Niños polleros, el otro eslabón de las avícolas clandestinas en los Yungas

Niños son contratados por dueños de granjas clandestinas. Les pagan entre Bs 1,50 y 2,20 por unidad y deben desplumar aves en la madrugada. Lo hacen por necesidad aunque eso afecte sus estudios.

Sociedad
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La Paz - domingo, 22 de mayo de 2022 - 5:19

Felipe tiene 13 años y es huérfano desde los cuatro. Estudia en un colegio en Coroico y a la vez mantiene a sus dos abuelos, de 87 y 86 años. Cada fin de semana vende fruta, pero cuando falta dinero despluma pollos en una granja que le paga 1,50 bolivianos por unidad.

Como él, decenas de menores trabajan en las madrugadas “pelando” aves de corral para su comercialización. Es un secreto a voces en los Yungas, donde avícolas ilegales contratan a “niños polleros” -así los llaman- como mano obra barata, vulnerando leyes y derechos.

“Me contratan para pelar pollos y sacarles sus tripas... la mollejita (buche)”, cuenta tímidamente Felipe (nombre ficticio). Él intenta cumplir con sus tareas escolares, pero termina cansado tras el trabajo nocturno y aunque su profesor le alienta a no dejar las clases, el esfuerzo cobra factura al pequeño cuerpo.

Manitos baratas y preciadas

Coroico, Chulumani, Yanacachi, Caranavi, Irupana y La Asunta son los mayores productores de pollo en los Yungas. La cadena productiva incluye cuatro pasos: peones, generalmente adultos, introducen un cuchillo dentro del paladar del ave para que se desangre y muera; luego meten los pollos en una olla con agua caliente para su remojo; posteriormente, niños extraen las vísceras y finalmente los despluman.

$!Pollos en Yungas, listos en 45 días para ser desplumados.

Entre las dos y cinco de la madrugada, los peladores trabajan afanosamente para ganar a los primeros rayos solares, cuando llegan los camiones que llevarán los animales frescos y limpios hasta los mercados paceños. “Una vez me pagaron 70 bolivianos y eso me sirvió para ayudar a mis abuelos”, relata Felipe cuya casa está al lado de una granja.

La existencia de los pequeños peladores de pollos es un eslabón más en la cadena avícola particularmente en los establecimientos clandestinos, según admiten granjeros, maestros y autoridades municipales. Los “niños polleros” representan mano de obra barata y preciada porque sus manos pequeñas no dañan la piel de los pollos al sacar las plumas.

$!Niños en los Yungas, donde algunos trabajan pelando pollos.

Uno de los que confirma la presencia de “niños polleros” es el responsable de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) y el Sistema Legal Integral Municipal (SLIM) de Coroico, Iván Rodrigo Sillo Vargas. Confiesa que en su infancia también fue un pelador de gallinas.

“Sí, efectivamente, en esos momentos no era tan habitual, pero era una manera de ganarnos algo de platita. Pelábamos pollos desde las ocho o diez de la noche”, ratifica Sillo desde la oficina de la Defensoría en Coroico. Recalca, no obstante, que él no abandonó la escuela y que luego prosiguió con sus estudios universitarios.

René Noya, maestro del colegio Félix Reyes Ortiz, de Coroico, confirma que granjas avícolas de la zona contratan a menores de edad. “Los niños polleros son mano de obra barata”, apunta el profesor desde el centenario establecimiento que forma generaciones de yungueños desde 1916.

El responsable departamental de Sanidad Animal del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) La Paz, Marcelo Callisaya, admite que debido a las condiciones topográficas de los Yungas y los lugares donde operan las avícolas ilegales, la entidad no hizo inspecciones en la madrugada, cuando despluman aves. “Puede ser que esto pase en las granjas clandestinas o hasta en las mismas registradas. Uno no sabe porque no hay un matadero registrado”, plantea.

“Yo los contrato”

$!Los legales apuntan a esta avícola de no tener registro Senasag y echar vísceras al río Coroico.

A dos horas de la capital, a orillas del río Coroico, hay granjas avícolas en las comunidades San Joaquín, Padilla, Puente Armas, Quenallata, Ch’alla y Santa Bárbara. Allí, entre la espesura de los árboles y a una hora de caminata, se halla la granja de Justino Q., más conocido como “El granjero Neymar”. Así se hace llamar el propietario de la avícola que no tiene, al menos no estaba visible, el registro del Senasag, cuyo letrero cuelga en las avícolas legales.

Un aviso da la bienvenida: “Prohibido el ingreso a personal no autorizado”. Un par de perros alerta la llegada de foráneos.

- “Buenos días. Vengo para saber si nos puede vender 300 pollos cada semana para llevar a La Paz”. Se adelanta el extraño ante la mirada curiosa del dueño que se presenta como “El granjero Neymar”. El pollero que le hace competencia a las legales en Coroico adoptó ese nombre en honor al futbolista brasileño Neymar, al que admira.

- “Usted me dice cuántas unidades quiere, en madrugada las hago pelar y se las lleva mañana limpias”, explica mientras muestra uno de los tres galpones con centenares de pollos. Eso sí, hace una advertencia ante una pregunta indiscreta. “¡Está prohibido sacar fotografías!”.

Justino vende el kilo de pollo a 13 bolivianos, para que lo comercialicen en 15 o 16 en los mercados paceños.

- “Depende si quieres pollo pelado o parado (vivo), porque yo tengo unos changos (niños) que pueden venir desde Caranavi, son cuatro y pelan arriba de 300 pollos por madrugada. Anoche, me lo han pelado 600. Yo les charlo, pero hay que darles su coquita, su cigarrito y su refresquito. Con todo eso, por 2,20 te lo pelan”, abunda en detalles. El hombre tiene 600 pollos en un galpón y 900 en otro, el tercero tenía 600 que ya comercializó. La granja está ubicada a metros del río Coroico a donde echa las vísceras y las plumas.

Justino contrata a los menores para que hagan ese trabajo de madrugada, los jueves, viernes y sábados, que son los días en los que salen centenares de pollos a los mercados. Algo similar ocurre en Caranavi a orillas del río Yara, donde también funcionan avícolas legales e ilegales, confirman granjeros que piden reserva en sus nombres.

Cuestión de subsistencia

Sillo, el responsable de la DFA y el SLIM de Coroico, explica el trabajo de los niños en el entorno familiar. “La situación de nuestras familias yungueñas es compleja, no sólo en Coroico, porque se trata de subsistir. Nosotros entendemos (el trabajo de niños peladores), pero siempre se debe resguardar el derecho a la educación”, insiste.

En Chulumani, donde existen avícolas y entre ellas clandestinas, la presencia de niños peladores es también conocida. “Las unidades de trabajo son más familiares para bajar los costos de producción”, dice Manuel Tapia, dirigente de la Asociación de Productores Avícolas de Chulumani (Apach).

De acuerdo con datos de la Asociación Municipal Única Productores Avícolas de Coroico (Amupac) hay unas 500 granjas avícolas en esa región y 150 son ilegales. Tapia, de la Apach, da cuenta que en esa zona hay 80 granjas y unas 15 son clandestinas. Se desconoce cuántos niños trabajan en el pelado.

Felipe, el niño coroiqueño de 13 años, asegura que si su vecino granjero le ofrece trabajo para pelar pollos no dudará en ir. Debe ayudar a sus abuelos y subsistir, aunque aquello signifique ir cansado a las clases o, eventualmente, dejar el colegio.

Avícolas que contratan a niños infringen tres normas; Defensoría no tiene denuncias

Las granjas avícolas clandestinas que contratan a niños para pelar pollos infringen la Constitución Política del Estado (CPE), el Código Niño Niña Adolescente (CNNA) y la Ley General del Trabajo.

$!Iván Sillo, de DNA en Coroico,pelaba pollos de niño.

Y si bien, el oficio del pelador de pollos no figura entre las 21 peores formas de explotación infantil en Bolivia, que el Estado se comprometió a eliminar tras la aprobación del CNNA en 2014, los polleros están en Caranavi, Coroico y Chulumani, según admiten granjeros y autoridades municipales.El CNNA al referirse a la edad mínima para trabajar indica en su Art. 129 que excepcionalmente las Defensorías de la Niñez, con el aval del Ministerio de Trabajo, podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizadas por menores de 10 a 14 años, y la actividad laboral por cuenta ajena de 12 a 14. “Siempre que ésta no menoscabe su derecho a la educación”. Desde Coroico, Iván Rodrigo Sillo Vargas, responsable de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) y el Sistema Legal Integral Municipal (SLIM) da cuenta que de enero a agosto de 2021 emitieron dos autorizaciones y de agosto del año pasado a enero de 2022, una, pero todas para que adolescentes de 17 años trabajen en un hotel. Desde su oficina en Coroico, Sillo confirma que fue pelador de pollos en su infancia, una actividad que hizo ocasionalmente sin descuidar sus estudios.Y en Chulumani, la responsable de la DNA confirmó que nunca emitieron ninguna autorización de trabajo.Las avícolas clandestinas vulneran el artículo 135 del CNNA que prohíbe la actividad laboral o trabajo nocturno por parte de un menor de edad pasadas las 22:00. Diversas fuentes confirmaron a Página Siete que ese oficio se realiza desde las dos o tres de la madrugada.Por otro lado, el Art.136 de la misma norma señala que, por su condición, se prohíbe que los menores trabajen en actividades agrícolas (siempre que no sea en el ámbito familiar o social comunitario). En el caso de los polleros son contratados por granjeros o terceros.Sillo afirma que no recibieron denuncias sobre trabajo infantil en las granjas. “No hemos tenido la denuncia como tal, pero tenemos toda la obligación para poder apersonarnos y estamos predispuestos para investigar”, anunció.

“De niños sabemos ir a pelar pollos desde las ocho o diez de la noche. Era una manera de ganarnos algo”

Iván Sillo, DNA Coroico

1,50BOLIVIANOS pagan por pollo peladolos granjeros ilegales alos niños que despluman las aves.

“Tengo cuatro changos (niños) que vienen desde Caranavi y pelan arriba de 300 pollos por madrugada”

Justino Q., granjero

*Esta investigación es parte del servicio P7-Plus, un servicio de Página Siete para sus suscriptores que desde hoy se entrega al público.

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