Los familiares de Jhoselyn, Daniela y Raysa se unieron para luchar por justicia y ayuda

“No tenemos ni para la leche”: familias de víctimas del atentado en Potosí viven olvidadas

Los padres de las universitarias que perdieron la vida en la avalancha humana en la Universidad Tomás Frías lamentaron que las autoridades de la “U” no cumplan sus promesas. Piden ayuda para los huérfanos.

Sociedad
Verónica Zapana
Por 
Potosi - lunes, 30 de mayo de 2022 - 5:00

Don Omar no deja de llorar y cada día siente con más fuerza el dolor de haber perdido a su única hija, Jhoselyn Hilda Paita Choque, una de las cuatro universitarias que murió en la avalancha humana que ocurrió el 9 de mayo en el coliseo de la Universidad Autónoma Tomás Frías (UATF), de Potosí .

Además de sufrir por el duelo, don Omar, de 60 años, debe lidiar con el olvido de las autoridades universitarias, quienes en los días de los velorios y los entierros prometieron ayuda a las familias de las víctimas, en especial a los tres huérfanos que dejó este atentado.

Las familias de las cuatro víctimas fatales escucharon las promesas y pensaron que aún podría existir una pequeña luz de esperanza en medio de un dolor indescriptible. Hoy, transcurrido casi un mes de la tragedia, ya están en el olvido. Nadie se acuerda de los tres niños -una de 11 meses y otros dos menores de edad- que perdieron a sus mamás. Tal es el caso de Jhoselyn, una joven universitaria que era mamá de una bebé de 11 meses. Ahora sus papás cuidan a la niña. “Nos hemos hecho cargo, aunque nos cuesta volver a criar una wawita”, contó don Omar a Página Siete. Dijo que él y su esposa ya son de edad avanzada, pero decidieron dar mucho amor y cuidado a su nieta. Indicó que asumieron esa responsabilidad, pero necesitan ayuda para comprar pañales, leche y alimentos, entre otros insumos básicos.

“Mi nietita ha quedado huérfana, tiene 11 meses y a veces no tenemos plata ni para la leche. No ha sido fácil destetar a la niña. Ella ha sufrido. La wawa llora hasta ahora, a veces no sabemos qué hacer. Extraña mucho a su mamá”, lamentó. Desesperado, en los días del congreso universitario en Potosí, se paró frente a las oficinas del rectorado esperando ser escuchado.

Don Omar dijo que su familia es muy humilde. “Mi esposa es ama de casa y yo agricultor, no tenemos mucho dinero para darle todo lo que necesita a mi nietita”, indicó.

Jhoselyn tenía 23 años y cursaba administración de empresas. Era una estudiante destacada y becada. Asistió el 9 de mayo a la asamblea universitaria por una convocatoria del comité electoral para elegir a los nuevos frentes. Los universitarios becados debían acudir a ese encuentro, caso contrario serían sancionados con 200 bolivianos de multa. Ese día hubo una trifulca, amedrentamientos y unos jóvenes lanzaron una granada de gas lacrimógeno que provocó una avalancha humana, las estudiantes que estaban cerca de la puerta fueron rebasadas por los otros universitarios que salieron despavoridos del lugar.

“Cómo olvidar ese momento. Parecía que un grupo de animales caminaba sobre nosotros, no sé cómo me salvé. Recuerdo que cuando salí del lugar lo primero que hice fue dar gracias a Dios y abrazar a mi familia”, dijo Elena, una estudiante de administración de empresas y sobreviviente de la tragedia. Hoy, la joven aún tiene unos moretones en sus piernas producto de los pisotones. “Más bien ya se están perdiendo”, comentó, pero aseguró que el dolor de perder a su amiga Jhoselyn no se va.

Don Omar, el papá de Jhoselyn, vive con ese dolor y está desesperado. “Ahora con qué vamos a mantener a mi nieta. Ella no tiene la culpa de nada, su mamá fue víctima”, aseguró el hombre que al enterarse de la muerte de su hija decidió enterrarla en Cotagaita, la población donde vive su familia.

“Ella era mi orgullo, ella era todo”, dijo don Omar y recordó que Jhoselyn era la mayor y la única mujer de tres hermanos. “Ahora sólo quiero justicia y que las autoridades de la universidad se apiaden y puedan asegurar a mi nieta. Qué va a pasar si ocurre algo con mi esposa y conmigo. Mi hija no ha muerto en la calle, ha muerto dentro de la universidad”, lamentó.

La presidenta de las Mujeres Profesionales de Potosí, María Gutiérrez, contó a Página Siete que al ver a la familia de Jhoselyn en desamparo y sin asumir ninguna defensa legal, la entidad se contactó con las familias de las víctimas de esta tragedia para colaborarle porque son de escasos recursos y humildes.

Gutiérrez dijo que los honorarios de un abogado penalista son altos (unos 3.000 bolivianos). “Para las familias (ese monto) es inaccesible”. Indicó que por eso se solicitó la colaboración del jurista Jesús Morales. Hoy, él los patrocina.

“Solicitamos al congreso universitario (el miércoles) que nos den un momento para hacerles conocer el sufrimiento de las familias y las carencias que tienen. Además, para que se saque una resolución que declare a las cuatro víctimas mártires en la lucha universitaria (...) Con eso se podía haber ayudado a los familiares o a los niños para darles un seguro, pero también un trabajo para que los niños sean protegidos, pero no fuimos escuchados”, dijo Morales.

Según el jurista, ahora no dudarán en asumir otras medidas para conseguir la protección de las familias. “No hay que olvidar que las cuatro jóvenes fallecieron dentro la universidad, en un evento que autorizaron el rector y el vicerrector”, indicó.

Gutiérrez dijo que además del asesoramiento jurídico, también están colaborando a las familias con psicólogos. “La mamá de Daniela Quentasi aún no supera la pérdida”, agregó.

La mamá de Daniela es la señora Nora Mamani. “No sé qué voy a hacer sin mi hija. Todavía escucho su voz que me dice: ‘mami, hoy voy a traer verduras para la cocina o qué te falta mamita’. Ahora nadie me dice eso”, lamentó. Recordó que su retoño era la hija mayor de tres. “Mi esposo tiene mal de mina porque trabajó años en ese lugar. Mi hija era quien nos mantenía”, dijo Mamani y contó que la joven trabajaba y estudiaba.

Daniela cursaba el tercer año de la carrera de contabilidad. Era una hija destacada, estudiosa con muchas metas y sueños por cumplir. “No sé qué haré. Mi hija se ha ido”, agregó la mamá.

Recordó que su hija se encargaba de los gastos del hogar y que cada vez que podía la joven ayudaba en las labores de casa. “No aguanto estar sin ella, no puedo encontrar consuelo, sigo sin resignarme. Yo no sé qué habrá pasado en la universidad y cómo habrá sufrido mi hija”, dijo.

Daniela tenía 22 años. Era la mayor de dos varones, uno de 13 y otro de siete. Ella quería terminar su carrera y trabajar en un banco. “Ahora, nada de eso está pasando”, indicó su mamá.

Lamentó que ahora en casa no hay nadie que ayude a sus hermanos en las tareas o que diga: “mami, esto haremos, cocinaremos. Ya no tengo nada”.

Según Nora, su hija no quería ir a esa asamblea y asistió obligada para evitar descuentos de su beca. “Después de lo ocurrido, las autoridades de la universidad nos dijeron: ‘les vamos a ayudar, cómo les vamos a abandonar’, pero ahora nos han dicho que no tienen dinero y que no van a colaborarnos”.

“Ya pasaron tantos días y nadie siente por nosotros, nadie se pregunta cómo estamos ni cómo nos alimentamos. Estamos muy mal, necesitamos ayuda”, dijo doña Nora. Las familias exigen justicia para sus hijas.

Otra de las víctimas fatales fue Raysa Vannia Colque Otondo, de 24 años, y que estaba a un año de titularse como ingeniera civil. “La casa ya no es la misma, ya no escuchamos la música que le gustaba, ya no se escuchan las carcajadas y las risas de mi hija”, dijo su mamá, Faustina Otondo.

Contó que Raysa era una joven muy sociable, cariñosa, alegre y muy comprometida con sus estudios, por eso decidió acudir aquel día a la asamblea.

“No sé ni cómo pasó ese accidente”, aseguró la señora Faustina y recordó que ese día su hija acudió a esa reunión obligada. “No quería ir”, apuntó.

Fue y horas más tarde se conoció por las redes sociales que hubo una avalancha. “Presentía lo peor y cuando llegué al hospital la vi. Sentía que mi mundo se caía. Ella era todo para mí, me ayudaba en el hogar”, añadió. Gladys Acuña, la cuarta víctima fatal, era mamá de dos niños y ahora su esposo se hace cargo de los pequeños. “Nosotros no vamos a indicar nada, ya llegará su momento cuando podamos informar algunos detalles”, dijo la hermana de la joven y aseguró que por ahora la familia decidió no dar declaraciones.

Según el abogado Morales, los familiares de Jhoselyn, Daniela y Raysa lamentaron que las autoridades universitarias “se hayan lavado las manos” y que sólo les colaboraron con “el ataúd”. Hasta la fecha no hubo ninguna otra ayuda. Dijo que por eso, él ayuda a los familiares de las tres víctimas y espera que la de la cuarta, de Gladys, se sume a la demanda y la lucha por justicia.

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