K’ara K’ara, el relleno sanitario que sacó de la basura un vergel para Cochabamba

Sociedad
Redacción Diario Página Siete
Por 
La Paz - domingo, 27 de noviembre de 2022 - 5:00

A Félix Mamani y Víctor Navarro aún les cuesta creer que de la montaña de basura que había cerca a su casa, en K’ara K’ara, de donde emanaba un olor nauseabundo que no los dejaba comer ni dormir, ahora surja un área verde poblada con una gran variedad de árboles y plantas. Se trata del vergel que la empresa Colina Srl sacó de la basura para Cochabamba al convertir el botadero de K’ara K’ara en un relleno sanitario.

Además del vergel, que surgió de la primera macrocelda en la que Colina convirtió la montaña de basura que encontró en K’ara K’ara, la empresa montó una segunda macrocelda, donde realiza el tratamiento de los desechos sólidos que cada día se recolectan en Cochabamba, aplicando las leyes 755, de Gestión Integral de Residuos Sólidos, y 1333, de Medio Ambiente.

Cuando pasan por el lugar, Félix y Néstor todavía recuerdan esos días de “lucha”, cuando exigían que las autoridades municipales de Cochabamba pusieran solución a su pesadilla y la de sus vecinos. Rememoran cómo trepaban la montaña de desechos, hundiendo sus pies en ese “lodo inmundo” para ir a inspeccionar el lugar con los técnicos.

“Fueron años de lucha, de movilización, de bloqueos para que nos prestaran atención”, afirma Félix Mamani, presidente de la mancomunidad de K’ara K’ara.

También se acuerdan de las nubes de moscas, sobre todo en la época de calor; de la plaga de ratones que los agobiaba y de las jaurías de perros que llegaban hasta el botadero a cielo abierto. Además de escarbar en la basura, los canes atacaban a las ovejas y cabras de los pobladores. Es que cuando llegaron a K’ara K’ara, a finales de los años 90, aproximadamente, era una zona rural, a siete kilómetros de la ciudad de Cochabamba, con algunas casas dispuestas alrededor del botadero.

Hoy K’ara K’ara es una mancomunidad conformada por más de 90 barrios que ahora cuenta con un relleno sanitario.

“No creíamos pero se hizo, volvieron el botadero en un relleno sanitario. Como vecinos hicimos sugerencias a los técnicos, porque nosotros éramos los que vivíamos entre la basura, y nos oyeron”, señala Néstor Navarro, vicepresidente de la OTB Miraflores, que forma parte de la mancomunidad de K’ara K’ara.

“El cierre técnico de la primera macrocelda se la socializó con la población. También nos oyeron para la planta de lixiviados. Cada presión que hicimos era para mejorar”, añade el dirigente.

Cuando Navarro se refiere al cierre técnico de la primera macrocelda, habla del proceso que dio lugar a que el cerro de basura a cielo abierto que estaba en K’ara K’ara se convierta en el espacio verde que es hoy. En el lugar Colina implementó un vivero, que, anualmente produce alrededor de 15.000 plantines de diferente especie. Hasta la fecha, según Colina, se tienen cultivados 35.000 plantines. En el espacio donde fue el botadero a cielo abierto, la empresa también produce abono orgánico y humus de lombriz.

Desde 2014

El gerente general de la empresa Colina, Jaime Chávez Solano, señala que el proceso de cierre técnico de la primera macrocelda de K’ara K’ara comenzó en 2016, dos años después de que la empresa se adjudicara la administración por 10 años de lo que entonces era el botadero de basura de la ciudad de Cochabamba.

“Era un botadero, donde se depositaba la basura sin tratamiento. Después de recogerla, se la dejaba ahí, sin ningún control de lixiviados. Era una amenaza ambiental. Comenzamos a trabajar en el cumplimento del contrato y transformamos el botadero en un relleno sanitario, cumplimos con la norma ambiental y nuestro compromiso”, señala Chávez.

“Había plagas de moscas, de ratones e incluso una contaminación de aguas porque la emanación de los lixiviados no estaba controlada”, añade.

El ejecutivo precisa que la inversión en la transformación del botadero en relleno sanitario ascendió a los 22,8 millones de bolivianos, aproximadamente. El trabajo se realizó en seis años. “Cuando nos presentamos a la licitación propusimos 22,8 millones de bolivianos de inversión, con la cual cumplimos en seis años”, precisa Chávez.

Comenta que la primera acción que se asumió en K’ara K’ara fue controlar la emisión de lixiviados, el líquido oscuro que genera la basura. “Construimos unas piscinas impermeabilizadas adonde dirigimos los lixiviados para no contaminar las aguas subterráneas. Luego construimos las chimeneas, drenajes y banquinas para controlar la basura en la celda”, precisa.

$!La macrocelda uno del rellenosanitario de K’ara K’ara, queahora es un espacio verde.

Colina llegó a K’ara K’ara a implementar la experiencia que ganó en El Alto, de La Paz, y en algunos municipios de Lima, Perú, donde estuvo a cargo del cierre de botaderos.

“Tenemos experiencia. A inicios de los años 90 comenzamos a trabajar en el relleno sanitario de Villa Ingenio, en El Alto, donde realizamos el mismo procedimiento que seguimos en K’ara K’ara. También salimos afuera, a Lima, Perú, donde cerramos cuatro botaderos”, afirma.

Añade que Colina también opera actualmente en Yacuiba, donde realiza la recolección y tratamientos de residuos sólidos.

“Estamos pensando salir al norte chileno y a Paraguay”, añade.

El relleno sanitario

Mientras cerraba la macrocelda uno de K’ara K’ara, Colina comenzó a implementar la segunda macrocelda, donde actualmente se deposita los desechos sólidos, dándoles el tratamiento que establecen las normas ambientales.

“De acuerdo al contrato comenzamos la macrocelda dos, de cero, en la que operamos actualmente. Se hizo la impermeabilización previa para prevenir la contaminación”, indica.

En esta nueva macrocelda, los desechos que cada día se recolectan en la ciudad de Cochabamba, que llegan a las 600 toneladas diarias, aproximadamente, son depositados, compactados y cubiertos con tierra.

“Se sigue ese proceso hasta formar una especie de pirámide resistente para que la basura no quede expuesta y genere olores”, afirma el gerente general de Colina.

“Cuando cumpla su tiempo de vida, la macrocelda dos recibirá el mismo tratamiento que la macrocelda uno y se convertirá en un espacio verde”, añade.

El ingeniero civil Daniel Lara Miranda, que trabaja en K’ara K’ara desde 2014, explica que el proceso para cerrar una macrocelda puede tomar hasta 20 años.

“El cierre técnico es un proceso que toma de 10 años a 20 años, ya que este es el tiempo en el que los residuos sólidos tardan en estabilizarse. Así mismo, el cierre técnico no termina con convertir el área afectada en un parque, sino que durante 20 años se tiene que seguir realizando actividades de mantenimiento y control. La macrocelda uno tiene un avance del 95% en su cierre”, dice.

“En cumplimiento del contrato con el gobierno municipal se implementaron varias obras que permitieron tener un mayor control del botadero y de la parte externa”, añade

Asegura que lo fundamental fue hacer un control de los residuos para evitar la propagación de olores. “El trabajo fundamental fue cubrir los residuos y recuperar los líquidos que emanaban. Se mitigó en un 90% los olores”, dice.

El ingeniero explica que los residuos fueron cubiertos primero con tierra y luego con una capa de piedra. Posteriormente se tendió un geotextil, encima una capa de arcilla y finalmente una mezcla de arcilla con compost y gravilla. Encima del material se plantó el pasto y los plantines que forman parte del vergel de K’ara K’ara.

Recuerda que en ese proceso, los vecinos se acercaron varias veces al relleno expresando, por ejemplo, su preocupación por el alto de las terrazas que se formaron al cubrir los desechos.

“Estaban preocupados porque veían las pendientes muy altas. No se dieron cuenta de que los residuos, al perder líquido y gas, van perdiendo volumen. Con el tiempo las pendientes bajaron y los mismos vecinos se dieron cuenta de que fue una preocupación vana”, cuenta.

Félix Mamani, dirigente de los vecinos de K’ara K’ara, señala que siempre estuvieron pendientes de los trabajos porque eran “los afectados”. “Estuvimos pendientes siempre del trabajo y la empresa Colina nos tomó en cuenta, pero tiene que seguir trabajando, aún hay algo de olor. Tienen que avanzar a la industrialización”, dice.

El gerente general de Colina, Jaime Chávez, destaca que un propósito de la empresa es crear una planta de tratamiento de sólidos, con proyectos de compostaje y aprovechamiento de llantas desechadas, entre otros.

Colina llegó a K’ara K’ara a implementar la experiencia que ganó en El Alto, de La Paz, y en algunos municipios de Lima, Perú, donde estuvo a cargo del cierre de botaderos.

“Tenemos experiencia. A inicios de los años 90 comenzamos a trabajar en el relleno sanitario de Villa Ingenio, en El Alto, donde realizamos el mismo procedimiento que seguimos en K’ara K’ara. También salimos afuera, a Lima, Perú, donde cerramos cuatro botaderos”, afirma.

Añade que Colina también opera actualmente en Yacuiba, donde realiza la recolección y tratamientos de residuos sólidos.

“Estamos pensando salir al norte chileno y a Paraguay”, añade.

Asegura que lo fundamental fue hacer un control de los residuos para evitar la propagación de olores. “El trabajo fundamental fue cubrir los residuos y recuperar los líquidos que emanaban. Se mitigó en un 90% los olores”, dice.

El ingeniero explica que los residuos fueron cubiertos primero con tierra y luego con una capa de piedra. Posteriormente se tendió un geotextil, encima una capa de arcilla y finalmente una mezcla de arcilla con compost y gravilla. Encima del material se plantó el pasto y los plantines que forman parte del vergel de K’ara K’ara.

Recuerda que en ese proceso, los vecinos se acercaron varias veces al relleno expresando, por ejemplo, su preocupación por el alto de las terrazas que se formaron al cubrir los desechos.

“Estaban preocupados porque veían las pendientes muy altas. No se dieron cuenta de que los residuos, al perder líquido y gas, van perdiendo volumen. Con el tiempo las pendientes bajaron y los mismos vecinos se dieron cuenta de que fue una preocupación vana”, cuenta.

Félix Mamani, dirigente de los vecinos de K’ara K’ara, señala que siempre estuvieron pendientes de los trabajos porque eran “los afectados”. “Estuvimos pendientes siempre del trabajo y la empresa Colina nos tomó en cuenta, pero tiene que seguir trabajando, aún hay algo de olor. Tienen que avanzar a la industrialización”, dice.

El gerente general de Colina, Jaime Chávez, destaca que un propósito de la empresa es crear una planta de tratamiento de sólidos, con proyectos de compostaje y aprovechamiento de llantas desechadas, entre otros.

Un proceso

En 2014, la empresa Colina firmó un contrató por 10 años con la Alcaldía de Cochabamba para convertir el botadero de K’ara K’ara en un relleno sanitario. En 2022 tiene un avance del 90%.

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Cierres

La empresa Colina transformó el botadero de Villa Ingenio, El Alto, en un relleno sanitario. Hizo el mismo trabajo en cuatro municipios de Lima, Perú. Planea trabajar en Chile y Paraguay.

Expertos

Los especialistas de Colina en las soldaduras de las membranas que se usan para cubrir los residuos sólidos fueron enviados a Chile, donde se capacitaron en esa técnica.

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Obreros

Los trabajadores de Colina reciben el servicio de desayuno y almuerzo en su fuente laboral y tres veces al año se les dota de ropa de trabajo, que es sometida a un estricto control de limpieza.

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Vecinos

Los vecinos de K’ara K’ara reconocen los programas sociales que Colina promueve, como la construcción de un campo deportivo y espacios para la actividad cultural.

Cercanía

La norma indica que un kilómetro a la redonda de un relleno sanitario no pueden establecerse viviendas; esto no se cumple en K’ara K’ara, donde la gente vive a metros del relleno.

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Fumigado

Al menos una vez a la semana, Colina mantiene la fumigación de las viviendas de las personas que viven cerca del relleno sanitario.


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