Denuncian a granjas clandestinas por contaminar ríos en la región yungueña

Autoridades municipales y del Senasag coinciden en que granjas ilegales echan residuos contaminantes a los ríos Coroico, Chajra y otros. Este año fueron clausuradas siete avícolas en el departamento.

Sociedad
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La Paz - lunes, 23 de mayo de 2022 - 10:46

Los afiliados a la Asociación Municipal Única Productores Avícolas de Coroico (Amupac) saben de la existencia de granjas clandestinas, y aunque conocen dónde y cómo operan, hay temor para dar información. Algo similar ocurre en la Asociación de Productores Avícolas de Chulumani (Apach). No obstante, todos coinciden: las avícolas ilegales hacen competencia desleal, contaminan ríos y atentan contra la salud.

En el departamento de La Paz existen 623 granjas avícolas, de las cuales 519 tienen registro vigente y 104 operan con licencia vencida o nunca la obtuvieron. En los Yungas hay 353 granjas legalmente establecidas; empero, se desconoce el número de las clandestinas, según el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag).

En ese panorama, Página Siete fue en busca de las avícolas que no cumplen las normas que exige el Senasag. Si bien en Coroico algunas están emplazadas cerca de la capital, la primera referencia sobre las clandestinas es que varias se ubican a lo largo de la vía que conduce a Caranavi, por los sectores de Puente Mururata, Padilla, Quenallata, Ch’alla y Puente Armas.

En estos puntos hay decenas de avícolas que tienen el permiso del Senasag y así lo demuestra el letrero de la entidad que está ubicado en los ingresos de cada una de las granjas, a metros de la vía a tierras caranaveñas. La única manera de llegar es en coches indocumentados o chutos.

Eso sucede cerca de la carretera, pero otro es el panorama unos 200 metros adentro, cerca del río Coroico. Allí, funcionan otras granjas que no tienen el permiso del Senasag.

En esos parajes operan las clandestinas, escondidas entre matorrales, con precarios y pequeños galpones, donde los pollos prácticamente están atiborrados tratando de alimentarse entre ollas sucias y pequeñas canaletas por donde corren la sangre y las vísceras de las aves al río Coroico. Una de esas granjas se encuentra a una hora del puente Mururata, detrás de una chankadora.

Tres galpones cerrados con una malla olímpica emergen entre los árboles. En cada uno, de unos 50 metros de largo, centenares de pollos son alimentados durante semanas para luego ser faenados y desplumados.

“Tengo clientes en La Paz y El Alto. Esta madrugada hice pelar 600 pollos para un cliente de La Paz”, cuenta Justino Q. o “El Granjero Neymar”, como le gusta que le llamen por su admiración al futbolista brasileño.

La única manera de acceder al sitio es a través de una camioneta 4x4 primero, y caminando después. La travesía demanda una hora y hay que cruzar un caudaloso río, donde si uno no tiene experiencia, lo más probable es que caiga al afluente como sucedió con este periodista.

Según datos de la Amupac, hay 500 granjas en esa región y unas 150 son clandestinas. Mientras que, en Chulumani, según datos de la Apach, hay 80 avícolas legalmente establecidas y al menos 15 ilegales.

Foco de contaminación

Pamela Chuquimia, ingeniera ambiental del municipio de Coroico, confirma que una de las principales recomendaciones a las granjas es que tengan cuidado con las aguas residuales y las vísceras de las aves.

“Ellos (los propietarios) deben tener un manejo adecuado de las aguas residuales y no mandar las vísceras al río por canaletas. En ese sentido, hicimos inspecciones con el Senasag para dejar recomendaciones y notificaciones por mal manejo de granjas”, explica Chuquimia desde las oficinas de la municipalidad coroiqueña. Verter esos desechos al río Coroico, tal cual evidenció Página Siete, se convierte en un foco de contaminación.

Según Chuquimia, fueron observadas cinco granjas avícolas y ahora se prepara un segundo operativo junto con el personal del Senasag. Coroico trabaja una norma para exigir a las granjas una licencia ambiental.

Manuel Tapia, dirigente de la Apach de Chulumani, asegura que las granjas legales de ese municipio cumplen con todas las normas, con la implementación de pozas para el entierro de los restos de pollos o el quemado de plumas. No obstante, apunta a las ilegales de “no cumplir con los requisitos”.

“Exigimos que las nuevas granjas cumplan los requisitos que pide el Senasag, como el sistema para la evacuación de residuos sólidos y líquidos”, demanda el dirigente avícola.

Algunas de las granjas ilegales de Chulumani se encuentran en el sector del río Chajra, en el límite entre ese municipio y Yanacachi. Allí, Página Siete evidenció avícolas cuyos letreros polvorientos en las puertas sólo indican: “GRANJA”, improvisadamente escrito con pintura.

Varias de ellas echan también residuos líquidos, plumas y vísceras al caudaloso río provocando contaminación ambiental. Muchas comunidades río abajo se abastecen de esa agua dulce.

Hay otras avícolas en la parte inferior de la capital chulumaneña. Allí, adonde sólo se puede llegar por senderos improvisados e inaccesibles para vehículos, camufladas entre árboles frutales funcionan algunas granjas. Enormes perros las cuidan para ahuyentar a los visitantes. Éstas también echan sus desechos avícolas a los ríos.

353 granjas con registro del Senasag funcionan en los Yungas, según datos oficiales del Senasag La Paz.

El 29 de abril, el Senasag realizó un operativo en las localidades yungueñas de Chulumani, Irupana, Coripata y Yanacachi, clausuró cinco avícolas que no cumplían la norma de inocuidad.

Otras dos fueron clausuradas, pero en Sapahaqui, en los valles paceños. Según el responsable departamental de Sanidad Animal del Senasag La Paz, Marcelo Callisaya, ahora hay también avícolas en las provincias Aroma, Loayza y Abel Iturralde.

Callisaya lamenta que las granjas ilegales echen sus desechos a los ríos. “Los gobiernos municipales y las asociaciones legalmente establecidas nos deben ayudar a cortar este mal manejo de los residuos que afectan a la salud pública, porque están contaminando ríos de donde niños y jóvenes consumen el agua. Este caso va incluso contra el Código Penal por atentar contra la salud pública”, dice.

Pollos sin garantías

Al desconocerse las condiciones en las que crían los animales que producen, las granjas que operan fuera de la ley atentan contra la salud de los consumidores, recalca Callisaya.

Al no contar con el registro del Senasag, estas avícolas no pueden acceder a incubadoras para criar pollos bebé en las condiciones requeridas. Por otro lado, tampoco se tiene la certeza de que las aves de granjas clandestinas hayan recibido vacunas, por ejemplo, contra la enfermedad Newcastle que es altamente contagiosa entre los pollos y que puede infectar también a los seres humanos.

“Cuando se hace la inspección a la granja que optar al registro o para su fiscalización, el factor primordial que exigimos es la bioseguridad del establecimiento, porque de esta forma se van a prevenir las diferentes enfermedades aviares”, insiste Callisaya.

Los establecimientos avícolas deben cumplir además otros requisitos como instalar un cerco perimetral, tener una caseta de vigilancia para registrar a quien llegue, tener paredes y pisos de fácil limpieza, entre otros.

El incumplimiento de estas medidas no significa directamente la clausura de la granja, porque se hacen notificaciones. Empero si hay reincidencia se procede a su paralización.

El responsable del Senasag considera que la promesa de obtener una producción de pollos en sólo 45 días anima a muchos a invertir cada vez más en este creciente negocio; pero recomienda a todos los dueños de avícolas cumplir con las normas sanitarias como garantía también de un buen producto.

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