¿Qué hacer ahora sin papá o mamá? Los huérfanos de la covid viven una penuria

En muchos casos, los hermanos mayores se hacen cargo de los menores. Otros deben asumir deudas y todos intentan salir adelante.

Sociedad
Redacción Diario Página Siete
Por 
La Paz - domingo, 04 de julio de 2021 - 9:06

Verónica Zapana S. / La Paz

“Para mi familia ha sido una pesadilla, pero sé que debemos   levantarnos. Lo estamos haciendo”. Con esas palabras Williams C., de 15 años,  describe los días más duros de su vida. “Mi papá y mi mamá murieron hace  menos de un mes a causa de la Covid-19”, cuenta.

Primero perdió a su papá.  En medio del luto hizo de todo -desde peregrinar por atención   médica hasta buscar medicamentos- para salvar a  su mamá, pero también murió por el virus. 

Williams  aún siente el dolor de pecho, el dolor de perder a un ser querido. Recuerda esos días tristes  con un nudo en la garganta y afirma que no se arrepiente de haber dado todo para salvar a sus padres.  A su corta edad sabe que la vida sigue y piensa que ahora tiene dos ángeles. “Desde el cielo, ellos me van a cuidar y proteger”, comenta.

Al igual que Williams, en Bolivia,  muchos jóvenes, adolescentes y niños  perdieron a sus papás, mamás o  ambos a causa  de la Covid-19.  Hasta ahora, las autoridades no tienen una cifra o registro sobre cuántos menores de edad quedaron     en la orfandad. 

Página Siete conversó  con  cuatro familias que perdieron a su papá o mamá a causa del virus. En las cuatro historias, los integrantes comparten momentos de dolor, pero también de fortaleza para seguir adelante en honor a los que ya partieron.

 Muchos de los  jóvenes, adolescentes y niños que perdieron a sus padres  viven  todavía penurias porque se deben encargar de los hermanos menores o pagar deudas a los médicos por internación en clínicas y medicamentos. En muchos casos, sus seres queridos batallaron contra el coronavirus en  terapia intensiva.

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Tal es el caso de la familia Yucra  Aguilar, de Oruro. Ambos -papá y mamá-  perdieron la vida a  causa de la Covid-19.  La pareja -que trabajaba en el área de salud-  dejó en la orfandad a tres hijos que en medio del dolor se vieron obligados a organizar rifas, sorteos y  quermeses, entre otras actividades, para  pagar la deuda a la clínica: más  de 265 mil bolivianos. Sólo lograron juntar una parte de esa cifra.

En otros casos,  luego de perder a sus progenitores  por el virus,  los hermanos mayores se convirtieron en los “tutores” de los menores para evitar el fraccionamiento del núcleo familiar.

Luis Flores  trabaja para solventar los gastos de él y sus ocho hermanos.  “Gracias a Dios tengo trabajo y con eso puedo ayudar y atender a mis hermanos”, dice.

 

 “Quiero que mis papás en el cielo sientan orgullo de mí”

“Vivimos una situación muy complicada por la muerte de  mi papá y mi mamá. Es muy duro”, contó  Williams C,  de 15 años. Perdió a sus padres hace menos de un mes. Dijo que ahora su hermana mayor se hace cargo  como tutora de él y de su hermana para continuar viviendo en familia.

 En los días más difíciles,  para salvar a su mamá, Williams suplicó  en las redes sociales a las autoridades por una cama de terapia intensiva para su mamá en la ciudad de Cochabamba. La publicación se hizo viral.

En las redes, el adolescente contó además que días antes su papá falleció por el coronavirus y no quería perder a su mamá. Pero, luego de un par de días, ella murió.

 “En ese entonces les avisamos a mis tíos, pero nadie vino  a la casa a vernos. Todos se olvidaron de nosotros”, dijo.

“Ahora, mis hermanos y yo somos conscientes  que sólo nos tenemos a nosotros.  No tenemos a nadie más”, comentó. 

Aseguró que por eso su hermana mayor, quien ya formó una familia propia, realiza los trámites para ser la tutora legal de él y  de su hermana.

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“Todo este tiempo hemos estado con los trámites y creo que eso demorará unas semanas más”, manifestó.

Para mantener el hogar, su cuñado viajó a La Paz por un trabajo, mientras su hermana trataba de abrir  un restaurante. “Aunque para eso se necesita plata”, indicó.

Él también busca volver a elaborar las galletas nutritivas, productos  que hizo antes. “Quiero que mis papás en el cielo se sientan orgullosos de mí”, sostuvo.

Su hermana,  de 17 años,   quiere estudiar en un instituto para ser esteticista. “Ojalá alguien la pueda ayudar”, comentó.

Recordó  con melancolía que antes, su papá se encargaba de los gastos del hogar gracias a su trabajo en un  taller de reparación de bicicletas. “Ahora no hay quién nos ayude”, declaró.

Dijo que su casa ahora   está vacía.  “Mi mamá era la que reía y hablaba,  ahora no hay nadie. Hasta sus animalitos la extrañan. Creo que los venderemos  porque son también  un gasto”, contó.

Para las personas que deseen ayudar,  la familia pidió  compartir el número de celular 76904792.

 

“Debo ser  ahora como el papá de mis ocho hermanos”

La familia de Luis  Flores Flores, de 22 años, vive días de dolorosos recuerdos:  el 8 de agosto se cumple un año de la partida de su mamá.

“Hemos hecho todo por salvarla, pero su cuerpo no pudo más y falleció a causa de la Covid-19”, comentó.

Luis relató que  perder a su mamá fue un golpe muy duro. Ahora, él sale adelante por su familia y porque  él  es el apoderado de sus ocho hermanos.

“Ellos ahora son como mis hijos, suena raro, pero es la verdad”, señaló,  mientras sonreía al pensar que  a sus 22 años ya se hace cargo de sus ocho  hermanos de 18, 16, 15, 13, 11, seis, tres años y  el bebé de apenas un año y medio.

“Mi papá biológico y el de mis otros cinco hermanos menores falleció. Y  el  papá de mis tres hermanitos menores se fue y nos dejó solos. Pero no importa, yo estoy junto a mis hermanos para dar la cara por ellos”, afirmó.

 De  los ochos, seis estudian y Luis hizo grandes esfuerzos para comprar  celulares.  “Aunque ch’apicitos, conseguí los equipos porque mis hermanos deben seguir con sus estudios”, indicó.

Él logró conseguir un trabajo en el Instituto de Gastroenterología. “Con eso sustento a mi familia”,  comentó. 

Aseguró que a veces se pone triste al recordar a su mamá”, pero destacó que sabe que debe  trabajar para mostrar fortaleza ante sus hermanos, quienes ahora lo necesitan.

 “Mis hermanos  menores sufren  mucho por la ausencia de mi mamá, en especial mis hermanas  porque se sienten solas. Ellas estaban acostumbradas a  estar junto a mi mamá”, relató,

 “En honor a la verdad, sí nos hace mucha falta. No hay a quien decir:  ‘mami, haremos esto’, ‘mami, vamos a comprar’, ‘vamos a cenar’ o hasta un ‘buenos días, mamita’”, dijo y añadió “que duele saber que ya no está, que se fue”.

Pese a esas adversidades y con la ayuda de sus tías, Luis trata de salir adelante. “Es  difícil, pero no imposible”, dijo.  

 

Con la voz firme aseguró que no bajará  la guardia. “Cuando mis hermanas se ponen tristes trato de llevarlas a pasear para que se distraigan”, dijo.

Contó que ahora sus hermanos son  su fortaleza y motor para progresar y superar la pérdida.

 

Reynaldo Yucra: “No tuvimos ni un solo día de paz”

Desde enero, la  vida cambió por completo para  los tres hermanos Yucra Aguilar. El 17 de ese mes perdieron a su mamá y papá a causa de la  Covid-19.

“Mis papás trabajaban en el sistema de salud. Mi papá  era médico y  mi  mamá era  enfermera”, recordó Reynaldo,  el hijo del medio de la extinta pareja.

En pleno pico de la segunda ola de la pandemia, su papá se contagió el coronavirus en su trabajo. “Mi mamá lo cuidaba y por eso ella también se infectó. La salud de los dos se deterioró. Fueron internados en la clínica, pero casi a los 11 días de ingresar a terapia intensiva -el 17 de enero- mi mamá falleció cerca del mediodía y horas más tarde,  a las diez de la noche, mi papá murió”, recordó Ricardo.  

Los hijos de la pareja debían pagar  a la clínica más de 265 mil bolivianos. “Buscamos ayuda, fuimos a los medios de comunicación, hicimos varias quermeses y  rifas en la universidad”, señaló  y dio gracias por toda la ayuda que recibió.

Esos días, el Viceministerio de Defensa del Consumidor llegó a Oruro  e  informó que la clínica redujo la deuda a 100 mil bolivianos. “Pero cuando fuimos, nos dijeron que no había nada”. 

Se anunció también que la CNS cubriría una parte de la atención. “Pero cuando hicimos todos los trámites, nos rechazaron porque supuestamente el hospital cumplía todos los requisitos para darles atención a mi papás, pero eso era mentira”, declaró y aseguró que por eso   “no hubo nada de ayuda”.

Recordó que el Colegio Médico y el Sirmes  ayudaron a la familia para tener  una  conciliación con la clínica, en  marzo, y de esa manera llegaron a un arreglo.  “Ahora ya logramos saldar esa deuda”. 

Reynaldo contó que desde el 24 de diciembre -cuando su papá peregrinó por oxígeno-   hasta  marzo -cuando cancelaron la deuda al hospital-  la familia “no tuvo ni un solo día de paz”.  

Él ya terminó la carrera de ingeniería industrial y su hermana mayor es  ingeniera comercial. La menor tiene 14 años y continúa sus estudios escolares.

“Mi hermana mayor está haciendo los trámites para ser la tutora de nuestra hermana menor”, relató Reynaldo. 

Aseguró que la más pequeña de sus hermanas tuvo días muy complicados por la pérdida de sus papás,  por eso  buscaron  ayuda de un especialista para que  salga de ese trance. “Ahora ella se siente mejor”, comentó en la entrevista.

Recordó que los tres aprendieron de sus papás a    sobrellevar los problemas, además saben que deben mantenerse unidos como hermanos. Ahora ponen en práctica estos consejos.  “Tratamos de sobrellevar y hacerle entender a mi hermanita que ahora sólo nos tenemos nosotros”, relató apenado.
 

Erick Segurondo: “El vacío que deja mi papá es muy grande. Ahora tengo que velar por mi mamá”

Erick, el único hijo de la familia Segurondo Avilés, comentó que perder a su papá -el médico David Segurondo-  fue un hecho muy doloroso.

“Murió el 11 de enero, desde entonces todos estamos devastados porque él era la persona crucial para la familia”, compartió Erick.

Recordó que en ese entonces se vivía la segunda ola de la pandemia en la ciudad de La Paz, por lo que fue costoso encontrar una cama de terapia intensiva.  “Pasó una travesía, tuvimos que peregrinar  por   los hospitales de  El Alto,  luego llegamos al Hospital Obrero del  seguro de la Caja Nacional de Salud (CNS)”, relató.

“Mi papá se infectó en su centro de salud y luego en casa todos nos contagiamos, pero a él le dio fuerte la enfermedad”, recordó.

 La familia vive un duelo constante.  “Él siempre se preocupaba por toda la familia, mi abuela, mis tías y  mi mamá. Él era quien técnicamente se preocupaba por todos y ahora nos ha dejado un gran  vacío”, aseguró Erick, quien ahora se encarga del sustento económico de su grupo familiar.

“Ahora yo tengo que velar por mi mamá, hay bastantes trámites que realizar y yo como hijo estoy haciendo todo eso y pese a que es un poco complicado,  pero ahí vamos”, indicó el joven, quien tiene 26 años y posee el título de ingeniero de sistemas.

La parte emocional es lo más complicado para toda la  familia Segurondo Áviles. “Han pasado meses desde la pérdida de mi papá, sin embargo,   hasta ahora no podemos superar esa pérdida”, sostuvo.

 Cada día, los recuerdos se apoderan de  Erick y de su familia. Evocan los lugares preferidos de su papá, sus consejos y conversaciones. 

  “Nos ponemos muy tristes al ver las fotografías  de la familia o los videos en los que  él siempre estaba presente y sonriendo.  Sabemos que no volveremos a pasar  esos momentos”, señaló con un tono de resignación.

 Para él, otro momento doloroso fue hacer los trámites del sepelio de su padre. “Fue muy duro ir   al  cementerio,  sostuvo. “Fue muy duro y costoso”, indicó luego de  recordar  los momentos duros en el día del entierro y la despedida de su papá. 

Para el ingeniero no hay un solo día que deje de recordar a su padre. “Fue  un ejemplo de superación y de bondad. Ese vacío que deja mi papá es muy grande”, contó Erick.

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