El inicio de la vida en pareja tradicionalmente incluye coca, comida y música

Irpaqa, unión andina que sobrevive a la modernidad con sus ritos de amor

La práctica permanece viva en el área rural, mientras que en las ciudades toma nuevos matices. En los últimos años esta tradición se recupera en los sectores aymaras pudientes con grandes fiestas.

Sociedad
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La Paz - lunes, 19 de septiembre de 2022 - 5:00

“Irpaqarse no es chiste. Es empezar tu vida en pareja”, sentencia Gonzalo, que después de Todos Santos, cuando su familia venga desde Oruro, pedirá la mano de su novia. “Esa noche me la voy a llevar, pero es un decir nomás, porque ambos tenemos que estar de acuerdo, ambos tenemos que amarnos”.

La irpaqa es una tradición andina que marca el inicio de la vida en unión de una pareja. La costumbre precolonial persiste hasta nuestros días y se niega a desaparecer. Con nuevos matices, en el área urbana, su práctica toma impulso entre la burguesía aymara que reafirma su identidad con gran ostentación.

Si uno busca en Tik Tok #Irpaqa en Bolivia, el primer video que salta es el de María Blanco y Álvaro Lima. Y no es que hayan pocos resultados, al contrario, hay miles de videos que muestran desde ceremonias muy sencillas hasta grandes fiestas.

La de Álvaro y María, en 2021, fue una de las grandes. Se llevó a cabo en Sica Sica y los miembros de la pareja vistieron de blanco; ella de polleras de encaje y trenzas frondosas y él de poncho y lluchu. Sus sombreros fueron adornados con flores y en la espalda cada uno llevaba dos aguayos cruzados, en los que cargaban los regalos y algunas illas.

Al igual que para un matrimonio, repartieron invitaciones a familiares y amigos. Contrataron sikuris, pero también una banda que tocó morenadas, porque ambos son fraternos. La fiesta recorrió todo el pueblo. Y, antes del amanecer, él la tomó de la mano y sin mirar atrás se fueron juntos a su hogar. A ese momento se le llama “irpaqa”.

“Irpaqa viene de irpaña, que en aymara significa llevar. De origen prehispánico, es la ceremonia de llevarse a la mujer. Era para sacarla de su casa y había muchos pasos que realizar. No era fácil”, explica la historiadora, bailarina y artesana Sayuri Loza.

Relata que hasta el siglo XIX era una práctica muy común en el área urbana, pero que luego fue desapareciendo. Aunque en los últimos años la costumbre ha vuelto a retomarse con nuevas características. Sus ritos más antiguos permanecen casi intactos en el área rural, donde nunca dejó de practicarse.

“Aún hay quienes practican la irpaqa. Sobre todo en El Alto. El año pasado hubo varias”, señala Eduardo Mendieta. Es músico y trabaja con varios grupos que animan cabos de año, prestes, cumpleaños, graduaciones y todas las celebraciones, incluida las irpaqas. Él también ha notado el cambio en el ritual.

“El hombre es el que va a la casa de la novia llevando un cariño para la familia. Solía ser solo entre familias, no habían invitados. Lleva mucha coca, comida, bebida y lo que no puede faltar, el grupo musical. Depende al gusto, pero lo más común es llevar un grupo autóctono”, dice.

No hay un día especial, pero si un momento: la noche. La familia del novio es la que debe convencer a los padres de la novia de dar el permiso. Eso puede durar horas mientras el grupo musical espera en la puerta. La música no puede comenzar hasta que haya un acuerdo.

“Es un rito muy complicado porque tiene que ver con los pactos. Las sociedades andinas están basadas en pactos familiares, individuales, regionales, etc.”, explica Loza.

Cuenta que antes, y aún en el ámbito rural, la familia del hombre arrojaba un tari o atado de coca a la casa de la novia. Si le abrían la puerta es que aceptaban la visita, pero si devolvían el tari por la pared, tenían que insistir hasta que les abran la puerta.

“Una vez que abrían, una parte de la familia de él tenía que estar lista para cocinar y tener todo preparado, mientras otros familiares hablaban con sus anfitriones para expresar sus intenciones. Finalmente cuando aceptaban, celebraban con comida y chicha”, detalla Loza.

En todos los casos, después de esta aceptación, los novios entran a la reunión como pareja. De rodillas escuchan los consejos de las familias y piden perdón a sus padres por las veces que los hicieron renegar, por irse y les agradecen por todo lo que les dieron.

En las ciudades esto termina, además, con la propuesta de matrimonio a la novia, con todo y anillo. En una mezcla de tradiciones antiguas y nuevas. Y es que en las urbes la unión andina es seguida por la boda civil y religiosa, que puede o no realizarse de inmediato.

Así fue para María Fernanda, novia en otro de los videos de Tik Tok. Ya con anillo en mano y los aguayos cruzados se la ve bailar con su pareja al son del grupo musical exclusivo de su fraternidad. Sin dejar de bailar ambos se cantan el uno al otro:

“Dame tu mano, nunca te dejaré, te lo juro, amor mío... 10 años bailando a tu lado, te amaré por siempre, es mi promesa, aquí en la tierra con mi corazón y en la otra vida con mi alma amor”.

“El rito está cambiando en lo urbano. Ya es diferente, los chicos están juntos y son novios y deciden comprometerse. Los papás aceptan, pero a lo tradicional y muy ostentoso. Las chicas quieren vestirse de chola con polleras de encaje y el varón de terno impecable. Ya no hay que arrojar el tari, no hay que estar rogando. Hacen sus fiestas en la casa o en un local, hasta con invitaciones. Tienen grupo musical, contratan bufet y dejan la chicha por bebidas más urbanas”, dice Loza.

Acota que dentro de la burguesía aymara estas viejas costumbres están volviendo. Pero ahora son ostentosas, como una muestra del poderío de estas familias.

Gonzalo señala que su irpaqa será modesta. Planea tener sikuris y comprar un anillo, porque ese mismo día, como se hace en la ciudad, también le pedirá matrimonio. Espera conseguir un sí.

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