Falta de empatía con la identidad, escollo para dar a luz en hospitales

El cuidado de la placenta, la toma de mates para dilatar o la práctica del manteo para facilitar el nacimiento son saberes que se les niegan a las mujeres.
lunes, 27 de septiembre de 2021 · 05:00

Leny Chuquimia /  La Paz

La falta de empatía y  hostilidad con las parturientas, sus costumbres y tradiciones, son un escollo para que las mujeres decidan no dar a luz en los hospitales, sobre todo en áreas periurbanas y rurales.

“La mayoría de las mujeres  temen ir a los hospitales porque  las tratan mal y no se respeta  saberes que para ellas tienen mucho sentido e importancia. La Constitución reconoce la salud familiar intercultural, pero en la práctica    aún no la vemos. Por ejemplo, en Viacha tenemos 10 centros de salud, de ellos   solo dos tienen una sala para partos interculturales”, señala Gabriela Tancara, una de las jóvenes lideresas en salud del municipio de  Viacha. 

Datos del Ministerio de Salud, publicados en 2016 (última actualización disponible), dicen que en Bolivia  la  razón de mortalidad materna es de 160 por cada 100 mil nacidos vivos. En el caso del departamento de La Paz la cifra sube a  289 por cada 100 mil. Los datos  son  los más altos de Latinoamérica.

De esas muertes maternas, según el Ministerio de Salud, el 68% corresponde a mujeres indígenas, lo que implica -además- una discriminación por etnia. Esto evidencia   una forma de violencia  y vulneración de los  derechos de las mujeres.

Una de las causantes es que siempre fue difícil conseguir que  las mujeres indígenas acudan a los centros de salud para dar a luz. Por este motivo desde 2009 se  impulsa la participación de las parteras tradicionales junto al personal hospitalario en la  atención de las gestantes; antes, durante y después del parto.

 Pero, aunque el plan  indica que en cada centro médico debe haber un consultorio de medicina tradicional, no se aplica.

“... del dolor gritaba ayayay, me decían: para que abres la pierna, sabes cómo es el dolor ¿cuántos hijos tienes? siete,  entonces ya sabes. Y para que no me riñan yo me callaba nomás (...) era  como para pegarle al doctor, pero  me callaba nomás”, señala el testimonio de una  joven madre que dio a luz  en el centro  Cosmos 79 de la Red Corea, de El Alto.

La declaración fue tomada en enero de 2020 en el marco de la investigación  “La Insurrección de los saberes: Estudio cualitativo sobre salud materna e intercultural en los municipios de Viacha, Pucarani y El Alto”, realizado por Alianza por la Solidaridad, Médicos del Mundo y CIES, con el apoyo de la Generalitat Valenciana y la Unión Europea.

El documento recoge testimonios de varias mujeres. Evidencian cómo los saberes que para ellas son fundamentales, son subestimados por los médicos, lo que hace que haya más resistencia a acudir al hospital. Por ejemplo: desde la cultura aymara la posición del parto depende única y exclusivamente de la parturienta, una elección que en los hospitales queda relegada.

“Para el hospital la placenta no tiene importancia, lo botan, pero  nosotros lo guardamos, para que en el futuro al bebé no le falte nada. Primero te lo lavan, lo hacen secar con agujas, con papita, chuñito, dinero encima del techo no en el sol, cuando está seco lo guardan”, indica una mamá de  47 años en  Pucarani.

En el departamento de La Paz, en  Viacha y Patacamaya se logró implementar salas de partos interculturales, son pocas pero significan un avance.

En estos espacios, la parturienta puede acomodarse en la posición en la que se sienta cómoda. Puede contar con la compañía de su madre, suegra o hermanas que -en las comunidades- al momento de dar a luz  tienen más importancia que la pareja.

Además cuentan con una pequeña  cocina para preparar los  mates que sean necesarios para el momento del parto y después de este. Allí donde pueden pedir una atención de acuerdo a sus usos y costumbres.    

 

Temor a la violencia obstétrica en  zonas urbanas y suburbanas
Aunque las  mujeres indígenas o descendientes que habitan el área urbana, en su mayoría, asisten a los centros de salud   para sus controles prenatales y el parto, la investigación La insurrección de los saberes  identificó que  también tienen  temor al maltrato dentro de  los hospitales.
“Las mujeres indígenas que viven en áreas urbanas y semi urbanas suelen asistir con mayor frecuencia a los establecimientos de salud y tener sus partos dentro de éstos, aunque preferirían no hacerlo, por el mal trato que en alguna oportunidad recibieron, o escucharon de comentarios de otras usuarias, vecinas o familiares”, indica el documento.
Las mujeres entrevistadas que ya dieron a luz en los hospitales refirieron  sufrir violencia obstétrica, sobre todo en el trato en el momento de tener al bebé. Además se sienten expuestas porque son obligadas  a despojarse de sus vestimentas y por la forma en que son aseadas después.
Asimismo temen por ser sometidas a una cesárea, una práctica que va en crecimiento en los centros médicos, muchas veces sin justificación.
“Las mujeres que han vivenciado una cesárea manifestaron sentirse inservibles pues muchas de las actividades que desarrollaban antes se ven perjudicadas, pues generalmente necesitan mucha fuerza física para su realización”.

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