupos de trabajo que incluyen la participación de mujeres y hombres, pues lo más importante es que se generen productos de la investigación científica. Funciona muy bien.

Ello no excluye que  la mujer tiene otros roles que cumplir. Además de profesionales somos mamás,  lo que a veces pospone los objetivos profesionales. La equidad es una lucha de larga data;  no olvidemos que Marie Curie, por ejemplo, tuvo que presentar varias postulaciones para pertenecer a la Academia.

 ¿Qué plantea desde la Academia para fomentar la formación de más  científicas?

En los últimos 10 años se ha generado un movimiento continuo –especialmente en el continente americano– para que haya mayor representación de mujeres científicas en las academias. El escenario que ha generado la Asociación Interamericana de Academias de Ciencias (Ianas) a través del Programa de Mujeres para la Ciencia ha sido muy  positivo. Tuve la representación de Bolivia en ese programa y el intercambio de experiencias, propuestas y buenos ejemplos es permanente. 

Desde la Academia  de Ciencias generaremos continuidad en los esfuerzos realizados y marcaremos metas para alcanzar,  que sean incorporadas mayor número de mujeres científicas a nivel nacional en Bolivia. La promoción y motivación es fundamental. Cuando ingresé a la Academia había  dos mujeres (entre  30) como miembros de número  -Teresa Gisbert y Hilde Roth de Spielvogel-;  actualmente son seis en  las academias de La Paz y Santa Cruz. Espero  que  sean al menos   15,   tanto en  ciencias naturales como en ciencias  de la cultura para lo que se conformará una comisión de género .

¿Cómo se forma a una científica? ¿Cómo nació en su caso el interés en la botánica?

En mi caso, el estímulo empezó desde que fui niña,   cuando mi padre nos llevaba a su natal Riberalta o  viajamos a los Yungas. También me cautivaron las historias de su niñez, en el campo cerca de la naturaleza. Ahí supe que quería dedicarme a las ciencias naturales. Cuando ya estudiaba biología me impresionaron los paisajes amazónicos de Beni y me inspiraron  el clima, la flora y la fauna. Las plantas son la matriz que domina esos parajes y se visualizan los componentes cuando se procura identificar las especies que son representativas o las que son únicas o las que dominan. En un proyecto en la Estación Biológica de Beni me tocó estudiar palmera y por esa situación del azar hallé la pasión que aún me mueve.

Usted es especialista en palmeras, ¿qué tienen de particular estas especies en Bolivia? 

Al ser plantas muy fácil de reconocer –especialmente aquellas que presentan tronco y se distinguen a la distancia– se las incluye como características de algunas formaciones de vegetación. Son indicadoras de algunos paisajes. Pero fundamentalmente muchas de las especies (más del 70% en el caso de Bolivia) son útiles para las comunidades humanas. Son fuente de recursos alimenticios, materiales de construcción y medicinales, entre otros.

Además también otros animales utilizan los frutos y semillas de palmeras, así como la corona de hojas para nidificar o para resguardarse de enemigos naturales. Hay muchos ejemplos que podrían ser tema de otra charla.

¿Cuál es la situación de éstas y otras especies ante la deforestación, entre otras amenazas?

Como en otras regiones y países, se han generado efectos negativos en contra de las poblaciones de palmeras, pues no sólo es la remoción de vegetación la que tiene consecuencias, sino una alteración total de las condiciones ecológicas de microclima, conectividad a nivel del paisaje y sinergias que resultan en patrones irreversibles. La cosecha directa de recursos de las palmeras también genera consecuencias en la estructura, en la regeneración y subsistencia. O los  eventos naturales, como el calentamiento global, la modificación del inicio de las lluvias, derrumbes y otros. 

Las consecuencias son  que algunas especies de palmeras están bajo amenaza y es un gradiente de conservación, porque algunas están al borde de la extinción local,  mientras que otras todavía pueden ser recuperadas. Pero las condiciones que también amenazan a su mantenimiento y esto depende de las muy débiles políticas bolivianas para priorizar la atención a estos casos de urgencia. Es frustrante saber que hemos heredado un patrimonio natural pero los niveles de decisión no perfilan su cuidado para asegurar que se mantenga en el futuro.

Participó  en  la publicación sobre el Tipnis New law puts Bolivian biodiversity hotspot on road to deforestation en 2019. ¿Cuál es la situación del Tipnis hoy?

Ése fue un análisis precisamente de las casi ausentes políticas y prioridades para incorporar una visión holística y totalmente responsable para los elementos que son parte de un área protegida y de un territorio indígena. Hoy se mantiene el trazo carretero, sigue la deforestación y lo peor de todo es que las comunidades locales están totalmente divididas … justo un escenario favorable para destrozos y pérdidas irreversibles en la composición y estructura de esos bosques del Tipnis.

¿Cómo integrar los aportes científicos con la sociedad? ¿Qué papel debe cumplir la Academia en este sentido?

Los científicos conocen la realidad nacional, pero no acceden a los niveles de decisión, especialmente en los últimos 20 años. Antes la universidad y algunos institutos de investigación eran convocados para conformar comisiones y asesorar en algunos temas, como la conservación de la vida silvestre, el análisis de la caza furtiva e ilegal, los recursos genéticos y la participación de los custodios de semillas, y la vida en los paisajes naturales, propuesta de nuevas áreas protegidas, definición de reglamentos para proteger especies vulnerables, entre  otros temas. 

Las carreras universitarias no forman comunicadores de ciencias, sino investigadores científicos. En la sociedad boliviana se articulan precisamente varias disciplinas para lograr divulgar los resultados obtenidos. Sin embargo, se cuenta con grupos de investigadores que han aprendido sobre el intercambio y comunicación con las comunidades y  pueblos indígenas con los que realizamos estudios etnobiológicos. Es imprescindible asegurar que haya esta conexión y se generen conocimientos de ambos saberes.

La Academia simplemente reconoce y promociona la buena ciencia. Si hay grupos que realizan esos esfuerzos, así como innovaciones y publicaciones de sus investigaciones, pues tendrán el apoyo  de la Academia de Ciencias para resaltar su contribución a Bolivia y al mundo.

 

HOJA DE  VIDA

  • Formación  Mónica Moraes Ramírez  obtuvo  maestría  y  Ph.D. en la Universidad  Aarhus, Dinamarca.
  • Trabajo   Es miembro del Herbario Nacional, profesora de la UMSA y directora del Instituto de Ecología.
  • Académica  Es académica de número de la ANC desde 2008.

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