Emprendedores que alcanzaron «el sueño cruceño» con trabajo

Una familia austriaca destaca en el rubro gastronómico, una emprendedora que forjó una textilera líder y una empresa familiar referente en el sector cebuíno.
lunes, 27 de septiembre de 2021 · 05:00

Marcelo Campos /Santa Cruz

En 1950 la ciudad de Santa Cruz  de la Sierra tenía una población de 240 mil habitantes, cifra que se incrementó a 2,6 millones en 2012 y en la actualidad supera los tres millones, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE). Estos números no son una coincidencia, sino que muestran cómo el departamento cruceño, y en especial la capital, se ha consolidado como  un “imán” para las inversiones y, por lo tanto, para la migración.

“El alma  del modelo de desarrollo cruceño son las personas, su espíritu combativo, sus proezas para  superar todas las dificultades y  salir adelante. Este modelo tiene ya más de 70 años y es exitoso a todas luces. Todos los días llegan personas del interior, de las provincias y del exterior a afincarse y echar raíces a Santa Cruz, en busca de un anhelado desarrollo y mejor calidad de vida”, explicó el economista Carlos Hugo Barbery.

En el  mes aniversario de Santa cruz cuentan sus historias de éxito una familia de origen austriaco que destaca en el rubro gastronómico, una emprendedora que forjó una textilera líder desde cero  y una empresa familiar con 65 años de tradición en el sector cebuíno.

Sabor austriaco, tortas cambas

La familia Jessen llegó desde Austria a Santa Cruz en la década de los sesenta del siglo pasado. Con el tiempo levantó la pastelería Fridolín, famosa   por sus deliciosas tortas y que a la fecha cuenta con casi 30 sucursales.

Mónika Jessen Pittesser  continúa el legado de Fridolín.
Foto: Marcelo Campos/ Página Siete

Mónika Jessen Pittesser, gerente propietaria de Fridolín, cuenta que sus padres junto a sus seis hermanos llegaron a Bolivia y se asentaron con los franciscanos en San Ignacio de Velasco. Luego se trasladaron a la capital cruceña, donde  los hijos de la familia estudiaron en el Colegio Alemán y asentaron raíces.

En 1975, con una inversión de  1.000 bolivianos, su madre comenzó a preparar pasteles y tortas típicas austriacas que vendía a los vecinos de la calle Pari. Fue tan  buena la recepción que pronto abrió su primera pastelería.

Tres de los siete hermanos tomaron la dirección del negocio por una década, hasta que dos de ellos se retiraron y quedaron al mando Mónika Jessen y a su esposo Williams Anglarill.

Mónika apunta que otro sello para su éxito fue innovar los rellenos de mermeladas o majar  por crema de leche, que su padre compraba a uno de sus paisanos. Así  comenzaron a ofrecer las tortas frías  con crema, que fueron toda una sensación en la ciudad.  “Las tortas con crema nacieron con nosotros, eran menos dulces, livianas y frías, por eso muy solicitadas”.

 Las tortas frías  con crema impulsaron el éxito de Fridolín.
Foto: Marcelo Campos/ Página Siete

La pareja Jessen-Anglarill comenzó la expansión de Fridolín con una confitería  en la avenida Cañoto y con la incursión de sus hijos ya profesionales que abren sucursales por toda la ciudad.

“Nos caracterizamos por tener productos propios, es decir que son creaciones nuestras, como la torta Rosa Negra, que ha sido un éxito y por eso nos la han copiado. Con el tiempo nos hemos diversificado, por lo que también ofrecemos desayunos, almuerzos y cenas con platos típicos”, comenta Mónika.

                                                                                                                                                                                                                  Jessen está convencida de que hay mucho espacio para emprender en Santa Cruz, pero recalca que toda iniciativa  debe ir acompañada de buena voluntad y ganas de superación. Agrega que su padre comenzó con una pequeña máquina, luego adquirió una heladera y fue expandiendo su negocio con trabajo, un ejemplo que es el faro de Fridolín.

Formar empresa desde la nada

Con 27 años de trayectoria, Patra se ha convertido en la marca de ropa femenina deportiva de mayor expansión en Bolivia e incluso ha traspasado las fronteras. Llevar a ese punto no ha sido fácil, ya que la persona que levantó esa empresa desde cero, Amelia Solórzano Subelza, tuvo que sortear momentos duros pero  que supo superar.

Amelia Solórzano  creó la confeccionadora Patra y apunta a exportar su ropa femenina.
Foto:  Marcelo Campos/ Página Siete 

Solórzano comenta que tuvo que generar ingresos económicos para mantener a sus tres hijos, por lo que comenzó la confección para sostener a su familia.  Entonces la ropa boliviana estaba en expansión en Argentina, situación que fue aprovechada por la emprendedora.

La microempresa fue creciendo hasta que las circunstancias cambiaron y se enfocó en el mercado interno. Así  comenzó a entregar sus productos a los mercados de la ciudad y debido a la  calidad fueron aceptados  rápidamente por los clientes.

Solórzano cuenta que al principio confeccionaba la ropa en su domicilio, en la populosa ciudadela Plan 3000, pero luego adquirió un terreno  donde funciona actualmente la fábrica de la empresa. “El negocio comenzó con una máquina y de a poco llegamos a adquirir 12 máquinas en un lugar más grande”, relata.

Entre los productos de Patra están las calzas que son fabricadas con licras de algodón y que se convirtieron en el artículo emblema con el que nació la empresa de diseño y costura.

Con el tiempo la línea se ha diversificado y en la actualidad confecciona  canguros, sudaderas, tops y blusas,  entre otros.

En cuanto a la distribución, Patra cuenta con un showroom en Santa Cruz y con  distribuidores en todo el país. También comercializa a los mayoristas que compran directamente desde la fábrica ubicada en el Plan 3000.

Como los productos llegan a ciudades fronterizas, desde ahí pasan hasta los mercados de Argentina y Brasil, principalmente, donde tienen alta demanda.

“Hay que ser perseverante para hacer las cosas y tener actitud positiva. Siempre estamos diversificando y buscando nuevas tendencias para dar lo mejor en ropa deportiva a nuestros clientes”, apunta Solórzano.

A pesar de que la pandemia afectó a la producción nacional, Patra está presente en la Expocruz 2021 con un stand.

En el espacio que tiene en la feria exposición  la marca muestra sus productos y tiene un contacto directo con los clientes.

Con la reactivación económica, la empresa en la actualidad genera más de 20 empleos directos y 300 indirectos.

Además, la compañía tiene locales propios, catálogos y presencia en diferentes centros de comercialización del país.

Genética bovina boliviana de exportación
Con 65 años de trayectoria, en los que pasaron de generación en generación las riendas de la empresa familiar, la Cabaña Curichi Grande es un referente en la biotecnología a nivel nacional e  internacional. Su propietario, Eduardo Egüez, comenta que son pioneros y que han logrado exportar semen bovino de alta genética a Brasil, Colombia, Costa Rica, México y otros países.
Egüez  con sus hijos que continúan su historia en la Cabaña.
Foto: Cabaña Curichi Grande
El ganadero indica que la Cabaña nació en 1956 cuando su padre, Glovert Egüez Méndez, trajo Gyr lecheros desde la India con el fin de cruzarlos con razas mestizas. Con el tiempo obtuvo buenos resultados debido a la superioridad productiva de los Girolandos.
Para entonces, con  19 años, el joven Eduardo Egüez ingresó a estudiar veterinaria y zootecnia. En 1983  hizo  su primera importación de Gyr lecheros desde Brasil.
De esa forma ingresa a la empresa familiar, aunque él comenta que desde niño estuvo inmerso en el mundo de la ganadería. “Yo soy nacido y criado al pie de las vacas Gyr y Girolando”, comenta.
Con el tiempo la Cabaña Curichi Grande se convierte en un referente en la biotecnología bovina de punta, al grado que -según Egüez- es pionera en Bolivia en inseminación artificial,  transferencia de embriones, en fertilización in vitro y  evaluaciones zootécnicas dentro de las razas que manejan. A la fecha, la empresa bobina cuenta con más de 1300 hembras Gyr de leche, todas  seleccionadas bajo un sistema muy riguroso.
Y la empresa familiar continua la sucesión hereditaria. Actualmente los hijos hijos profesionales de Eduardo están inmersos el campo de la zootecnia y como del agronegocio. Con la eficiencia en los distintos procesos, la Cabaña ha incrementado  la producción de leche, que en un porcentaje entregan a la PIL.
“Soy el único criador boliviano de la Gyr que ha participado en la Feria Internacional de Expocebú en Uberaba,  Brasil (considerada la feria de cebú más grande del mundo); en la cual hemos obtenidos premiaciones y reconocimientos de nuestros animales”, resalta Egüez.
 

“Hay mucho espacio para emprender en Santa Cruz, pero eso debe ir acompañado de buena voluntad y ganas de superación”.

Mónika Jessen, Fridolín

 

“Hay que ser perseverantes y  positivos. Siempre estamos diversificando  para dar lo mejor en ropa deportiva a nuestros clientes”.

Amelia Solórzano, Patra

 

“Soy nacido y criado al pie de las vacas Gyr y Girolando. Mis hijos continúan la tradición de la Cabaña Curichi Grande”.

Eduardo Egüez, la Cabaña

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